NOMEN, NUMEN, LUMEN.

CUANDO EL ya su obra terminado había,
y los astros sin cuento
en la bóveda azul del firmamento
tomaron armonía,
se dijo :-« ¡Creador! ¿cómo te nombras?»-
Alzóse entre las sombras
y dijo :-« JEHOVÁH! »-
 

Las siete letras luégo, cayendo en el espacio,
del cielo reverberan en medio á la extensión,
formando, con su brillo de vívido topacio,
los siete astros gigantes del negro Septentrión.
 

RICARDO PALMA.

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