Voló a prestar sus servicios. Solo, y por en medio del enemigo,
atravesó el Chimborazo y se trasladó a Riobamba; allí formalizó el
Ejército inmediato, y combatió en Chambo, encargado por el General
Alfaro de uno de los más difíciles movimientos en aquel
campo.
El General le nombró Jefe de Operaciones de las Provincias del
Centro.
Cuando se creía que con el triunfo de Chambo y la marcha a Cuenca,
el país entraría en relativa calma y podría reconstituirse mediante
una Constituyente, los godos apellidaron a la guerra encarnizada,
en connivencia con los clérigos, que son el primer resorte de los
bandoleros. Hacia el Centro de la República pusieron su conato,
bien para aislar a la Capital de sus recursos naturales de la
Costa, bien porque en aquellas poblaciones tienen prosélitos
numerosos, o porque las posiciones naturales estaban probadas de
antiguo. El General Plaza les salió al encuentro y triunfó de
ellos. Véanse los siguientes telegramas del campamento:
Ambato, 12 de Agosto de 1896
Sr. General Franco-Quito.
Comunico a Ud. el espléndido triunfo obtenido el día de ayer sobre
las fuerzas del montonero Folleco. Cinco horas de desigual combate
habrán probado a los facciosos que nada pueden contra las fuerzas
liberales en campo leal.
El combate se inició con la columna "24 de Mayo",
a la que logró el enemigo desalojar de sus posiciones, coronando
las alturas que dominaban el camino por donde avanzaba yo con 100
hombres del Batallón 3° de línea y unos 20 del "Escuadrón
Boliche". En estas difíciles circunstancias se restableció
el combate, y sólo el arrojo de nuestros soldados y el porte
distinguido de los Coroneles Flavio E. Alfaro y Ramón Valdez
Vergara ha podido vencer en esta acción de armas, que empezó con el
desastre de la valerosa columna del "24 de Mayo"
y que continuó con ventajas de todo género para el enemigo. Este
huyó en todas direcciones, hacia los páramos, dejando muchos
muertos y algunas armas.
Su amigo, L. PLAZA G.
Ambato 12, de Agosto de 1896
Consejo de Ministros y General Franco-Quito.
Confirmo mi telegrama de esta mañana, escrito sobre el mismo campo
del combate. La derrota del enemigo en Santo Domingo ha sido
completa y sangrienta: han dejado en nuestro poder prisioneros,
heridos, armas y municiones; y hemos rescatado a nuestros amigos
prisioneros en el combate de Latacunga. El enemigo contaba con 300
hombres. Siguiendo el plan de persecución que me he trazado,
levanté hoy el campo de la hacienda de Santo Domingo para no dar
reposo a los dispersos; acabo de llegar a esta población y después
de 15 minutos sigo a Patate e iré hasta el infierno para concluir
con Folleco y devolver la paz a la República. ¡Viva el Partido
Radical!
Dios y Libertad.
L. PLAZA G.
Ambato, 18 de Agosto de 1896
Señores del Consejo de Ministros, y General Franco-Quito.
El señor General L. Plaza O. acaba de expedir la circular
siguiente:
"Patate, 19 de Agosto de 1896
Los hasta hoy inexpugnables desfiladeros de Patate, han visto
entrar triunfante entre el humo, el fuego y la muerte la bandera
roja del radicalismo.
Después de cuatro horas de reñido combate, teniendo que forzar
puentes y desfiladeros, hemos triunfado sobre doscientos curuchupas
que estaban reforzados por todo este pueblo, que hemos encontrado
desierto.
Felicito al país por esta nueva victoria que con las de Guapante y
Santo Domingo, aseguran resguardo de la paz en el centro de la
República.
Dios y Libertad.
L. Plaza G."
Lo que comunico a usted para su conocimiento y fines
consiguientes.
Su amigo, GOBERNADOR
Pelileo, 19 de Agosto de 1896
Señores Ministros, Gobernador y Comandante de Armas -Quito.
El enemigo en su precipitada fuga nos ha dejado 19 prisioneros,
muchas armas y caballos. Al cabecilla Costales lo llevaron antes
del combate, en camilla agravado de la herida que recibió en
Latacunga, porque en la derrota de Santo Domingo se vio precisado a
montar a caballo para no caer prisionero. Los clérigos, que huyen a
los primeros disparos, son los responsables de tánta sangre
derramada, porque abusan del candor de la gente sencilla para
lanzarlos en la criminal revuelta, con pretexto de defender una
religión que tienen ellos infamada con sus vicios y crímenes. Cinco
de estos fariseos acompañan a Folleco en su injustificable rebelión
y son los verdugos de los desgraciados radicales que caen en sus
manos. A nuestros amigos prisioneros en Latacunga y rescatados en
el combate de Santo Domingo los sometieron a toda clase de
tormentos. Las columnas Tungurahua y 24 de Mayo, que estaban en
Pelileo, han recibido órdenes para seguir a Baños en persecución de
Folleco.
Dios y Libertad.
L. PLAZA G.
Pelileo, 20 de Agosto de 1896
Señor General Franco-Quito.
Acabo de ocupar Baños sin resistencia ninguna porque anoche se
disolvió la fuerza enemiga a la voz de sálvese quien pueda. Como
tenemos urgente necesidad de asegurar la paz para que la Convención
Nacional se reúna sin obstáculo y reconstituir el país, he
dispuesto ocupar militarmente estas guaridas; y en efecto, el
Escuadrón Boliche queda ocupando Patate, y la Columna Vengadores
del Tungurahua esta población. Chambo la ocupará la Columna 24 de
Mayo, y de esta manera quedará debelada la revolución
clerical.
Su afectísimo compatriota, L. PLAZA O.
En estos telegramas asoma el revolucionario de ideas, que tiene la
previsión de señalar las causas de la guerra sobre el mismo campo
de batalla. Es lo justo, ya que adolecemos de una pereza
intelectual que nos hace olvidar de la historia y de nosotros
mismos. El soplo de guerra ha salido de las iglesias y de los
Conventos para animar a los guerrilleros que comparecen en la
lucha, y si a ello ha mezclado otro esfuerzo, es comandatario con
el de los clérigos y de ninguna manera superior al de éstos. Se
comprende así, porque el elemento clerical es la base del Partido
Conservador, su parte más irritable y la que lo arriesga todo en
este gran juicio entre la República verdadera y la Curia romana.
Siempre procedieron los clérigos de igual modo en nuestras guerras
civiles: ni una palabra de sus labios en favor de la paz, sumisión
mentida al Poder, desdenes por los agasajos públicos, y en medió
del achicamiento estudiado, un verdadero trabajo de carbonarios
para minar nuestras conquistas. Después se agazapan en sus agujeros
a ver morir a los ciudadanos, persuadidos de que si triunfan las
turbas fanáticas, ellos quedarán a la cabeza, y si la victoria
favorece a los radicales, los cobijará el perdón y el olvido. Si
toman el fusil es para huir a los primeros disparos," como
dice el General Plaza, pues no hay calzones debajo del abominable
sayal.
Entendemos que les ha llegado ya la hora de rezar a su vez el
credo; o de arreglar por lo menos sus bártulos para la
peregrinación al extranjero, que tántas veces impusieron a los
radicales. Ahora no está de Dios, sino de la República, que se
cumpla la ley del más fuerte.
