ANDES ORIENTALES
Bogotá.- Recuerdos lejanos.-Escuela y colegios.- La universidad; Grandes hombres de entonces.-EI Instituto de Agricultura.- Los condiscípulos.-La Escuela de Ingeniería. -La insurrección de los estudiantes.- Tipos.- Amistad y amor.-Pasión por los libros.-[La Bruyére, La Rochefoucauld, Lord Chesterfild, Machiavelo].-La educación de la voluntad.-Para qué sirve todo esto?
Con la imaginación como telescopio apunto a la nebulosa del pasado y miro, y miro. Densa niebla....todo esfumado y triste cual el paisaje mañanero en Agualarga.
Qué es lo que puedo distinguir más lejos, con alguna claridad? Què es lo último que, en el foco visual del telescopio, se presenta a mi vista! Ah! los recuerdos........! Fotografías desteñidas por el tiempo, apenas reconocibles las unas, tal cuál mejor estampados los otros, y, de repente, entre éllas, un detalle nítido, perfecto, saliente y preservado aún.
Las acequias de Bogotá corriendo por el centro de las calles, medio por el cual la ciudad se libertaba de sus inmundicias; los aguaceros torrenciales de Noviembre cuando las acequias, que llamàbamos caños, crecìan como ríos y nosotros-los niños y las niñas-saliendo de la escuela de las González atravesábamos esos ríos, felices y contentos. Acostumbrábamos quitarnos los botines, colgarlos a la cintura y entrar en las profundidades cenagosas e inmundas, ágiles y alegres.
Cómo recuerdo ahora a mis condiscípulas con las que siempre me ligara la más pura y santa amistad; de éllas quién queda?; quizás alguna, vieja horrible, desmedrada y vencida por el tiempo y por las penas. Y de los otros ?
En el mar de la vida, náufragos los más, nunca volvemos a saber unos de otros: " rari nantes in turgite vastum ".
Eran las señoras González Lineros el timebum de los niños. Por qué, lo ignoro. Mujeres más buenas y más santas jamás conociera; pero la fama es así; era el terror para un niño amenazarlo con las González; allí fui yo por alguna insurrección infantil. Temeroso, hosco, agitado el primer día, poco después prefería la escuela a mi casa y el cariño de las buenas viejas a todos los cariños.
Escuela de tipo antiguo, mixta o como se decìa, de hombrees y mujeres. En el salón, de un lado las niñas, del otro los niños pero la clase para todos la misma.
Feas eran las señoras González; con la fealdad santa de aquellas buenas viejas que Fernán Caballero inmortalizó en Un SERVILÓN Y UN LIBERALITO; tal cual manía también las distinguiera Doña Blandina nos enseñaba a todos labores de aguja de mujer, encareciendo la importancia de que los hombres supieran fabricarse, sobre angeo, un par de chinelas; Doña Olaya nos enseñara la escritura y las artes superiores; Doña Concha el Catecismo; qué buena era Doña Concha! Era la más fea de todas, pues extraordinariamente extrávica, miraba a ciento veinte grados, pero hacia olvidar su fealdad con lo que le salía del corazón ; Doña Mariquita, un enigma, no se metía en nada, vivía retirada en su cuarto rezando novenas y todos sabíamos que tenía el don de profesía.
Por encima de todo, y muy rara vez vista , salvo en las grandes emergencias, aparecía Doña Domitila, la madre de todas las González Lineros; alta, seca, escuálida, apergaminada, símbolo de una justicia inflexible y severa que en vez de espada y balanza llevaba al cinto un enorme manojo de llaves y un temeroso látigo de cinco ramales; el amigo de los niños, como ella solía decir. Por fortuna raras veces la veìamos.
Formaron éllas-y la justicia se haga sobre su recuerdo querido -casi toda la niñez de la mìa y de dos generaciones anteriores. Descansen sus cuerpos en la tierra propicia y canten sus almas hosanas en el coro de las vírgenes!
Una tarde, cerca de las cuatro, llegaron las sirvientas, a buscarme, de mi casa; estábamos en clase. Llamóme Doña Olaya y díjome: "Váyase ligero a ver a su papá, a abrazarlo y a felicitarlo "-Pero qué pasa?, pregunté a la sirvienta.
-Camine, camine ligero, allá verá.
