ESCENA CUARTA


Cucufato y Manuela

(Que entra cubierta con un velo-Sale Antonio)

CUCUFATO-Siéntese usted, señora, y abrevie, que no son estos momentos para perder un segundo. ¿Es usted una hija de confesión? ¡Pues absuelta y... andando!
MANUELA-Soy más que eso.
CUCUFATO- ¿Qué quiere usted decir? No conozco mujer con derecho a ser más en mi celda que una penitente.
MANUELA-Hace veinte años fui otra cosa en este mismo sitio...
CUCUFATO-Luego es usted...
MANUELA-(Descubriéndose.) Soy la infeliz Manuela; bien lo está usted viendo.
CUCUFATO- ¿Y qué quiere usted de mi? ¿Acaso persiste en esa declaración ridícula?
MANUELA-Hoy más que nunca. Mi hijo lo sabe todo, y quiero un testimonio de usted para que conozca Francisco que si fui desgraciada, no soy culpable.
CUCUFATO- ¡Está usted loca!
MANUELA-No es bastante que le haya dicho a mi hijo, que un día, joven e incauta, caí en las celadas de un sacerdote; no basta que le haya pintado mi resistencia y mi lucha, esa horrible noche que no se borra de mi memoria; es preciso que el autor de mi deshonra la declare; que el padre, a la hora de alejarse para siempre, diga la verdad al hijo.
CUCUFATO- ¡Nunca!
MANUELA-Lo imploro en nombre de tantos años de desgracia y de miseria; por las lágrimas derramadas, por mis días oscuros, por mi juventud marchita, por mis vigilias de trabajo, por cuanto hay de sagrado en el mundo, señor! señor!
CUCUFATO-Acabemos!... Se acerca la hora de partir la comunidad. Váyase usted, señora, con Dios...!
MANUELA- ¡Por piedad, señor!
CUCUFATO- ¡Váyase!
MANUELA- !Por nuestro hijo!
CUCUFATO- !Largo de aquí! (Cogiéndola de un brazo y arrojándola hacia la puerta) ¡Bueno estoy yo para hijos en estas alturas! ¡Fuera¡ ¡Yo mando aquí!


ESCENA QUINTA


Cucufato y Francisco

(Que entra precipitadamente, con uniforme de Capitán y seguido de soldados)
FRANCISCO- ¡Miserable! ¡Quien manda aquí es la ley! (Saca la espada.)
CUCUFATO- (Sobrecogido, retirándose al centro del escenario con las manos juntas.) ¿Qué hace usted, por Dios, señor oficial?
FRANCISCO - ¡Vengar a mi madre! (Amaga a darle un planazo.)
CUCUFATO- ¡Perdón, hijo mío!
FRANCISCO-No le conozco: soy hijo de la República.
CUCUFATO-Vamos; yo no resisto; que carguen mi pobre equipaje... ¡Hágase la voluntad de Dios!
FRANCISCO-Eso se queda.
CUCUFATO- ¡Misericordia! ¿Qué será de mí sin mis pobres andrajos?
FRANCISCO-Los heredo.
CUCUFATO- ¿Será posible? ¿Los trapos de un fraile, las disciplinas, los cilicios, la humilde mortaja?...
FRANCISCO-Lo dicho, y callarse, que manda el que manda...


ESCENA SEXTA


Los mismos y Antonio (que entra después)
CUCUFATO- (Aparte.) ¡En la miseria! ¡En la miseria! Si no tuviera el depósito...
ANTONIO-(Entrando.) Una carta para su paternidad.
CUCUFATO - (Abriéndola.) Conozco la letra, veamos qué dice. (Lee): "Reverendo Padre: En atención a que los veinte mil sucres de limosnas son tan suyos como míos, he resuelto quedarme con ellos, pues su reverencia tiene de sobra. Buen viaje!-CURUCHUPA." (Tambaleándose.) ¡Qué leo! ¡La vejez, la miseria y el hospital! No me queda sino un amigo. (Se dirige al lego.) Hermano Antonio, tome su cruz y sígame!
ANTONIO-Muchas gracias, padre: los legos hemos jurado bandera. (Se quita el hábito y queda en traje de soldado.)
CUCUFATO-Pero ¿qué es esto, qué es esto, Dios mío?
TODOS EN CORO- ¡Es la justicia del pueblo!
FRANCISCO- ¡Soldados, de frente; paso redoblado, marchen!
(Vanse con el fraile y cae el telón.)
EL LEGUITO FRAY JOSÉ
(1895. El Pichincha, Quito.)

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