El papel moneda.-Fue Núñez lector asiduo del segundo Fausto?-Guerra y agio.-Desmoralización y desmembración.-Tienen razón los separatistas ?- La ruina.-Fin de la vida vieja.-La vida es una sucesión de recomienzos.

 

Después del 86 el doctor Núñez, árbitro de los desti­nos de la República, impuso a la Nación-y contra el co­mún querer-el curso forzoso del papel moneda. Al de­cir contra toda la opinión de la nación debe entendiese que una mayoría inmensa era enemiga de la medida que colocaba a Colombia en una condición monetaria de ca­rácter fiduciario; el proyecto de Núñez encontró entu­siastas, sinembargo, entre sus allegados más íntimos que soterra, cual genios de las tinieblas, veían en el papel moneda, mejor dicho, preveían una época próspera de rá­pido enriquecimiento por medio del agio. El agio, esta enfermedad social desconocida entre nosotros hasta enton­ces y que hizo su primera aparición a raìz de la guerra civil del 86.

 Fué Núñez lector asiduo del segundo Fausto? Reminiscencias hubiera dejado en sus últimos escritos Goe­the inmortal; reminiscencias no aparecen en sus obras literarias, pero la esencia está en la vida de la República.

Llevado Fausto al país de los pergüétanos encontróse con el rey escaso de dineros y lleno de ambición; con­tribuciones no podían imponerse; los áulicos ansiaban di­neros y escasa la moneda falto de energías el país, el rey no sabía qué hacer. Sagaz entonces Mefistófeles dió­les a los de la corte el buen consejo: imprimir en tiras de papel números y decir a las gentes: esto vale tanto...

El Rey, señor de horca y cuchillo, en el país de los bue­nos pergüetanos apoyara con toda su autoridad la medi­da; quiénes atreveríanse a chistar? Y así fué cómo en aquel país lejano que el doctor Fausto recorrió durante su vida de aventuras, la autoridad estableciera el curso for­zoso sobre un pueblo inconsciente de sus necesidades y sin voluntad.

En fin, aquello de la fábula Mefisto lo llevó a cabo sobre los pobres pergüétanos y en la realidad-superando a toda la fábula-Núñez y los que lo siguieron practicá­ronlo en Colombia con el más feliz èxito.

Pudo el potente cerebro de Goethe entrevemos en la región del caos donde viven las Madres, que únicamente ven a los que no han nacido? Decirlo es difícil, pero la historia de la presente actualidad está demostrando que el reino de los pergüétanos no es una ficción; que ha existi­do, que existe….

Las gentes se engañaron al resignarse al dogma que Núñez estableció de los Catorce Millones; sola palabra del inspirado se creyó y es muy seguro que el Reformador procedió de buena fe. Los economistas de verdadera escuela vieron el peligro, lo hicieron conocer y, entre

otros tantos, Colombia jamás podrá olvidar ni a Camacho Roldán, ni a don Miguel Samper que miraban las cosas desde el punto de vista cientifico y desde el punto de vis­ta de la experiencia.

Otros tal vez sinceros, se dejaron ir tras la seducción de Mefistófeles y fueron ardientes panegiristas del papel. La palabra de Núñez, además, pesara como pesaba en otro tiempo la de Samuel en la lejana Palestina tan dis­tante para nosotros ahora en tiempo y lugar.

Catorce Millones, nada más -el monto de los impues­tos-papel de suyo respaldado con las entradas del Go­bierno y más que todo, con la palabra del Profeta.

Colombia entró parte por la fuerza, parte por la fe en el Reformador, parte por la intriga de los que veìan con claridad en el papel moneda su lucro, en el régimen fiduciario del curso forzoso. El papel trajo, como conse­cuencia inmediata, el desarrollo de los negocios y una épo­ca de gran prosperidad, la inyección que se pone al mor­finómano cuando se siente abatido, el trago que se echa al buche para sentir entusiasmo. Ilusión, mera ilusión ….!