La calle de San Juan de Dios donde, dijéramos, fue nuestra mansión señorial estaba colmada de una multitud compacta, frenética, aclamando a mi padre. La casa llena; la primera persona que pude distinguir y me abrazó fue el Ilmo. Señor VICENTE ARBELÁEZ, Arzobispo de la Metrópoli.
Aquel día había tenido lugar la más borrascosa sesión que ha presenciado nuestro Parlamento : Al tratarse de la Ley de Tuisión, mi padre defendió la libertad de todos, la libertad de los católicos a los cuales se pretendía oprimir, surgiendo la escena que está descrita por Cordovez Moure: la invasión del sagrado recinto del Senado por mi hermano Ricardo, y el frenesí del pueblo por mi padre. De esta tarde inolvidable he conservado tal recuerdo que me parece, ahora, estuviera presenciándolo todo.
Vino luego el entusiasmo instruccionista del que fueron factores esenciales los Zapatas-don Felipe y don Dámaso-grandes hombres en la genuina acepción de la palabra y dignos de que la balanza se incline a su lado dejando un poco la sistemática silenciación de sus memorias. El Gobierno introdujo entonces los primeros Profesores alemanes que implantaron una verdadera instrucción primaria. Vino el buen Weiss.... quién de esos tiempos no lo recuerda .
Para estimular al pueblo, los de clases elevadas mandaron a sus hijos a las Escuelas primarias; las primeras que bajo métodos racionales existieron en el país; allì fuimos los Camacho Tamayo, los Camacho Carrizosa, los Pieschacón, los Arangos y cuántos más?
Lleno de patriotismo colombiano el buen Weiss hacía poesía:
Colombia amada
Bañada del mar,
Con sangre libertada
Del gran Bolivár.
que cantábamos con el más grande entusiasmo.
Arrima al foco del telescopio ahora la gran fiesta de las Escuelas del 72. Murillo, Presidente-Robespiere en su figura, en su lógica, en su sinceridad-de pie en las gradas del augusto Capitolio entonces apenas en comienzos de construcción, vió desfilar las Escuelas; el tricolor sobre el pecho, lleno de unción; como sacerdote de un rito, tuvo palabras para todos y sonrisas de amor. Luego en la Huerta de Jaime (hoy plaza de los Mártires) la egregia figura del divino Rojas se alzó en la tribuna :
"Todo aquí lo renueva el sentimiento
despertando tristísimas memorias
en esta plaza, huerto memorable,
de suspiros y lágrimas y sombras.
Hoy es veinte de Julio, en él confluyen
de limpia luz sesenta y cuatro auroras;
es la fecha inmortal qué el pueblo escribe
en el gran Calendario de sus glorias!"
Era la casa de mi tía Mercedes Pereira el punto de reunión de la numerosísima chiquillería de la familia. En ocasiones juntábamos sesenta. Qué alboroto infernal! Cuánto considero ahora a la pobre señora que supo extender su amor maternal a los suyos y a los hijos de todos sus próximos!
Amplia, soleada, la casa en San Victorino, llevaba impreso el sello del confort que tan bien entendiera don José Francisco mi abuelo, en sus edificaciones. Allí nos reuníamos, principalmente los domingos, y jugábamos como locos todo el día. Cuántas veces escapándome de mi casa, allí iba a refugiarme, cuando por algún motivo tenía que temer la mano no muy suave de mi mamá; mi tía arreglaba todo, parlamentaba y, pasada la borrasca, me llevaba ella misma para asegurarse, de visu, que sus gestiones habían dado buenos resultados.
Con mis primos-hermanos para mí-asistìamos juntos a la escuela y juntos repasábamos las canciones patrióticas que el patriótico maestro alemán nos enseñara.
Fue costumbre en mi casa la tertulia familiar todas las noches hasta las diez; concurrían mis tíos que, con su chispeante ingenio, lo amenizaban todo; se hacía buena música-------
Hoy día, ya olvidado de todos, surge ante mí la figura de uno de los hombres más extraordinarios que ha dado Colombia: el doctor Ignacio Pereira-el cojo-médico que sin recurso del microscopio penetró en el origen microbiano de las enfermedades y sostuvo su hipótesis, pasando por maniático, muchos años antes de que Pasteur hubiera llevado a cabo sus famosas investigaciones. Estableció, él primero, la doctrina de la asçepcia y la antisçepcia con claridad innegable.
