EN EL DESTIERRO.

¡FRANCIA! humillada ante el tirano yaces,
mas no eterno será tu cautiverio.
Esclava no serás mientras alienten
corazones de libres en tu suelo.
 

El proscrito, de pie sobre la playa,
contemplando las olas y los cielos,
hablará en el silencio de la noche,
é irá su voz á enardecer los pechos.
 

Y sus palabras, donde brilla el rayo,
amarga queja y maldición un tiempo,
serán para el verdugo de tu gloria
manos que blanden vengador acero.
 

Ellas harán palidecer su frente,
y harán temblar los mármoles, los templos,
y las colinas que la tarde bruñe,
y de las selvas el ramaje espeso.
 

Ellas serán el canto del combate,
de la campana el funeral acento,
soplo que agite el polvo de las tumbas,
grito que aleje los hambrientos cuervos.
 

Y ellas dirán: « ¡A todos los tiranos
y asesinos, baldón, baldón eterno!»...
Y llamarán á las dormidas almas
cual se llama á la lid á los guerreros.
 

Y vagarán, cual tempestad sombría,
de labio en labio desafiando al tiempo...
¡Y si cual muertos duermen los que viven,
de sus sepulcros se alzarán los muertos!
 

ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS

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