EXPLICACIÓN.

LA tierra al sol, es lo que el hombre al ángel:
uno es hecho de luz, otro de lodo:
la estrella es sol, el sol es paraíso.
Girando en torno de los globos puros
van los mundos malditos; y en la sombra,
donde más que las lentes ve el espíritu,
la estrella paraíso unce, sujeta
y arrastra en pos al báratro planeta.
El morador del astro, ángel falible,
puede, si el mal le engaña,
en hombre convertido, ir á tinieblas...
Esto me ha dicho el viento en la montaña.
 

Sueltan gemidos los oscuros globos,
es prisión toda tierra, oscura cárcel
donde la Vida, sin cesar en llanto,
y la aurora risueña
del despertar ansiado, el triste nombre
en su registro apunta, del espíritu
que del sol á sus antros se despeña.
Mientras más lejos y apartado el globo,
es más terrible cárcel:
allí la Muerte está, las almas todas
por la criba pasando:
y al par que juez, testigo
á quien lo más oculto se le alcanza,
vuelve el ángel á el astro,
ó más lejos colérica le lanza.
¡Oh globos sin destellos
y casi sin auroras!
¡Júpiter ponderoso
de constantes meteoros azotado,
Marte rojizo que semeja al lejos
la boca de un volcán, nocturno Urano,
Saturno el de la argolla!
¡Suplicios ignorados, misteriosos
globos de redención y de dolores!
¡Lunas, más muertas que las tierras mismas!
Dolorosos y negros van girando;
¿y quién decir pudiera lo que hacen?
Allá de cuando en cuando,
entre las negras sombras
se oye su grito ronco y gemebundo,
corno en la tarde percibir se deja
de las cigarras la doliente queja.
Mundos fantasmas, á sufrir forzados,
de hierros varios y cadenas llenos,
por el espacio van, descoloridos,
cual sueños á la aurora disipados;
avenas de un reflejo
dorados en su noche,
implorando un mesías,
apóstoles ansiando,
solos, dispersos, unos tras los otros,
por fatídico viento desgreñados,
viendo la luz con irritado ceño:
éstos allá rodando en sus oscuras
negras profundidades,
aquéllos, tenebrosos,
trémulos, congelados,
y casi en lo infinito sumergidos,
del paraíso en torno van girando
de rencor y de envidia poseídos.
 

Y en tanto, desde el sol, entre sus brumas,
allá en la lejanía,
míraseles tristísimos pasando,
el aspecto nefando,
y bañada en terror la faz sombría.
 

JOSÉ ANTONIO CALCAÑO.

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