Tocaba la guitarra, el grato doctor, y le gustaba cantar canciones sentimentales del estilo de entonces.
Los Gambas se distinguieron por su exaltado misticismo; de mis tías varias fueron monjas; pero la más santa entre todas viviera, en su antigua casa en Santa Clara, Vida austera y casi monástica. En esta casa silenciosa, con su inmenso patio sembrado de flores, las más bellas y mejor cuidadas, pasé yo los años de la pubertad y la primera juventud al lado de la buena señora que hizo por mí algo más de lo que el común de las madres hacen por sus hijos.
La caridad ardiente de mi tía trinidad obligábala a vivir con estrechez, pues todo lo daba ningún pobre, ningún necesitado acudió a ella en valde y, cuando prestaba dinero, daba a los pobres su ropa de vestir y la de cama. Según decían fué la más hermosa de las Gambas, que lo fueron extraordinariamente, pero cuando yo la conocí, la edad sólo dejara de élla una expresión nobilísima y austera sobre un fondo inmenso de tristeza y desencanto en sus facciones.
Nunca la oí hablar del pasado; en tantos años como viví con ella, jamás logré adivinar ni sus penas, ni sus desengaños.
En religión representaba el tipo un poco jansenista de la época; en secreto llevaba a cabo sus prácticas religiosas caseras, y sólo la vi enojada un día en que mi curiosidad infantil me condujo a acecharla . Las sirvientas-antiguas mandaderas del Convento del Carmen-hacíanme estremecer de horror contándome las tremendas penitencias, las disciplinas, los cilicios......
Antes de la guerra del 76, nuestra casa en San Juan de Dios era concurridísima; los grandes negocios de mi padre, sus monumentales empresas, su actividad comercial, su influencia política y en fin todo lo que hace a un hombre hombre del momento, llevaba a nuestra casa toda clase de personas ; ingenieros norteamericanos o ingleses traídos por él, ya para la empresa de alumbrado en Bogotá, ya para los ferrocarriles, para la barca o el puente de honda; gentes de negocios, políticos prominentes e infinidad de personajes pululaban allí. Los suecos eran la gran especialidad de mi padre; el doctor Nisser y el doctor Rodolfo Andersen considerábanse casi como miembros de la familia ; asimismo Francisco Groot-entonces Pacho-Secretario de mi padre.
En esta atmósfera de actividad y de poliglotismo se despertó en mí, desde niño, el amor por la ingeniería como profesión y la afición al estudio debe idiomas extranjeros como divertimiento.
Los recuerdos de los hombres en Colombia están siempre ligados con las revoluciones; para saber la edad de alguien basta preguntarle cuál es la última guerra civil de que acuerda. Periódicamente el país fue devastado por la revuelta.
Qué bonitos uniformes usaran mis hermanos, Francisco y Ricardo, en la Guardia Cívica de Bogotá cuando las guerrillas amenazaban la Capital y los jóvenes fundaron batallones para defenderla! Del convento de la enseñanza donde se educara salió, en ese tiempo, mí hermana Margarita, hosca, huraña cómo me acuerdo! Quería sólo hacer pesebres y cantar villancicos. Un día como alcanzara a divizar a don Santiago Pérez, fuésele encima diciéndole llena de furia: "Quítate de aquì rojo malvado." Afortunadamente para élla la atmósfera social cambióle pronto el enfurruñamiento monjil por el más suave y dulce de los escepticismos.
Después de la guerra del 76, tomó más impulso el entusiasmo instruccionista; los hombres de entonces cayeron en el infantil error de creer que un pueblo se transforma instruyéndolo, y lo que es peor, que puede transformárselo en el corto lapso de una generación.
Al entusiasmo de los únos se enfrentó el entusiasmo de los ótros; ante las escuelas que se decían ateas se expulsaron las escuelas ultracatólicas; ante la Universidad, los Colegios de Cuervo, Concha y otros. Pero resultado benéfico: la instrucción se difundía.
