Poeta antioqueño, demasiado antioqueño. Para Epifanio la patria
es Antioquia. No quiere otra cosa y se limita en los linderos de su
tierra. Es un poeta apegado al suelo que trabaja, satisfecho de los
suyos, congraciado con las costumbres que lo rodean.
Antioquia tiene un modo de ser singular. Su raza triunfa de las
otras de Colombia en robustez y fecundidad; sus hábitos de trabajo
están más arraigados, y los Estados circunvecinos no sostienen la
competencia con el brazo y la industria de los antioqueños. Hay un
medio científico muy avanzado y gustos literarios que le son
peculiares a ese pueblo. Tiene cancioneros que alegran las villas
con sus improvisaciones; y poetas, como Epifanio, que se ponen al
alcance de las gentes por la clase de impresiones que reciben y la
manera especial de darles forma. Se dice que Antioquia posee una
literatura, y sí no es cierto del todo, por lo menos se acerca esta
expresión a la verdad.
Epifanio Mejía es paladín del espíritu provincial. Después de 1850
no quería escribir nada, porque el General Mosquera había vencido a
Antioquia. Dice muy en serio:
"Es que mi Patria se lamenta y gime
Como una niña en su prisión de hierro;
Y sin llorar con mi querida Antioquia,
¡Ay! Yo no puedo levantar mi acento!"
En La Ceiba de Junín se dirige a uno de estos árboles
crecidos que hay en una avenida de la capital de Antioquia:
"Y aquella tierra y la tierra
En que hoy airosa levantas,
Es toda tierra de Antioquia
Y Antioquia toda es la Patria."
Ya se ha visto, Antioquia a todo trance. Desgraciado poeta loco, no
puede darse cuenta de la grata popularidad de su nombre. Sus versos
son en Antioquia conocidos y queridos como un mensaje de familia.
Los hará durar, siempre frescos, siempre puros, la fuerza de pasión
sencilla que encierran y no solamente la forma, demasiado
descuidada, pero muy al alcance de la mentalidad rural de sus
lectores. Epifanio Mejía no conoce de lujos psicológicos, de
novedad de giros, de atildamiento; su vocabulario es de los más
pobres y sus recursos gramaticales bien escasos. Pero triunfa de
todo la inspiración. En los versos del desgraciado poeta se siente
el ritmo de un corazón entristecido y bondadoso; se descubre un
pensamiento sano. Hacen recordar los paisajes de la infancia y se
les tiene respetuoso cariño.
Amé estos poemas hace muchos años, y los he copiado con letra de
principiante de las hojas de periódicos efímeros. Los leo con
placer ahora y al colocarlos entre tus libros, pienso que te doy,
hermosa mía, en pocas páginas, la sorpresa de encontrar un gran
poeta de las cosas pequeñas...
NOTA-Tampoco lleva fecha este somero estudio, el primero del autor
sobre el poeta campesino que acaba de morir en el manicomio de
Medellín, a los ochenta y tres años de edad. Completamos estos
rasgos con los dos soberbios trabajos que siguen y que recomendamos
como de lo mejor de Juan de Dios, particularmente el soberano
discurso de Medellín. -(El Editor.)
