LA VIDA EN LOS ANDES COLOMBIANOS



F.PEREIRA GAMBA

 

Introducción

 

He visto que los libros quedan muy desairados cuando les falta la INTRODUCCIÓN, por este motivo se la pongo a éste que, bastante por otros, la necesita.
Estando ciego en Túquerres dicté estas páginas a Francisco Muriel quien tomó la tarea con el mayor empeño y entusiasmo. Cuánto tengo que agradecérselo!
Escrito a FLUIDO DICTADO lleno está de incorrecciones. Para escribir bien se necesita una paciencia colosal y no la he tenido.
Vine del frío Túquerres a este temperado y encantador Quito. Aquí fui curado de la vista, gracias a una famosa operación del Dr. Angel Sáenz, gloria de la tierra ecuatoriana. Ya sano, dueño de una imprenta, provocóme editar LA VIDA EN LOS ANDES COLOMBIANOS y allá va el parto de mi gestación intelectual.
La vida nos arrastra por sus varios caminos y vericuetos. Nuestro fondo o substratum se conserva - al través de los cambios - muy relativamente uno mismo pero NO ABSOLUTAMENTE el mismo; uno de los mejores dones con que puede gratificarnos la naturaleza es el de la adaptabilidad. Poséolo en alto grado, a esto atribuyo la dosis de felicidad que he disfrutado.

En las montañas rìspidas o en las urbes civilizadas; en la riqueza o en la miseria; especulando entre intelectuales o rezando en Pasto ; tiritando en los páramos o sudando en las costas tórridas; en Túquerres o en Bogotá.....en todas las situaciones de la vida-y han sido hartas para mì- he logrado estar contento fabricándome un MODUS VIVENDI que me ha parecido la felicidad. Jamás me he quejado, en este sentido he sido fuerte así como tampoco jamás he exhuberado.
Alegres o tristes; interesantes o fastidiosas -lectores -las páginas del libro que os presento son todas vividas, por esta razón lo llamo un DOCUMENTO HUMANO; con ilustraciones hubiera quedado bueno, mas no es posible. Salga asì a luz y eche a andar por el mundo. Recibido, os lo ruego, si nó con amor con benevolencia; es un huesped amable que os busca.
A mis viejos amigos de otros días lo dedico; recuerdo del que nunca ha olvidado ni amigo ni a mujer. Y basta.
 

F. P. G.
Quito, Enero de 1919,

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