El Valle   del Cauca.-Cali y Popayàn .-Las carboneras.-Potencialidad e Incapacidad.-EI problema negro.


Poco antes de iniciarse la época cuaternaria una gran parte del país estaba ocupada por inmensos lagos, talvez resto del antiguo océano que llenó el territorio de casi toda la América, al final del Cretáceo. Es bien posi­ble que con el transcurso del tiempo las aguas se hicie­ran dulces; esto es lo de creerse más. Pero fueran mares interiores o lagos, el hecho es que grandes masas de agua ocupaban considerables extensiones.

Las sabanas de Bogotá, Ubaté y casi todas las tierras al norte formaban la primera y más alta extensión lacus­tre; la masa líquida estaba retenida por la reticulación transversal de lo que ahora corresponde a la grieta de Tequendama y por los lados lo estaba por los delineamientos de la cordillera al oriente, y al occidente por un eje paralelo al anticlinal principal que entonces debió ser de mayor importancia de lo que es ahora la pequeña cordillera de Suba. Guardando cierto paralelismo con el lago de la altiplanicie dé Bogotá, el  Valle del Tolima constituía la segunda extensión lacustre enmarcada entre las cordilleras oriental y central y retenida por una transversal que, poco más o menos, se extendía correspondiéndose con lo que ahora es el Pongo de Nare. Finalmente el Valle del Cauca, desde la grieta de la Virginia hasta cerca a Popayán estaba ocupado por las aguas; superior a él se extendía el lago correspondiente a lo que son ahora mesetas de Mercaderes y otras cerca­nas, este último lago era retenido hacia el sur por la ele­vación que todavía existe de la cuchilla del Tambo. Podemos llamar los comienzos de la época cuaternaria, el periodo lacustre colombiano.

No se puede conjeturar si el hombre ya existiera en teste período de la historia de nuestro continente; pero si hay datos ciertos para saber que las elevaciones del terreno estaban pobladas de altas hierbas donde pacìan los mastodontes y otros paquidermos y en las aguas quizás los últimos representantes de la fauna cretácea.

Si el hombre no existía, el semnopictecus había recibido ya en su cerebro las células capaces de impresio­narse progresando; pero algunas tradiciones de los aborí­genes inducen a creer que el hombre de las cavernas fue testigo de la desecación de las aguas que tuvo lugar en la etapa geológica subsiguiente.

El movimiento orogenètico de la corteza terrestre se continuó lentamente por un largo espacio al cabo del cual esta calma en la formación cedió el paso a un periodo verdaderamente cataclístico. El movimiento se hizo más acentuado; las reticulaciones transversales, sometidas a esfuerzos de tracción, se fracturaron y a un tiempo mismo hicieron su aparición activísimos volcanes que ocuparon gran parte del territorio del sur de Colombia y casi todo el eje de la cordillera central. Rotas las reticulaciones transversales las aguas hallaron paso, y tras la desecación se produjo la formación de los grandes valles andinos.

Con el período cataclístico concuerdan todos los fe­nómenos concomitantes : discordancia de las capas estra­tificadas, fallas, hundimientos, erosiones y denodaciones que terminaron el relieve actual y topografía general del territorio colombiano. La obra natural de modificación continuóse, como se continúa al presente, hasta que nue­vas convulsiones del planeta la alteren dando lugar a otros relieves.

 El volcanismo, en este periodo que designo cataclístico, fue de tal magnitud que apenas nos lo podemos imagi­nar y durante él las lavas sacaron del interior los valiosos metales que han hecho de nuestro país uno de los más ricos del mundo como productores de oro y plata.

No puede aceptarse la teoría de que la América del Sur fuese en su origen deshabitada y poblada luego por emigraciones asiáticas u otras, todo induce a creer que hubo autóctonos (hijos de la tierra) y que éstos recibieran más tarde la influencia de emigrantes es lo más posi­ble. La historia de las razas americanas está por hacer; al progreso de este estudio se ha opuesto como obstáculo,  por una parte la negligencia en la investigaciòn y por otra la creencia de que el continente fuera originariamen­te poblado por emigrantes de otras partes.

