UNA NOCHE EN EL MAR.

CUANDO vagando en el mar,
cercano el día á morir,
los dos oímos al par,
al hombre débil cantar,
la ola potente gemir;
 

Cuando á mi lado sentada,
de la lona entre el capuz,
en esa sombra velada,
parece que tu mirada
roba á los astros su luz;
 

Y cuando á leer aspira
en la Natura la mente,
¡oh tú á quien el alma admira!
¿porqué mi pecho suspira?
¿porqué sonríe tu frente?
 

¿Porqué, á cadä ola, inunda
toda mi alma el pensamiento
como un cáliz de tormento?...
¡Yo veo la mar profunda,
y tú ves el firmamento!
 

Yo veo la ola, embebido,
tú los astros brilladores;
y en su multitud perdido,
yo las sombras cuento y mido,
tú cuentas los resplandores.
 

Cada uno, es la ley suprema,
hasta el fin trabaja y rema,
con constancia ó desaliento;
no hay hombre ¡oh fatal problema!
que no edifique en el viento.
 

El hombre á la onda se lanza...
sopla el huracán sobre él;
en la oscura noche avanza…
¡y al mar se va la esperanza
por las juntas del bajel!
 

Su vela, que rasga el viento,
se destroza sin cesar:
el agua burla su intento,
y hace obstáculos sin cuento
sobre su proa espumar.
 

Ante tu augusta mirada
todo trabaja ¡oh Jehová!
doquier la vista inclinada,
encuentra una ola agitada,
encuentra un hombre que va.
 

- ¿Dó vas?-A la noche oscura.
-¿Tú? - Del día al resplandor.
-Yo á la gloria que fulgura.
-¿Tú? - Yo voy á la ventura.
- ¿Y tú? -Yo voy al amor.-
 

Todos vais al panteón,
vais do el misterio os envuelve;
paloma, águila ó halcón,
todos vais á esa mansión
do va todo y nada vuelve.
 

Vais do la ruta se ignora,
á donde el más grande irá,
do va la flor que abril dora;
vais á donde va la aurora,
vais donde la noche va.
 

¿Porqué ese tormento duro?
¿Porqué esas penas? decid.
Bebed del arroyo puro,
cojed el fruto maduro,
amad, y luégo…dormid.
 

Que cuando se ha trabajado
como la abeja paciente,
y mil sueños se han forjado;
cuando se han acumulado
los años en nuestra frente,
 

En vuestra más bella rosa,
brillante de juventud,
¿sabéis ¡ay! lo que se posa?
¡El olvido en toda cosa:
en todo hombre el ataúd!
 

Que del labio nos retira
el fruto intacto el Señor;
él dice al navío, en su ira:
- ¡Naufraga!-A la llama:-¡Espira!
y- ¡Palidece! á la flor.
 

Al guerrero, en mal fecundo,
dice:-Sólo venzo yo:
sube, sube ¡oh rey del mundo!
El descenso es más profundo
del que más alto subió.-
 

-Presto, dice á la doncella,
deslumbra al que te ama ardiente;
antes de morir, sé bella;
sé por un instante estrella;
luégo, polvo eternamente.-
 

Esa orden tu loco anhelo
rompe con golpe fatal...
Mortal, quéjate en tu duelo
al Dios que hizo grande el cielo
y tan pequeño al mortal.
 

Cada uno en su duda impía
se abre paso y lucha insano;
y la eternal armonía
pesa como una ironía
sobre ese túmulo humano.
 

La dicha ansiada y mentida
pasa, cual sueño encantado,
entre la sombra perdida...
¿Qué queda ¡ay! de la vida,
excepto el haber amado?
 

Así tu frente está quieta
y oscura la mía está;
así sobre la onda inquieta
yo escucho, triste poeta,
lo que la ola me dirá.
 

Para que algo me responda
temblando interrogo... ¡Oh!
á un golfo lanzo la sonda,
do el fango se mezcla á la onda...
¡Oh, no hagas tú como yo!
 

Que sobre la ola turbada
fijo mi húmeda pupila;
mas tú, bella alma velada,
á la esperanza estrellada
alzas la frente tranquila.
 

Sí, vé los cielos lucir,
vé los astros centellear;
tu alma puede á ellos subir...
¡tú ves á Dios sonreír,
yo veo al hombre llorar!
 

ISABEL A. PRIETO DE LANDÁZURI.

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