A PARÍS!

TODOS altivos llegásteis
al són de trompas guerreras;
y hoy tristes dormís el sueño
de que nunca se despierta.
¡Allá vais! ¡sobre las aguas
reclinada la cabeza,
y vuestras desnudas formas
entre las olas envueltas,
que ahora con sus espumas
os acarician y os besan!
 

Caísteis, hijos del Norte,
en la reñida pelea...
Vuestras azules pupilas,
do irradiaba la soberbia,
cerráronse ya, al arrullo
del río, que turbio rueda
como titán revolviéndose
entre su lecho de piedra.
 

-« ¡Vamos! »-dijísteis con ira,-
« ¡á París, la gran ramera!
la ciudad de la molicie,
la Babilonia moderna.
Allá abajo está. En sus calles
eternamente resuenan
risas, ósculos ardientes,
y las canciones obscenas
con que hablan á los sentidos
las voluptuosas grisetas.
¡Sajones! ¡bravos Germanos!
¡al Sur! que el Sur nos espera
con sus dichas y sus glorias;
¡alzad el pendón de guerra!
¡A Francia!...París, la hermosa,
la cortesana opulenta,
nos hará olvidar el tedio,
el tedio que nos asedia,
y nos brindará su lecho...»-
 

¡Y os brindó su lecho...el Sena!
 

ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS.

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