En las familias, las madres timoratas preferían que sus hijos se quedaran ignorantes más bien que enviarlos a los establecimientos malditos, donde éllas, así se lo imaginaban, los profesores fueran el mismo diablo en persona; los padres liberales sostenían la enseñanza oficial, mirando con malos ojos que sus hijos fueran educados por beatos ignorantes. Pero es de justicia reconocer-y esto vengo a reconocerlo ahora-que los liberales dieron siempre toda garantía a los establecimientos privados que los conservadores levantaron delante de los suyos como un desafío; lo que vemos ahora es muy diferente de lo que sucedió entonces.
Varias generaciones se educaron en los colegios privados en pugna con la educación oficial, y de tánto hombre ilustre como de éllos saliera-los hay muchos vivos todavía-estoy seguro se acordarán que el Gobierno liberal dió muestra de la mayor tolerancia.
Sea lo que fuere, el movimiento en favor de la Instrucción Pública entre el 76 y el 83 es algo que marca raya en la historia de estos países. Los liberales creían qué instruyendo se hacían invencibles, los conservadores, por su parte, que instruyéndose vencerían; y, de esta pugna saludable, surge el movimiento intelectual, la floración más grande de las inteligencias que dió con justo motivo a Bogotá el puesto supremo en la América, la Atenas como todos la aclamaban.
Tras corta divagación por el Colegio de don Ricardo Carrasquilla y por el Seminario Conciliar, insté a mi padre me matriculara en la Universidad Nacional ; me asfixiaba la atmósfera de los colegios beatos! ......
Cuál sufriría mi madre? ahora lo pienso; pero, entonces el brillo magnifico, de esplendorosos soles, que irradiaban Vargas Vega, Salvador, Camacho, Liévano, Ancízar, el inmenso Rojas y - tantos y tantos mas, obsecaba mi espíritu y no lo siento. A los hombres de entonces debo el amor a las ciencias, el criterio riguroso, la sinceridad en mi alma y cuanto bueno hay en mi.
Y así fue cómo, una mañana en el 79, llevóme mi padre a mí-niño de trece años-al local de la Candelaria, a la presencia del general Rudecindo López, Rector de la que entonces se llamara Escuela de Ingeniería Civil y Militar, reorganizada en esos momentos bajo un nuevo plan.
Era el general López hombre bondadosísimo pero severo en los asuntos de disciplina militar; ocupaba brillante posición debida enteramente a sus méritos personales. Como Rector de la Escuela daba el mayor interés a la parte de milicia y nos sometía a la ordenanza con espartana austeridad.
Yo no sé por qué una gran mayoría de los grandes- patanes como se los llama en los colegios-odiaba al Vicerréctor Londoño; el hecho es que entre éstos fraguaron y llevaron a cabo la más tremenda insurrección que registran nuestros anales escolares.
No hacía mucho había llegado a Bogotá la primera misión militar, la americana, compuesta de los coroneles Nichols y Lemly de los cuales el último organizó, más tarde, la primera Escuela Militar, separándola de la Escuela de Ingeniería Civil; al decir primera escuela militar no echo en olvido la otra que el general Mosquera fundara; empero, me imagino que no fue de mayor consecuencia.
La insurrección de los estudiantes pudo haber tenido los peores resultados a no ser por la serenidad de temple y la presteza del general López para acudir al teatro de los acontecimientos; Luis M. Peña, joven chiquinquireño, que había sido el alma del motín, se saltó la tapa de los sesos delante de todos nosotros; espectáculo horrendo que jamás olvidaré.
Grande fue la sensación en Bogotá con los acontecimientos de la Candelaria; se extremó la disciplina; quitáronsenos armas y municiones ; a consecuencia del atolondrado movimiento de los estudiantes vino la separación de las dos Escuelas. La de Ingeniería Civil se organizó en
local separado de la Militar.
Entusiasta el doctor Salvador Camacho Roldán por la enseñanza agrícola científica, consiguió del Gobierno se fundara el Establecimiento más notable que ha existido en Colombia: el Instituto Nacional de Agricultura Superior.
Nunca se vió en América un instituto de enseñanza superior en donde se diera instrucción tan sistemáticamente rigurosa y tan completa. Pero también es bueno saber que nunca vió Colombia tan buenos estudiantes como los que se pasearon por los claustros de la amplia y bella quinta de Segovia.