Dejando generalidades volvamos al Valle del Cauca. Descripción no cabe. La belleza de este inmenso llano es tal que una descripción estética sería inoficiosa; cuan­to puede hacerse es dar algunos detalles que hablen algo a la imaginación. Se extiende desde Cartago a Popayán cortado a lo largo por el río Cauca-y si semejante en mucho al valle del Magdalena-difiere de él por cir­cunstancias diversas, dijéramos específicas,  y sobre todo en la pasmosa fertilidad de sus terrenos. No es un pajo­nal amarillo, cómo el otro, sino un gramal verde esmeralda y en esto muy parecido a la Sabana de Bogotá; no caldea el sol los sesos del viajero, pues hay frescura en él ambiente, y las matas de monte que a cada paso se en­cuentran boscajes son de frutales cuyo aroma perfuma el aire. Sólo en el valle del Cauca como teatro se pudiera escribir la María de Isaacs. Los ríos descendentes da las cordilleras-y que abastecen al Cauca de uno y otro lado-son tan diáfanos, tan limpios, tan graciosos que  cada uno de ellos pudiera haber servido en el paraíso para de­leite de nuestros padres antes del pecado. No es exageración referir que tierra del Valle se ha llevado a otras partes como fertilizante, con soberbio resultado.

No reparte el río Cauca el Valle por mitad la banda oriental es más extensa y en verdad la más pintoresca cuanto a la occidental el río se arrima a la cordillera de Cali para adelante. Sobre este suelo privilegiado se levan­tan numerosos pueblos: los unos antiquísimos, q' fundaran Robledo y Ampudia, conservan el sello español adusto y anticuado; otros de erección reciente respiran la alegría d' la vida nueva y de la juventud que florece; Tuluá, entre ellos y Palmira. Cerca a esta última corre el río Anaime en cuya vecindad está la casa donde Efraín y María alentaran sus castos amores, esmeradamente cuidada la tradicional morada, es objeto de la peregrinación de muchos que van allí, como tantos otros al cementerio del Padre La Chaisse, al túmulo de Heloisa, por dejar flores sobre la tumba de María. Aquí recorre uno los propios lugares en don­de se desarrollaban los conmovedores acontecimientos de la más popular narración en el género de la novela nacional. Los naranjos y las flores que María cultivara subsisten todavía, perennes en su floración y remembrán­dola con tanto amor como la recuerdan los que de ella oyeran hablar.

Sin ser sentimental, atraído por la belleza del paraje, demoré a orillas del Anaime en la deliciosa casa del puente casi una semana en ocasión en que viajara con mi familia de Bogotá a Pasto. Gozara entonces de la vida en flor; a mi lado, la incomparable compañera, la que conmigo colaboró en el estudio y alegre siempre conmigo compartió la adversidad. Tiernos retoños a nuestro lado bullían, sonriente la felicidad en nuestro hogar, auncuan­do en éxodo para tierras extrañas dejando atrás todo cuanto forma la patria chica. Mi esposa, tierna admiradora de la María de Isaacs quizo visitar el Paraìso y por este motivo yo fui peregrinante a la morada en donde vi­vió la novia de Efraín.

La ciudad más comercial en el Cauca es Cali, de fundación antigua, cuya prosperidad se debe a que es el punto obligado de arrivo de todo cuanto viene o va para él mar en el valle del Cauca; un puerto en tierra. En no muy lejana època, un mal camino de  herradura iba, de Cali a un puerto sobre el río Dagua, y la a la peligrosísima navegación de esta corriente servían el tráfico hasta la Buenaventura. Las peripecias de la navegación del Dagua han sido

descritas por Cordovés Moure y otros, con vivísimos colores. Con tesonero empeño, el Departamento del Cauca trabajó hasta ver realizada la obra del ferrocarril del Pacífico, que liga a Cali con el mar.  Hoy el ferrocarril es una hermosa realidad pero cuantos años de desesperanza y aún de desánimo!  La historia de esta empresa tan plagada de peripecias financieras, resume en si buena parte de lo que ha de formar  algún día capítulo bien interesante de la historia patria : las negociaciones.

Con la llegada del ferrocarril a Cali y su extensión por el Valle, la capacidad comercial de la importante metrópoli se ha decuplicado y el progreso por ende.  La ciudad, a pesar de su creciente comercio, conserva su aspecto colonial ; se moderniza lentamente....

