EL LIBRO.
NUESTRA madre nos decía:
-« Bien, jugad á toda holgura,
mas ni se pise el sembrado
ni á la escalera se suba. »-
Eramos tres: yo el más niño.
En infantil travesura
la guardilla del convento
escalábamos á una.
Allí fascinaba siempre
nuestras miradas ilusas
un libro sobre un armario
en inaccesible altura.
No sé cómo, una mañana
hubimos traza y fortuna
de alcanzarle: era una Biblia,
no podré olvidarlo nunca.
¡Trasciende á incienso! Encantados,
él solo ya nos ocupa:
¡estampas por dondequiera!
¡Oh, qué dicha, qué locura!
Abierto en nuestras rodillas,
nos deleita, nos subyuga
desde la primer palabra
una indecible dulzura,
Y á Ruth, José, Booz leyendo,
en cada vez más profunda
nos iba llegando á el alma
la magia de su lectura.
Si apresa un ave del cielo
el niño, en gozo se inunda
sintiendo bajo sus manos
la suavidad de sus plumas.
JOSÉ ANTONIO CALCAÑO.