Despertó en mí el doctor Camacho Roldán el amor por el estudio de las Ciencias Naturales; con su voz suave y persuasiva me hacía ver las inmensas lontananzas que al hombre abre la investigación experimental; la Química, en sus conversaciones, aparecía hada fascinante capaz de realizarlo todo, de transformarlo todo.
Por él, haciendo un esfuerzo supremo, entré al Instituto y pretendí seguir a un tiempo mismo dos carreras.
La Universidad Nacional, la gran Universidad como ahora mismo se la llama, era una entidad poderosa, respetable, respetada y temida. Disfrutaba, si no de la autonomía rentística, si de la autonomía instruccionista, la autonomía de su régimen interno y la completa libertad de enseñanza. Su cuerpo de Profesores, elegido únicamente en vista de la capacidad, estaba formado sin distinción de partidos políticos; en su recluta se buscaba la calidad, nada más que la calidad.
Un Rector, asesorado por Consejo Universitario numeroso, gobernaba la institución; no existía en ese tiempo el Ministerio de Instrucción Pública, árbitro último, como ahora, y juez supremo en asuntos escolares.
Fue el doctor Antonio Vargas Vega por años y años Rector general de la Universidad Nacional y, si temido por su extraordinario rigor en cuanto se refería a los estudios, fue siempre respetado; por muchos entrañablemente querido; unánimemente admirado. En la Universidad, donde no había condescendencias donde era desconocida la preferencia, teníase que estudiar o dejar el campo.
La Escuela de Derecho llevaba la batuta; en la Facultad, inteligencias como las de Antonio José Restrepo, Arrieta, Uribe, Obeso y tántos más, dominaban enteramente, de allí irradiaba a todos los demás centros universitarios.
La Libertad soplaba como viento huracanado. Leía mas, con furor, los GIRONDINOS de Lamartine, los MONTAÑESES de Esquiroz y cuánto se haya escrito, apasionado y ardiente, sobre la Gran Revolución. Quién de nosotros no se sintiera el alma de un Vergneau, de un Demoulins, Saint Juste o aún de Robespiere ?
En momentos de frenético entusiasmo-muchas veces al salir de clase- trepábase alguno de nosotros sobre una mesa y dirigía a los demás discursos apasionados en los que restallara la frase vehemente, toda ella hija del amor a la Libertad.
Pero, para qué hablar más de éstas cosas? Pasó todo, y ahora la generación qué se levanta, se levanta sin ideales; el ansia del lucro es lo único que puede moverla.
En todas partes hubo tipos entre los estudiantes, pero en ninguna como en el Instituto de Agricultura Superior. Allí, Efigenio Flores, de capa española color carmelito, forro granada y broche de metal. Sabia de mujeres y tocaba admirablemente la bandola. Dado, como todos 108 Flores, a la poesía, era la figura conspicua de estudiante de Salamanca; allá, Rosendo Mora, austero, frío, incansable en el estudio; algo como Robespiere en su figura, analista dogmático. Jesuíta que ahorcara los hábitos, sabia contarnos historias curiosisímas de la manera cómo se asciende en esta masonería del traje negro; su inteligencia era poderosa y aunque no lo hubiese sido, su perseverancia hubiera vencido los más grandes obstáculos. Más allá, Namías, un momposino, gran tocador de acordeón - cual casi todos los costeños-y hombre de los lupanares, llamaba sus venústicas cicatrices la marca de la virilidad. Y cómo negar a Umaña que nunca pudo pasar del primer año? Pequeño, pero de fuerza atlética descomunal, erró su vocación buscando en la Universidad lo que más facilmente, y con mejor provecho, con siguiera en un circo.
Santofimio, ampuloso y doctrinario, con figura medio dantonesca era nuestro orador obligado en toda emergencia....................................................................................................
Muertos todos, talvez, los que formamos esa pléyade de jóvenes, dos vivimos aún a quienes uniera estrecho lazo de la más fuerte y perfecta amistad: Laureano García y yo.
Cómo se formó nuestro cariño? Desde el primer día, Yo era un muchachote tímido y de exagerada modestia; la sangre se me subía a la cara por el más insignificante motivo haciéndome perder el hilo de las cosas. Pero cuando me familiarizaba con las circunstancias ninguno fuera tan audaz y atrevido. Cual gallina en corral ajeno el primer día que asistiera a las clases, tímido y encogido; miraban los compañeros con zorna al muchacho cohibido que de otros centros universitarios trajera fama de inteligente.
