EL POETA.

ES preciso que el poeta,
espíritu misterioso,
ya sombrío, ya radioso,
alma apacible, alma inquieta,
 

Astro de fe centellante
que al incrédulo ilumina,
y así á la mujer fascina
como al sabio y al amante
 

(Porque de ciencia y de amor
va sembrando la simiente),
también á veces se ostente
formidable, aterrador.
 

Cuando su libro se hojea
y en su texto se medita
donde todo á amar excita
y todo halaga y recrea,
 

Donde á su sediento anhelo
halla el alma un néctar puro,
en donde lo más oscuro
guarda un destelló cielo;
 

Entre los varios colores
que sus hojas embellecen,
rico verjel donde crecen
las más exquisitas flores,
 

Donde corren hermanadas
las lágrimas y las fuentes,
y las estrofas, lucientes
como avecillas pintadas,
 

Vuelan el amor cantando
y la esperanza; es preciso
que alguna vez de improviso,
honda sorpresa inspirando,
 

Con inesperado estruendo
y la forma gigantea
salir un verso se vea
de entre las sombras rugiendo.
 

Al par que siembra y fecunda,
es preciso que el poeta
se ostente imagen completa
del alta selva profunda,
 

En cuya agreste región,
verde, fresca, floreciente,
llena de amor, de repente
encontramos un león.
 

JOSÉ ANTONIO CALCAÑO.

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