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UNA masa de tierra, agreste, ingrata,
avara é inclemente,
donde sin remisión sus moradores
se encorvan pensativos bajo el yugo
del dolor y el trabajo,
y que apenas, en pago á sus sudores,
del codiciado pan les da un mendrugo;
hombres duros, nacidos
en las ásperas quiebras de su suelo;
ciudades de do emigran pesarosas,
y de dolor los brazos retorcidos,
la Paz, la Fe, la Caridad, hermanas
predilectas del cielo;
en grandes y pequeños, el orgullo;
en todo corazón latente el odio;
la Muerte, ciega, hiriendo á los mejores;
todas las eminencias
de impenetrable niebla oscurecidas;
dos vírgenes de santos resplandores,
Justicia y Castidad, ambas vendidas;
locas, descadenadas las pasiones
engendrando los males;
selvas donde el león y el chacal moran,
pavor de los espesos matorrales;
hielos polares y desiertos tórridos;
mares que á su querer se ensoberbecen,
de tremulentos mástiles poblados
que en la noche zozobran y perecen;
continentes cubiertos de humo y ruido,
donde agitando enrojecida tea
lanza la guerra infame su rugido,
do hay siempre una ciudad que arde y humea,
do sangrientos los pueblos se combaten...-
¡Y que esto un astro de los cielos sea!...
JOSÉ ANTONIO CALCAÑO.