 

En la fábula del segundo Fausto, el rey de los per­güétanos experimentó las ventajas del papel moneda; tras la carencia de numerario apareció la abundancia, mas ésta resultó efimera, qué hacer? Emitir mas papel; el Pactolo se había descubierto, Mefistófeles habìa enseñado al buen rey el arte de fabricar la piedra filosofal en una litografía y así en Colombia-cual si Mefistófeles hubiera gobernado nuestras cosas-reproducción fuìmos del reino aquel, del reino de los pergüétanos que lo aceptaron todo….

En el gobierno de Holguín-si mal no recuerdo- fue el escándalo de las emisiones clandestinas: el Gobier­no en apuros emitió papel en secreto; el morfinómano necesitaba una nueva inyección y ya el país pudo presen­tir que las inyecciones irían multiplicándose en frecuen­cia y dosis.

Al mismo tiempo que el país se inhundaba de papel las necesidades de la administración pública crecían, cre­cían cual un río cuyas aguas se aumentan con las lluvias torrenciales. Una figura excelsa aparece aquí ante mi vista interior; veo con la más clara precisión la admira­ble silueta del incomparable Padre Federico Aguilar. Por qué se le ha olvidado tan pronto en Colombia? Por qué este hombre extraordinario ha pasado a las tierras del olvido, dándonos prueba cierta de nuestra ingratitud? Tal lo veo ahora en el púlpito de la iglesia de San Juan de Dios, llenando el recinto con su verbo elocuente y fecundo; su evangélica predicación resonaba bajo las bóvedas como en otro tiempo resonara en Judea la de los Profetas Mayores; cual los, más austeros  Padres de la Iglesia, Aguilar no vaciló en enfrentarse contra todos los desmanes de la época. Mostró al país los peligros del curso forzoso  mostró la ruina que vendría y las revoluciones en ciernes y-otro Juan Bautista-atreviòse el único a echar en cara  a Núñez sus adulterios, a la sociedad bogotana la vergüenza que sobre élla recayera tratan­do a la manceba del Dictador en las condiciones en que la trataban. Los besamanos en el Palacio de San Carlos pasaron por sus labios con la expresión de la verdad y evidenció la vergüenza que sobre todos cayera.

Ni antes ni después orador sagrado tuvo el acento del Padre Federico Aguilar; como èl ninguno ha hablado ni después hablará; grandes oradores hemos tenido y desde el Canónigo Saavedra hasta los doctores Carras­quilla y Cortez el púlpito en nuestra tierra ha visto figu­ras magníficas, pero a Aguilar nadie lo ha superado. Qui­siérale cortar su peroración patriótica la autoridad: la ci­vil y la eclesiástica; mas, él como Cristo, preguntó a las dos autoridades: " En qué he hablado mal ?" Sólo la muerte pudo detener a este varón eximio, sólo la muerte pudo sellar la boca que hablaba la verdad.

Un día todos fuimos sorprendidos con la noticia de que el Padre Aguilar había fallecido casi repentinamente; día de duelo; quizás para alguien pudo serlo de alegría, pero qué efimero. Al presente es bien seguro que las pa­labras del excelso apóstol resuenen todavía en muchos corazones y es de esperarse que una ola de justicia venga en la historia para el humilde nombre del misionero que logró hermanar las nociones-triste es decirlo, que ahora principian a presentarse como antagónicas-de Religión y Patria.

No fue Núñez quien inventó el sistema del apacigua­miento, todos los estadistas lo han practicado; entre nos­otros empero, el sistema del cohecho era desconocido; con la Regeneración lo trajo y tras élla siguió siendo común.

Los besamanos en el Palacio de San Carlos, en don­de Núñez vivía con su querida, eran muy concurridos, has­ta el Arzobispo de Bogotá los frecuentaba. Pero el De­legado Apostólico, Monseñor Agnosi, sabía tener catarro en tales ocasiones y guardar cama las más veces. Figura excelente la de Monseñor Agnosi-primer Delegado que la Santa Sede envió a Colombia-murió en Bogotá tras una cortísima enfermedad y los maledicentes susurraron como la del Padre Aguilar se debia a malas artes; pero quién está al tanto de los misterios de la política?