Raquítico y extraordinariamente miope, entonces, García, fue el primero que vino a mí a tenderme una mano de amigo e informarme de cuanto valiera la pena de conocerse. Desde el mismo momento intimamos. Oh amistad, rosal florido de la juventud primera. Oh amistad ! No escribieron sobre tí libros enteros los antiguos filósofos del puro latinismo? Sobre tí no han escrito los más brillantes, los mejores de todas las lenguas? y qué diría yo ahora? Repetir en mal estilo lo que se dijo en bueno, o pretender sobrepasar lo que escribieron quienes sabían hacerlo? Oh, no; para saber cómo son las cosas es preciso sentirlas y el destino concedióme la suerte de haber sentido-allá en esos tiempos lejanos-la perfecta amistad, la pura, la sin mancha, la sin interés; la que fluye de los corazones, como el chorro de agua, suavemente, murmurante y continua.
Suave sin agitación, continuo sin modificación.
Ser los mejores, los más fuertes, los más perfectos, tal era nuestro ideal. Los medios?... La lectura, el ejercicio, la gimnástica. Creíamos, en la gimnástica funcional como dogma de fe. Llegaran en ese tiempo, por primera vez a Bogotá, las obras de Smiles que leíamos ávidamente. Qué cándidos: nos fascinaba el optimismo forcenée del buen inglés!
Por las tardes, saliendo de clase, marchábamos a paso gimnástico los cinco kilómetros a Puente Aranda y sin detenernos volvíamos de la misma manera para acostumbrarnos a ser invencibles contra la fatiga.
Pero qué delicia esos paseos!......Laureano, con el dón maravilloso que siempre lo ha distinguido de la narración fácil, contábame novelas que él leyera. Ay Dios mío! fuera de Julio Verne yo no había leído nada todavía. De su boca salían, mejor mil veces que lo escrito en el libro, las relaciones horripilantes de los MSTERIOS DE LONDRES de Trollop, y por la noche en mi cama, yo soñaba con aquel personaje siniestro que se deleitara leyendo las RECREACIONES ToxicoLóGIcAs; con Ana y con María, más sobre todo con José María Tellez Dalarcón, Márquez, de Riosanto, que llenaba mi espíritu con la fascinación de lo potente, de lo perverso y fuerte.
Contárame también Los MOSQUETEROS y otras de Dumas que leídas por mí - después de algún tiempo-pálidas, sin brillo, y sin interés me parecieran comparadas con la narración vivífica que a mi amigo le escuché, encantado, durante nuestros paseos a Puente Aranda.
Los domingos subíamos a Monserrate antes de almuerzo; fatigante jornada para todos, que a nosotros se nos hacía un juego.
Rothlisberger, excelso Profesor de Historia, contratado en Suiza por el Gobierno para San Bartolomé, fundó por ese entonces, con los estudiantes, el Club Andino a semejanza de los Alpinos de su país. Ideal de educación física para los jóvenes; para determinar en ellos el amor a la naturaleza y a los estudios de observación. Ideal para preservarlos del licor y de las malas costumbres que se contraen en la ciudad : andar a pie, largas, larguísimas jornadas; contemplar los panoramas magníficos de nuestros Andes y aprender a conocer las plantas, las piedras, los insectos..... tal era el objeto de nuestra asociación estudiantil.
Activos fuimos García y yo corno miembros del andinismo, sobre todo al principio; pero poco a poco fuímonos engolfando en el estudio, la lectura y la especulación.
Tremenda palabra: especular. Para qué se investiga el por qué de las cosas? Para qué se pretende penetrar en el reino inaccesible de lo que no se puede conocer? Para qué bregar cabeceando contra el desconocido absolutamente inconocible ? Ya el viejo poeta griego lo dijo:
" No se piensa impunemente."
Entonces se desarrolló en nosotros la pasión por los libros; la sed inextinguible de leer y leer. Como el alcoholizado bebe, como el morfinómano se inyecta, como todo vicioso frecuenta la acción viciada sin encontrarse satisfecho nunca, así el Ieyente, leé.....
