Mas los poetas de estro libre si tendrán muchas compensaciones. El despotismo existe, pero Colombia vive: la mortaja está allí, pero el muerto se ha incorporado. Es la hora del cancionero.
Tallo ha comprendido Jorge lsaacs.
"Mirad al cielo, desgraciados, y dejadnos el reino de la tierra," es la consigna de la musa reaccionaria. Los que la cumplen predican el desprendimiento, después de incautarse de lo ajeno, y aconsejan la mansedumbre, quedándose con los soldados y las leyes dictatoriales Así, la tierra no debe servirle al pueblo sino de sepultura y a ellos de granero para mantener una apacible longevidad sobre el planeta y sobre la espalda de los tributarios. Sacando de la vieja cantera mística las ideas decrépitas, falsifican la vida, y con maña nos colocan un collar de flores celestiales en el pescuezo, que es la misma argolla que usaba para llevar los indios el conquistador Alfínger. El más culpable de ellos cree descargarse de sus faltas con las palabras rimadas, y quedándose en la holganza y en la soberbia, deja que sus siervos beban el anestésico de las frases para que nadie perturbe su molicie. Y no digo que los versos son decisivos, y menos cuando son mal pensados y mal hechos; pero hago constar que todo conspira contra la Libertad en orden de batalla, en un sistema a que convierten desde los escamoteos del sufragio hasta los hemistiquios de los versos.
Jorge lsaacs nos proporciona verdadera sor presa con su canto. Tengo que decir que es en esta ocasión muy optimista; pero vale más esto que los gimoteos de los poetas que le dejan al pueblo el otro mundo, después de aligerarlo de sus bienes para el tránsito. Isaacs se abraza a la tierra, nuestra madre, y al contacto de sus ósculos apasionados brotan flores inmortales. ¿Ha tenido siempre en cuenta la realidad? Hay en su poesía muchas cosas vistas y muchos sueños; pero es la verdad que Antioquia sale engrandecida, que a través de esas páginas nuestras montañas adquieren un relieve magnífico y que la fama de nuestra raza, ungida y perfumada con su verbo -con aceite del Huerto de las Olivas y recinas del Líbano- irá tan lejos como vaya la nombrad ya dilatada del poeta. Es cierto que la Antioquia que canta no es la del Departamento oficial, la del Gobierno regenerador, la de los Jesuitas, la de la Catástrofe, sino una otra que está fuera de las libreas, de los pechos, de los diezmos y del hambre. Una otra de origen judío, que no ha corrompido su sangre en el transcurso del tiempo, que tala los bosques, honrada la tierra, tuerce el curso de los ríos, cuida los rebaños, es laboriosa, honesta, cosmopolita, aventurera; que canta su aire de triunfo en los desiertos y asoma con sus herramientas por la cima de los volcanes. Hay mucho de esta Antioquia, en efecto, a pesar de la Regeneración y de su Providencia. La apostura de nuestros aldeanos, la hermosura de nuestras mujeres, la originalidad de nuestras costumbres, la belleza del cielo y de la tierra antioqueños, no se han ido tampoco en las alforjas de los exactores, gracias les sean dadas. No se llevaron el temperamento. Y existe también la Antioquia libre-en el voto que hacen sus hijos-la de origen macabeo, que guarda la tumba y el laurel de Córdoba.
Este canto es extraño en estos tiempos, porque nos habla de la tierra, ya proscrita de la Palingenesia; de la libertad, ya proscrita del Parnaso, y de los héroes de la Independencia, ya proscritos de la Historia. Porque es irreverente con los verdugos de nuestros padres, irrespetuoso con los triunfos de los afortunados y lisonjero con los hombres libres. Está, pues, fuera de la nota hipócrita de los burladores y de la estética femenina de nuestra juventud trascendental.
lsaacs se ha venido con toda su persona a La Tierra de Córdoba: con sus cualidades y sus defectos. El único reparo que quiero hacerle hoy es su devoción sin límites por los judíos, cosa de la sangre. Si todos son buenos, no lo parecen. En Antioquia, y en todas partes, cuando se apegan al oro, sus narices flechadas no dan remate a un hombre sino al gancho de un trapero.