Falseado el dogma de los catorce Millones a causa de las emisiones clandestinas, la fe pública  se resintió, principiando inmediatamente la depreciación del papel, del tipo del 180 al 200. Tan alarmante baja debió dete­ner al Gobierno en el camino de las emisiones.

Los que teníamos fe en las energìas del pais creíamos firmemente que este-por un movimiento de dignidad co­lectiva-rechazaría el curso forzoso; que un boicoteo se establecería en contra del papel moneda. Imposible ima­ginar algo diferente cuando se tiene la infantil candidez de creer que el pueblo colombiano ea el más noble de la tierra :  Desgraciadamente las cosas no fueron así; el Gobierno sabía muy bien que nuestras masas inconscientes van, como manada de carneros, al matadero, sin chistar.

Las operaciones de agio principiaron a marcarse de manera que hacía presagiar el desenfreno próximo; pero esto lo veo ahora - a posteriori-con la experiencia ad­quirida; antes, mi fe era ciega en que el país reaccionaría.

Deseando volver al punto de partida de mi juventud, deseando volver a la vida de estudio, a los ideales viejos de escribir libros y ser Profesor en la Universidad; abu­rrido del manejo de los negocios, para los cuales mí inca­pacidad resultara completa, cometí la incomparable sim­pleza de vender mis propiedades para hacerme rentero. Recibir intereses, vivir tranquilamente con mi familia estudiando y escribiendo.

La renta que nos procurábamos era buena, nos permitía vivir sin afanes realizando el ideal que Schopenhau­re enseñara como más bello fin del hombre: trabajar por distracción no siendo esclavo del trabajo, gozar tranquila­mente de sus ocios. Por eso el Maestro enseña en aquel, extraordinario libro, que pudiera llamarse el arte de saber vivir, que el hombre debe arreglar primero sus finanzas para entregarse luego a la vida perfecta del filósofo disfrutando de completa independencia y estando libre de las acechanzas de la necesidad.

Qué raudal de lágrimas derramó LILE al tiempo de firmar la escritura de venta de nuestra querida finca; al ver pasar a extraños las arboledas que ya crecían lozanas y cambiar de método de vida y de costumbres.

Buscárame para vivir en lo sucesivo la quinta de la Magdalena tan bella y pintoresca; su antigua casa del más puro estilo colonial, sus frondosos árboles, sus verdes potreros ;  el río del Arzobispo- que  corre en su lindero-todo allí me atraía ; recuerdos lejanos también me fas­cinaran. Aquella era la morada hecha a propósito para quien deseaba seguir una vida de estudio. Cercana a la ciudad ,con la inmensa facilidad de la línea de tranvía que pasa por frente al viejo caserón, la residencia allí me permitía cumplir con los deberes sociales y a un tiempo mismo vivir la recluida existencia del que escribe desde su celda. Al poco mi esposa se conformó con el cambio; es cierto que no vivíamos en una heredad propia pero disfrutábamos de todas las ventajas de la vida campestre social. Más dedicado allí que en El Chorro a la vida de familia la maga de la ilusión sopló sobre nosotros su aliento-con amoroso cariño-de fe y de esperanza.

La baja del papel moneda continuaba implacable; ante mi optimismo mis amigos se reían; pero cómo creer que nuestros conterráneos fuesen seres indignos. Imposible imaginarlo; erré porqué creí a las gentes llenas de dignidad, creí que había energías.

Desde algo antes del 99 el malestar general se acen­tuaba; en las conversaciones de corrillo y en la intimidad se hablaba de que la guerra civil era inminente. Poco después se presentó ella; la hirsuta figura del desorden, alzando en alto la tea de la discordia y seguida de sus horribles sicofantes : el hambre, la ruina y la muerte.

Duró tres años la bestial contienda durante la cual los hombres se asesinaron, se mutilaron llenos de un odio inconsciente y estúpido; tres años durante los cuales el fruto del trabajo se perdió, el desprestigio y la ruina vinieron sobre todos.