Leíamos todo; ya no ibamos a Puente Aranda sino que saliendo de clase nos ibamos a la casa de García. Oh aquella casa! Que pudiera yo describir tu atmósfera!; que me fuera dable volver a ver a la vieja querida que a la par de sus hijos acostumbraba bendecirme!
Severo, limpio, ordenado con minucia extremada- exteriorización del orden, método y sobriedad de Laureano-su cuarto era el más exquisito retiro para la meditación y el estudio. Si las cosas de uso, si nuestros aposentos, si todo lo que se toca con nosotros lleva el sello de nuestra propia personalidad; si es posible indagar el carácter de un hombre por la forma que toma su sombrero, el modo cómo gasta los botines o por su caligrafía o por mil otras cosas en las que él marca el sello personal, creo yo que nada es capaz de dar tánta idea, al respecto, como el arreglo del aposento en que habitualmente mora.
La, entonces incipiente, biblioteca ya contenía bastante; los mejores autores franceses; Macáuley, la de Juderías Bender; Goethe de Llorete; Bequer y, tántas cosas más fuera de libros de estudio. Y allí, con voz emocionada y dicción admirable, Laureano me leía Vigny, las campanas de Schiller, el Cuervo, Cuentos y Leyendas ensayos de Montaigne....en esa. escuela aprendí a amar la bella literatura.
Viviera yo entonces en Santa Clara con mi tía Trinidad. Mi padre desilusionado de todo, horrorizado de la maldad de los hombres se había retirado de los negocios y de la vida pública y, con mi madre y mis hermanas- primero en la Villa de Leiva y luego en su hacienda " El Tejar," en Cajicá -aislado, pasó un cuarto de su existencia, fuerte y activo sin embargo, en el retiro y la meditación.
Recelosa en extremo por mis amistades de colegio, mi tía sinembargo, tuvo por Laureano, desde el primer momento, la más grande simpatìa y si Flórez u otros condiscípulos que iban a estudiar conmigo poco le agradaban, al ver a García, ligera, bondadosa sonrisa alegraba su semblante.
En la morada de la buena señora yo ocupaba media casa. Allí mi primer Laboratorio, mi cuarto de estudio en donde lucía un inmenso pizarrón y utensilios de escuela y luego el dormitorio cuyo principal adorno era un bellísimo esqueleto humano que para estudio y meditaciones me sirviera. Era el terror de todos en la casa, el tal esqueleto, motivo de disgusto y repugnancia para mi buena tía que lo soportaba, no obstante, como soportó tántas más solamente porque me gustaban.
Concurrían a mi estudio-si pudiera llamarse así mi vivienda-condiscípulos de ingeniería y Ciencias Naturales a repasar conmigo; de allí salió mi amor al profesorado y la claridad de exposición. Pero había días reservados para García.
De vuelta de nuestros paseos, en vez de la suya, buscábamos mi casa; y encerrándonos en mi cuarto departíamos hasta tarde. Mi amigo gozaba de la preminencia-ávidamente envidiada por mí-de tener llave de su casa. Jamás consintiera mi tía que yo usara tal instrumento de libertad; duélome confesarlo ahora, la primera que tuve fue hechiza, adquirida por medios subrepticios de la más desleal falsificación.
La ambición naciente, las preferencias que guiaran nuestros futuros destinos en la vida se esbozaban entonces él, conductor de hombres, almacenador de este gran potencial que se, llama dinero; yo, el estudioso, el que siguiera-cual soliéramos decirlo-la modesta profesión de sabio.
En mi primer Laboratorio - que más parecía la madriguera de un alquimista que la morada de un químico- se hacia práctica la enseñanza teórica que se daba en la Universidad ; desde entonces llamáronme mis amigos FAUSTO, nome de guerre que me sirviera luego en nuestras andanzas amorosas.
Por esa época leyóme García un folletín llamado "Elsa," historieta romántica de la más extrema castidad. Qué impresión me causara? Por que ha influido tanto en mis destidos? Por qué lo considero como punto de partida de la evolución interior que me hizo ajeno a la ambición de ganancia y de lucro? Yo no lo sé; pero ahora, ya viejo, al releerlo, un río de lágrimas corre por mis mejillas. Será el recuerdo? Será la sugestión de la cosa misma?
He aquí intercalada la historieta ; si la generalidad no la comprende, siempre habrá algunos que la puedan sentir.
