LOS CÓMODOS
CUANDO derecho á la cara
nos miran el Bien y el Mal,
Abel y Caín perpétuos,
doble, antinómico imán,
mostrándonos dos caminos
de elección discrecional,
uno que á la cumbre lleva
y otro que al abismo va,-
¡baldón al vil que no escoge
uno ú otro! al que, á la faz
de Dios y el mundo, pretenda,
coloso de indignidad,
rasando inmune ambas costas
sobre las dos descansar.
¡Baldón al cobarde que usa
de su excelsa libertad
mutilándose, abdicando
del derecho de lidiar;
viendo su deber y huyéndolo,
en vez de cerrarse audaz
la puerta negra; y lanzarse
por la de honra y claridad!
Trae quizá desastre inmenso
el que vuelve un paso atrás;
y, de grandes y pequeños,
sólo Dios sabe juzgar
dó empieza la fuerza, y dónde
la flaqueza acabará.
Cuando un ponderoso monte
bambolea al huracán,
si puede un grano de arena
la catástrofe evitar
ese grano es responsable
de cuanto crimen fatal
perpetre precipitándose
el granítico jayán.
Del malvado que se encumbra
el débil es pedestal;
crían las ovejas el tigre,
los tímidos al audaz.
Tal es del cuchillo el forro
blando cómplice y guardián,
y nodriza el agua quieta
del monstruo pestilencial.
No digas nunca: -« Esto es pésimo,
mas ¿qué hacer? »- ó, en puridad,
-« Tengo miedo; mi resguardo
cueva y silencio serán.
¡Muére, víctima indefensa!
¡Verdugo, asesína en paz!
Ya cerré mi puerta al crimen;
¡remordimientos, atrás!
¿Acaso este duelo es mío?
¿será mía esa maldad?
¿quién me ha visto abrir la fosa?
¿cuándo he aguzado el puñal,
ni cuándo del delincuente
aplaudí la impunidad? »-
¡No! ¡Silencio! El que hacer deja
es el primer criminal.
La indiferencia es estímulo;
la abstención, complicidad.
Surge de un átomo un mundo,
por un ojo rompe un mar,
y quizá execra un delito
su ministro principal.
El fondo de una vasija
do en siniestra obscuridad
un magistrado cobarde
sus manos lavando está,
puede ofrecer á la vista
- ¡visión sobrenatural
á que el Océano inmenso
marco insuficiente hará! -
un monte, dos sendas ásperas,
tres palos; colgado un par
de ladrones que entre cuerdas
retuércense con afán;
el cielo encima entreabriéndose
como abismo de piedad
á recibir tánta afrenta;
y sobre la cruz central
en una noche sin luna,
misteriosa, singular,
un inocente, de inmóvil
forma noble y mansa faz.
¡Hélo allí! Lo han coronado
de espinas, y cada cual
rasgó en su frente una estrella
de Justicia y Caridad.
RAFAEL POMBO.