La historia inexorable-la Némesis incomparable que a través de las edades lo pesa todo en la fiel balanza que la verdad le lleva-marcará con el hierro ardiente de su fallo a cuantos intervinieron en el movimiento cuarte­lario del 31 de Julio. Quién los guió! Qué inteligencia superior manejó como fichas de ajedrez a los que entraron en esto? No lo sabemos, pero lo presentimos.

         En el fondo de la conciencia pública están bien deli­mitados los contornos de la entidad anónima que supo engañar las nobles aspiraciones de muchos y conducir a la Patria a la más grande contienda. Nada queda oculto en la Historia de los pueblos; por el primer momento no se sabe nada, con el transcurso de los tiempos todo se ha aclarado y la verdad histórica brilla algún día. De qué sirvió el "Plan Admirable" de la Médicis para acabar con la Reforma en Francia ?  De qué sirviera" el salir del Ereje" y toda la obra de Ravaillac?; de nada. Efímero, por un momento él triunfo es, en definitiva, pírrico.

        Como no escribo política ruego al lector me perdone este corto desplante;  necesidad tal vez para el país pudie­ra ser la guerra; limìtome a lamentarla tanto en general como en particular, pues ella me trajo la ruina, la absoluta ruina. Afortunadamente para mi tras  los días oscuros que siguieron al general desastre volvió otra vez el astro del día a relucir:

 

 

"Que aún después de la noche más oscura

alegra el sol y vívido fulgura"

 

                     Apremiado el Gobierno puso en actividad la litogra­fía; se movieron las prensas; los rodillos entintaron y el papel moneda, como río corriera-lava devastadora-- quemando la riqueza común y lo que es peor todavía modificando las nociones generales de la buena economía del pueblo.

                    El agio se hizo dueño absoluto de todo y, sobre la ruina de millares de pequeñas fortunas, se fundò la enorme riqueza de unos pocos.  Quién pudiera, creer que los colombianos se resignaran al deprecio de la moneda na­cional y en forma tan increíble?; del 200, al principiar la guerra, bajó al 1000; poco después, al 3000, al 5000, al 10000….Horrorizados vimos en Bogotá saltar el cambio de un día a otro, del 10000 al 20 000; lo que valió 1 valiera entonces 200 veces menos; un peso se convirtió en medio centavo. ….

Describir la furia de especulación, la confusión de ideas que reinara en el país durante esta época aciaga puede ser objeto de un libro, libro que ha de enseñar lo increíble en materia de psicología social, triste para nos­otros cuanto evidenciará la dosis macisa de tonterìa con que el Criador se dignó dotarnos.

Es indiscutible que el Gobierno de los Marroquines ha sido el màs funesto para el país; su obstinación en continuar la guerra de los tres años que hubiera podido terminarse en corto tiempo a no ser por el lamentable 31 de Julio; el increíble, inimaginable abuso de la litografía nacional y más que todo el no prestar atención al clamor que venía de las apartadas regiones de la República, a la voz de los pueblos distantes, todo esto unido da a las figu­ras de los Marroquines carácter excecráble ante el pueblo colombiano.

El 3 de Noviembre de 1903 llegó a Bogotá la noticia de que el Itsmo se separaba de nosotros; quería formar casa aparte, libertarse del yugo que el peor de los gobiernos colombianos impusiera, como pesada carga, sobre la cerviz de los panameños. Pocos días antes de la separación de Pa­namá circuló en la capital de la República la más curiosa conversación de corrillo: se dijo que cuantos quisieran ha­cerse ciudadanos norteamericanos concurrieran a la Lega­ción para inscribirse. Preciso es disculpar a los que fueron; qué distinto es escribir ahora al cabo d' quince años de paz que escribir entonces bajo el régimen cruel, despótico y arbitrario del más pérfido de los hombres que diera Co­lombia; si, preciso es disculpar a los que, ansiosos de una liberación; no se creyeron obligados para con la Patria- no madre entonces sino madrastra-que trató a sus hijos con sevicia. Me preguntaba yo: tienen razón los que qui­sieron separarse de nosotros ?, e ingenuamente me contes­tara que nadie está obligado a hacer casa comùn con aquellos que lo maltratan.

