No ha publicado la colección de sus epigramas, porque los
aplausos a ese género se dan por la espalda y con madera, lo cual
no es una felicidad. Hoy escribe en el Papel Periódico de
Urdaneta. Olvidábamos decir que Carrasquilla es liberal, lo que por
sí sólo es una recomendación suficiente.
Una polémica en sonetos, entre Rafael Pombo y Miguel A. Caro, sobre
teología, es curiosa por lo menos. En los números veintisiete y
veintinueve de El Conservador se han publicado veinticinco
sonetos sobre el asunto, bajo el epígrafe general de Ataque y
Defensa de la prosa teológica, en sonetos. Caro se muestra
alarmado con la decadencia de Pombo, y cree curarlo apartándolo del
soneto teológico. Pombo se aferra a él como a una última esperanza.
Caro le dice bárbaro, en nombre de la religión y de la amistad, le
muestra sus antiguos ideales esplendorosos, la entereza de su viejo
númen, y pugna por encender de nuevo la llama del amor en su pecho.
En vano! Porque la religión enervó ese cerebro y dejó sólo cenizas
en ese corazón. Sólo la voz del progreso puede hacer surgir algo
noble de esas ruinas. Pero los acentos liberales no penetrarán, tal
vez, porque Pombo se ha encerrado en una bóveda de pergaminos. Está
enterrado en el escolasticismo, como un cadáver en el osario.
Pero el remedio que propone Caro jamás será una rehabilitación. El
le dice en efecto, que abandone la teología y se abrase en el
misticismo. La religión por boca de Caro, le dice a Pombo:
"No me ofrezcas glacial razonamiento
Sin tierna unción, sin ideal poesía;
Vuelve en ímpetu audaz la fantasía,
Y arda en místico ardor tu pensamiento."
Sabemos muy bien, lo que es ese misticismo poético de San Juan de
la Cruz, de Santa Teresa de Jesús, de Lope de Vega, de Malón de
Chaide, de Pedro de Padilla, de Valdivieso, etc., etc. Queda mal
bajo la almohada de cualquiera muchacha, y muy bien haciendo parte
de la historia de la prostitución de Amancio Peratoner. Léanse los
versos de los místicos y de las místicas y no se encontrará otra
cosa que concupiscencia insaciable. Esta, además, es la pasión de
las devotas. Quevedo y Villegas, escriba un libro en defensa de
Santiago, patrón de España, contra Teresa de Jesús, por quien
pedían fuese reemplazado en el patronato. Decía tantas lindezas de
la Santa, que el libro se prohibió y, según entendemos, es
rarísimo. ¡Cómo sería la Santa de archifogosa, cuando Quevedo, en
ese tiempo, se atrevió a marcarla! Una de sus discípulas (de la
Santa) sor Marcela de San Félix, monja, hija de Fray Lope de la
Vega -citada como encanto por Menéndez Pelayo- no conformándose con
los hombres, aspiraba nada menos que a lograr el amor a lo divino.
Decía:
"Porque el amor fogoso
Que de fuerte se precia,
Por más que le acaricie
Con nada se contenta,
Todo se le hece poco
Si a conseguir no llega
Todo un Dios por unión
Donde saciarse pueda "
Este misticismo, aconsejado por Caro, a última hora, es
indecente.
En la polémica se han tratado con rudeza. Caro compara a Pombo con
un cocinero que da a sus parroquianos buenos platos y a quien éstos
no aprecian, y que luégo se venga sirviéndoles guisos
detestables:
"Al público así, tú, nectáreas copas
Brindaste; ingrato ha sido; al fin te vengas
Y sonetos que apestan le propinas.
"Ah! Lloro al verte alumno de Epicuro
Y estragando tu gusto hasta en lo escrito."
Pombo está perdido y Caro no es a propósito para resucitarlo.
(Bogotá, 1881)
NOTA Estas cuatro cartas vieron la luz El Estado,
semanario que redactábamos nosotros en Medellín, en aquel año de
1881. Habiendo estado por entonces en aquella ciudad D. Dámaso
Zapata, tuvo ocasión de leerlas, y le gustaron tánto, que se trajo
los ejemplares disponibles que pudimos recoger para él. Esto y el
mérito que nosotros les reconocemos, por más de un concepto, nos
anima a darles puesto en esta colección.
(El Editor).