No se modernizan de un día para otro ninguna de nuestras ciudades coloniales;  se edifica pero conservando los lineamientos generales de la urbe española, sobre el mismo esqueleto de la arquitectoniza la nueva carnadura.

Me acuerdo que después de diez y siete años de ausencia  en Europa, regresó a Bogotá mi hermano Ricardo, quién con profunda tristeza, exclamaba : " Bogotá no ha progresado en tanto tiempo! ";nosotros -  los bogotanos - que creíamos en el inmenso progreso de nuestra ciudad nos admiramos del pesimismo de Ricardo; pero este nos decía : " Progresar una ciudad es transformarse y que transformación se ha operado en Bogotá?  Ha crecido algo por yustaposición de nuevas edificaciones dentro del mismo plan colonial, pero ahora, al cabo de diez y siete años me encuentro el mismo Bogotá que conocí de niño. "

Si Cali se transforma lentamente, no así sus habitantes, ellos están caracterizados por una progresividad pasmosa, intelectual y políticamente puede asegurarse que la sociedad caleña va a la vanguardia en la marcha hacia adelante con los núcleos mas progresistas del país , tales como Bogotá y Medellín.  El caleño guarda muchos puntos de analogía con el antioqueño, es emprendedor, activo y de clarísimo ingenio.

Desde lo antigua , sabe Dios si desde Belalcazar y Robledo - entre la capital oficial ( Popayán ) y la capital comercial ( Cali ) del Cauca se originó la pugna regionalista en la cual venció Cali conquistando la autonomía departamental como lo hiciera Nariño. Al constituirse el Valle en entidad departamental autónoma  se satisfizo una necesidad , digámoslo así de la economía de la república.

En las cercanías de Cali la cordillera occidental está formada por las mismas rocas de la oriental en los alrededores de Bogotá; aquí aparece la arenisca con capas intercaladas de huya de la misma clase y caracteres que la de Bogotá, prueba cierta  de la unidad  geognóstica de la formación. Pues bien, las huyeras de Cali permanecieron inexplotadas durante centurias; quiera Dios que ahora principien a explotarse.

Potencialidad e incapacidad , he aquí tres palabras que cobijan la idiosincrasia colombiana: Colombia posee en potencia riquezas incalculables, pero ya sea por las dificultades  u otros causales , los colombianos somos incapaces para ponerlas en valor.  De qué depende esto?

El valle del Cauca confronta un problema temeroso , uno de los problemas mas graves que pueden presentarse: el problema negro o sea el problema de la razas.  En otro capítulo todo el punto inextenso; pero es indispensable hacer hincapié aquí para lo que ha de leerse más adelante.

La cantidad de negros existente en el valle del Cauca es enorme, no conozco estadística precisa; pero calculo al ojo y, dentro de tal apreciación, es de temerse que el elemento negro forma la mayoría de la población.  Qué podemos hacer ? Resignarnos al predominio negro ? Tomar medidas que sean favorables  ala raza blanca ? Cruzar las razas con la mayor rapidez para formar un término medio homogéneo y evitar el predominio del amas fecunda ?  Cuestiones son éstas que el legislador debe afrontar con criterio cientìfico y  ardiente patriotismo resolviéndolas en el sentido favorable para el progreso de la patria.

Por cualquier camino se llega a la verdad con tal de que el camino se siga lógicamente.  LA confusión de las ideas - como lo dijo Núñez - es el cáncer que enferma al país , el que lo lleva a la caquexia moral; no olvidemos que la cuestión razas es uno de los problemas nacionales que mas debe preocuparnos, que debemos formarnos al respecto ideas muy claras.  Si queremos patria fuerte, hagamos ante todo una sola raza fuerte .  Acabemos con la heterogeneidad y realicemos el ideal de la homogeneidad racial.

Muchos dirían que en Colombia el problema negro no es problema; que se lo  pregunten a los caleños para saber si, con los negros levantiscos y cimarrones de El Bolo, no hay problema; que la misma pregunta se dirija a quienes tengan que ver algo  con el Patía , con Barbacoas o con cuantos otros puntos de la República en donde predomina el elemento cáinico.

 

NOTA.-Algunos capítulos están incompletos ; deben tomarse como fragmentos. El esqueleto sobre el que hay que dibujar mucho todavía. Cuando?
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