El estilo es opulento: parece que el poeta haya estado contemplando a Antioquia al sol que derrite la vainilla, que abre las flores del quereme, que sazona los tamarindos, bajo las palmas y cámbulos del Valle del Cauca.
No querría anticipar un goce tan exquisito a los lectores de El Expectador, transcribiendo algunas de las estrofas del canto, pero me determino a insertar unas pocas, aquellas que se han quedado conmigo, aleteando en la memoria, deseosas de una libertad anticipada para ir dé heraldos del Poema.
¿A dónde va el poder invasor y fecundo de nuestra raza?
"Y tus colonos van de cumbre en cumbre
Al Septentrión y al Sur,
Segando vastas selvas bajo dosel de nubes:
Vigor es su derecho, y su arma la segur.
"Desde Anaime y Nabarco hasta las fuentes
Hoscas del Guarinó,
Los Andes son el huerto feraz de tu simiente,
Vestíbulo de Arcadias que tu poder creó.
"En él ostentan diamantinos dombos
El Tolima y el Ruiz,
Gigantes ya vencidos que moles de sus hornos
Lanzaron hasta el Cielo, sublimes al morir.
"Como vierten raudales sus neveras,
Que fecundando van
Los valles que tú alfombras y pampas que el sol quema,
Tu savia rica y noble al patrio suelo das."
Dos miniaturas del mejor estilo en nuestras rozas de maíz:
"Entonces la oropéndola salvaje
Y el tordo negriazul
Anidan con sus tribus en palmas y boscajes
Y anuncian las auroras de sonrosada luz.
"Al viento da su prole zumbadora
La colmena montés,
Y en el hogar piando su nuevo nido forma
La golondrina errante, del hombre amiga fiel."
Las mujeres antioqueñas:
"¡Bellas y pudibundas como fueron
Las hijas de Jessé!
En árabe tocado rebosan los cabellos,
Refulgen e sus ojos las noches de Kedén.
"Efluvio exhalan de la selva virgen,
Y en el talle gentil,
Pudor encantos vela de Ruth casta y humilde;
Son un bendito germen vedado al vicio vil!"
El porvenir de la raza:
"Como la vid del Maipo que sarmientos
Extiende a su redor,
Y cuelga de los álamos y verdes limoneros
Racimos que le dora y le perfuma el sol,
"Así tus gentes en futuros días
Ciudades poblarán
Al pie del Shinundúa y del nuboso Huila,
Sobre los montes de oro de Atrato y Urabá."
No somos españoles:
"La Iberia en sus conquistas no creaba
Pueblos de tu poder;
Vivieron en espanto, de hinojos... turba esclava,
Los que diezmó, ya indómitos, Fernando el tigre-rey.
"Has repudiado la ominosa herencia
Del ibero cruel:
Ni tu labor es suya, ni suya la belleza
Que gala es de tus hijas y orgullo de Israel.
"No hay en ti lepra de la estirpe goda
Que al vencer a Boabdil,
Lanzó de sus dominios la raza poderosa
Que a España hizo el emporio del mundo y su pensil."
Por qué somos iguales los antioqueños:
"En esos campos la divina Ceres
A sus pechos creó
Tus bardos y guerreros, tus Numas y Cleomenes,
Extraí a molicies del ocio corruptor;
"Eran así los siervos y señores
Hermanos al nacer,
Y en Palacé afilaron las garras de leones:
Los igualó su gloria primero que la ley."
Medellín:
"En el lujoso valle do serpean
Corrientes de zafir,
Al sol que la enamora, detiene y embelesa,
Cristiana Sunamita, la hermosa Medellín,
"Jazmines y floridos naranjales
Sus perfumes le dan,
Y arroyos de los montes descienden a brindarle
En baños de odalisca sus ondas de cristal.
"¡Cómo la miro en estrelladas noches
En mis sueños aún!
Formándole cojines se agrupan los alcores,
La cubren las montañas con su azulino tul."
La sombra de José María Córdoba le infunde a esta poesía un soplo ardiente, Es el genio tutelar de nuestras glorias y aparece enigmático y terrible a la hora del crimen:
"Cuando a la Patria la traición deshonra,
Y noche y tempestad
El sacro monte anublan, se ha visto airada sombra,
Y espectros de sus huestes en las tinieblas hay."
¡Ah, si esto no fuera un sueño!
1899.

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