EL "CÁNTABRO" ANTE EL SENADO


El 12 principió la discusión sobre el Cántabro, fijada con anticipación para ese día. Las barras del Senado estaban muy concurridas. Gran número de Representantes asistían al debate, y en la tribuna del cuerpo diplomático estaban los Ministros de Chile y del Brasil.
Sólo oímos los discursos de los ciudadanos Becerra y Zapata, el 12, y de los mismos en la sesión del día 13.
Se abrió el debate con la lectura del informe de la comisión a cargo de los Senadores Felipe Zapata, Salvador Camacho Roldán y Juan de D. Ulloa.
Prescindiríamos de copiar íntegro el informe si él no tuviera tanta importancia; pero es demasiado grave el asunto controvertido y lo insertamos todo:
"Ciudadanos Senadores:
"Los Senadores nombrados en comisión para examinar los antecedentes relativos a la entrega del vapor Cántabro y a la extradición de algunos individuos reclamados por el Gobierno de Venezuela como sindicados del delito de piratería, han examinado los documentos que se ha pasado a su estudio y de ellas resultan los siguientes hechos:
1° El señor Juan García, comerciante domiciliad en Colón, adquirió en Santiago de Cuba la propiedad del buque español llamado Cántabro, el cual cambió después en San Thomas su primitivo nombre por el de Colón
"2° Con fecha 28 de Abril de 1882, el Cónsul de Colombia en San Thomas expidió a dicho un pasavante, en virtud del cual emprendió viaje para Colón bajo bandera colombiana.
"3º El expresado buque no siguió el rumbo que le había sido señalado en el pasaporte, pues en 9 de Mayo: del mismo año, aquella nave armada al servicio de la revolución que había estallado contra el Gobierno de Venezuela, se presentó en el puerto de Higuerote hizo algunos disparos de cañón y de rifle sobre la población, despojó de algunos aparejos navales a la goleta venezolana Esperanza que estaba fondeada en el puerto, extrajo de ella algunos de los individuos de la tripulación y al hacerse a la mar apresó unos botes pescadores que se llevó junto con los tripulantes. Al día siguiente apareció frente a la Guaira sin enarbolar pabellón alguno, y luégo se alejó de ese puerto izando bandera italiana.
Por último se presentó en las costas del Istmo de Panamá, provista de elementos de guerra, trayendo a bordo al General Eleázar Urdaneta y a otros Jefes venezolanos, enemigos del Gobierno de Venezuela.
El 18 de Junio del año citado último, fue detenido el expresado buque por las autoridades colombianas en Portobelo y conducido a Colón con los tripulantes.
4° En virtud de los hechos expresados el Poder Ejecutivo nacional, bajo la firma del doctor Benjamín Noguera, Secretario de Gobierno, dictó con fecha 17 de junio de 1882, una resolución en que se expresa que el Gobierno de los Estados Unidos de Colombia considera como pirata el vapor nombrado ahora Colón y anteriormente Cántabro.'
"5° Con fecha 3 de Julio de 1882 el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela reclamó del Gobierno nacional la entrega del buque con sus armas y municiones, y pidió la extradición de los Jefes revolucionarios como responsables de actos de piratería o al menos de robo, apoyando la reclamación en el artículo 3° del tratado de Colombia con Venezuela, y
6° En 16 de Octubre de 1882, el Poder Ejecutivo nacional, bajo la firma del Secretario de Relaciones Exteriores, señor doctor José María Quijano Wallis, dictó una resolución definitiva que dice en sus dos primeros incisos:
'1º Concédese la extradición, por la vía administrativa, de los individuos que fueron aprehendidos en Colón por las autoridades colombianas, como sindicados del delito de piratería cometido en las aguas territoriales de la República de Venezuela.
'2.° En consecuencia, entréguese al Gobierno de la Republica de Venezuela los individuos que aun existan en Colón, como responsables de aquel delito; y el buque llamado Cántabro o Colón con sus armas y demás objetos que se consideren como instrumentos el delito, y que tanto por los principios del Derecho de Gentes como por la legislación de Venezuela, que en el artículo 47 del Código Penal declara los objetos o instrumentos de los piratas caídos en comiso, deben acompañar a la entrega de los presuntos reos.'
"Es conveniente hacer notar que antes de adopta esta última resolución, el Congreso había aprobado en la ley de Presupuestos nacionales, de 16 de Septiembre de 1882, el artículo que sigue:
'Departamento de la deuda nacional-Capitulo 59-gastos varios-artículo (nuevo)
'Para gastos de traslación, descarga y conservación etc., del vapor pirata Cántabro hasta $10.000.'
"La simple enumeración de los hechos relacionados demuestran que el Senado no puede ocuparse de ellos sino bajo dos puntos de vista: uno puramente legislativo, para determinar qué vacíos o inconvenientes existen en las leyes penales y en lo procedimientos de extradición de reos, a fin de reformar la legislación; y otro de carácter judicial, para examinar la conducta observada por el Poder Ejecutivo en el asunto de que se trata. La reforma de la legislación puede emprenderla inmediata mente el Senado, mas no el examen de la conducta del Poder Ejecutivo: pues esto sólo puede tener lugar en el caso de que los hechos le sean presentados por el Ministerio Público, en la forma constitucional.