El sentimiento unánime en el país que todos tuvimos de ir a Panamá a ahogar la rebelión dando, si fuere necesario, nuestras vidas por la Madre Comùn, fue ahogado imperativamente por los Marroquines, y los que- llenos de entusiasmo - marcharon a combatir a los rebeldes fueron desamparados en las inhospitalarias costas del Atlán­tico y muchos allí murieron de necesidad. El Gobierno procedió con la más suprema cobardía: qué otra cosa po­dría esperarse del cìnico que, sin el menor sonrojo, dijo:

"YO HE SIDO EL MEJOR PRESIDENTE QUE HA TENIDO COLOMBIA, RECIBÌ UNA REPÚBLICA Y DEVUELVO DOS!!!!! "

En ninguna de nuestras guerras civiles se vieron ta­les ejemplos de barbarie y llegar la desmoralización a tan alto grado como en la de los Tres Años. Las persecuciones ejercidas por el Gobierno fueron tales que no hay palabras con qué ponderarlas. En medio de la desolación general, de la ruina común, los agiotistas se enriquecían con la miseria de otros; en medio del desastre reinaba en Bogotá y en las otras capitales la más grande activi­dad en cierta clase de negocios ; fundábanse bancos sin más capital que el que esperaban les entrase con las pri­meras especulaciones; compañías anónimas cuyo objetivo no se podía distinguir bien y, en fin, cuanto la más desen­frenada especulación puede imaginar....Y el río de papel moneda crecía, crecía inundando el país.

Interesados a la larga ambos bandos en que la gue­rra continuara, pues de ella derivaban algunos sus rique­zas propias, se vieron cosas increíbles: baste citar el caso de dos hermanos jefes, el uno de fuerzas del Gobierno, el otro de fuerzas revolucionarias, que se repartían entre si y con un tercero-figuras siniestras si los hubo en esta tierra-el monto de las expropiaciones, los empréstitos y los robos con que oprimieran y desvalijaran a las pobla­ciones. Libros enteros pueden escribirse citando casos análogos; pero como este no es mi propósito baste un ejemplo para muestra y sigamos adelante.

Tocóme en suerte recibir el pago de cuantiosas acreencias cuando el cambio estaba al 20.000; víme cons­treñido a recibir bastante menos de la doscientava parte de lo que creía tener y mi ruina fue completa.

Para quien se educó en las mas extrictas enseñanzas de lo que es la conciencia, hay cosas inconcebibles; desgraciadamente la multitud sòlo posee una conciencia arti­ficial: la de la Ley.

Cuando se estableció la paz fue cuando se pudo esti­mar la inmensidad del desastre: La Patria estaba en ruina, desmembrada, desacreditada entre propios y extra­ños. Ante todas las conciencias se impuso la necesidad de confiar a un hombre de superiores energías el timón de la barca zozobrante, la Patria que se hundía. De aquí provino que casi por el unánime consentimiento se llevó al General Reyes al solio presidencial.

Dejando asuntos de orden general y volviendo a mi propia persona bien puede imaginarse mi enorme descon­suelo al mirar por tierra todos los castillos que habla fa­bricado, ilusiones desvanecidas y como única esperanza recomenzar.

No sé si para todos pero para mí sí, la vida ha sido una sucesión de recomienzos. Principiar una obra, poner en ella toda la esperanza para verla desvanecida de repen­te cual si un genio maléfico la barriera con una escoba; principiar otra con el mismo resultado y en esta serie de recomienzos, pasar la vida entera.

Empero yo me alegro de que mi existencia haya sido tal como ha sido, pues de esta manera he podido ver tantas cosas; vivir, si pudiera decirse así, infinidad de vidas. No hay en esto una compensación?

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