"En materia d Relaciones Exteriores el Senado no tiene otras facultadas especiales que la aprobación de las instrucciones para negociar tratados públicos y la de los nombramientos de Agentes Diplomáticos. La vigilancia o la inspección de la conducta del Poder Ejecutivo en la dirección de las Relaciones Exteriores, así como en todos los demás ramos administrativos, es la principal función del Ministerio Público, ejercido por la Cámara de Representantes. Respecto de los actos del Poder Ejecutivo el Senado no tiene otro carácter que el de Juez, pero Juez que no puede proceder de oficio, s a virtud de acusación sustentada por la Cámara de Representantes, única entidad constitucional encargada de cuidar que el Poder Ejecutivo llene cumplidamente sus deberes y de promover que se le exija la responsabilidad.
"En virtud de estas consideraciones los infrascritos; Senadores os proponen:
"1º Nómbrese por el Presidente del Senado una comisión que revise los Códigos Penal y Judicial y proponga las reformas necesarias, especialmente en lo que se refiere a los delitos cometidos en el mar y los procedimientos para castigarlos.
"2° El Senado no es competente para examinar la conducta del Poder Ejecutivo en asuntos de responsabilidad sin que preceda acusación de la Cámara de Representantes.    
"Ciudadanos Senadores.
"Felipe Zapata-Salvador Camacho Roldón-Juan de D. Ulloa"
Zapata y Ulloa estaban en la sesión, pero Camacho Roldán, por un inconveniente doloroso de familia, no pudo concurrir.
Como todos lo esperaban, fue Ricardo Becerra el que tomó la palabra, el primero, para acusar a los miembros de la Administración Zaldúa, comprometidos n la resolución sobre el Cántabro y sus tripulantes. Aquí conviene separar la importancia de la cuestión, de la situación moral del acusador. Becerra habrá procedido por una inspiración patriótica, si se quiere, al animar este debate, pero estamos seguros de que su objeto principal fue el de hacer daño a la Administración pasada. Para el señor Becerra nada ha habido más malo sobre el haz de la tierra que la Administración Zaldúa, y la atacó con rabia, y aún persigue colérico a su jefe en el cementerio. No sabemos que el señor Becerra haya gastado tanto brío en sus excursiones políticas de América...
A pesar de la poca idoneidad del señor Becerra para acusar, se le seguía en su discurso con interés. Era el orador un detalle nada más en el asunto, que se presentaba con caracteres tan graves.
Becerra habló bien. No nos fijamos en sus razonamientos para probar que los tripulantes del Cántabro no eran piratas sino revolucionarios, porque nos parecieron confusos y ya nosotros tenemos esto por demasiado sabido; pero al pintar lo trascendental del principio de Derecho internacional violado; el escándalo del antecedente establecido; la conducta invariablemente seguida por todas las Repúblicas de la América Latina, en el sentido de proteger a los asilados tuvo momentos de verbosidad sostenida, semejante a la verdadera elocuencia. Su voz era clara y vibrante, su ademán, aunque brusco y torpe, enérgico, y el período oratorio amplio y desembarazado.
El discurso de Becerra se siente con fuerza en el momento en que él lo pronuncia, pero no se graba durablemente en la memoria, porque no es sello de razonamientos claros, sino, las más de las veces, de entusiasmo deliberado y por lo tanto artificial. Tiene, además, una arrogancia descomedida de jaque, que fastidia y que lleva a los que lo escuchan a chocar con su persona mientras él choca con las ideas del contrario. Se pueden perdonar, y gustan, las alusiones autobiográficas si hablan personajes históricos; pero en nuestra democracia, en la que la celebridad es puramente de barrio, hostiga el prurito, en oradores como el señor Becerra, de hacer pequeños viajes por el hilo de su propia vida. En los hombres grandes cada hora de su existencia el interés de un acontecimiento, y las aventuras que ellos relatan, cada una, es provechosa a la observación y al estudio; mas esto de que la turba quiera darse a conocer minuciosamente, aprovechando la altura de una curul, es casi corno desnudarse en público: cosa soez y repugnante. En 1879 discutían en el Senado el doctor Rafael Núñez, Secretario de Estado y el doctor Manuel Murillo Toro, Plenipotenciario de Cundinamarca, sobre un desgraciado Mensaje religioso de entonces, y salpicaban el debate con alusiones de su propia historia política que encantaban a todos. Pero, preemítasenos afirmar, que no es lo mismo Murillo y Núñez que el señor Ricardo Becerra.
Atacó el Senador de que nos ocupamos las conclusiones del informe, porque ellas no iban directa mente a lo sustancial de la cuestión. Es decir: por que demoraban los juicios del Senado, que debían ser precisos y rápidos, como lo exigía la gravedad del asunto. Sostuvo que el Senado tenía derecho -emanado de su misión política- para intervenir en los actos del Poder Ejecutivo, en forma de censura o de acusación. Citó ejemplos de los Estados Unidos del Norte y de la Inglaterra, e hizo una apelación vehemente a la dignidad de los Senadores para que salvaran el honor de la Patria. Su peroración, ya lo dijimos, estuvo generalmente buena.

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