Túquerres.-" El Porvenir."-Muerte de LILE.-Desolación y orfandad.-Luchando contra una getattura-Qué quiere Dios de mí?
"Quien vive de ilusión al fin despierta
con faz transida y esperanza muerta"
( Florilegio). P.P.G.
Cuenta el Padre Velasco, en su Historia del Reino de Quito, que llegados los conquistadores a la altiplanicie que se extiende entre Túquerres y Pasto encontráronse con los Quillasingas, agrupación indígena que los sorprendió, no tanto por su apatía cuanto porque en estos aborígenes no encontraron signo alguno de religión. Oh ley de los contrastes ! maravillé rase ahora el sabio sacerdote y buen cronista al ver que aquí mismo-donde se horripilara Belalcázar con la falta de religión entre los indios- es el centro fecundo de la más grande religiosidad imaginable; quizás porque los pobres Quillasingas no tenían nada en lo, espiritual, bebieran ávidamente, en las fuentes, hasta emborracharse.
Túquerres demora a 3 100 metros de altura sobre el mar; pero su clima es benigno; su cielo-como el cielo en casi toda la extensión del Departamento de Nariño- se mantiene, por lo general, nublado el sol apenas brilla, de cuando en cuando, calentando la tierra con sus rayos benéficos. Las gentes al verlo se alegran, de las tiendas y aun de las casas salen los moradores a la calle a solearse. Qué triste es esto para los que venimos de tierras en don- de el astro esplendoroso lo anima todo y alegra, durante casi todo el año!
Ciudad, una de las más antiguas en el Departamento;
Túquerres-puerto que pudiera llamarse en tierra- sin embargo, no ha
progresado. Por esta localidad pasa un tráfico mnayor que el que
pasó por Manizales en años anteriores y sin embargo, a pesar de
este tráfico, Túquerres no se mueve; es como la vera del camino
despoblada y desierta que ve-si pudiera ver-los cargamentos, las
riquezas, las mercaderías indiferente y apática. Pasa, pasan todas
las cosas que sirven para engrandecer a un pueblo; pasa todo ello
por Túquerres, y Túquerres indiferente (talvez conforme, talvez
inconsciente), lo mira pasar...
Vieja, enmohecida rancherìa ubicada en una de las más bellas y
pintorescas localidades posibles es esta ciudad-talvez dependa esto
de causas climatéricas-la más indiferente al bienestar, a la
comodidad, al confort y a todo lo que las gentes urbanizadas miran
como bueno. Es cierto que en todos los pueblos de Nariño predomina
esta indiferencia; pero salvo, en los muy miserables, en ningún
lugar se señala tanto como aquí.
Recostada en las faldas del Azufral, la ciudad, se extiende sobre una extensión considerable; hacinamiento de casas pajizas en la mayor parte, cuyos techos cubiertos de vegetación llevan al ánimo la impresión más triste ; las calles tortuosas -algunas empedradas a trechos con toscos guijarros --no tienen otro pavimento que la tierra misma; barrizales en invierno, asfixiante polvareda en verano. El aseo se hace, como en todas las viejas urbes de la Colonia, por acequias laterales: focos infectos a ciertas horas de la noche y de la madrugada. Inmensa la plaza en pura tierra mal apisonada ocupa, digámoslo así, el centro; en el medio del plazolón una vieja pila española de piedra mal labrada se levanta solitaria y triste dejando correr el agua en los corto intervalos en que las basuras no obstruyen la cañería principal. Allí concurren mujeres en follados, chiquillos y otras gentes a coger el agua para sus menesteres; cultivo de microbios, diría yo, que no agua; por épocas el tifus y otras epidemias diezman la ciudad.
Lo más inconcebible en Túquerres son las aceras, una gradería. Corno el poblado está en declive, cada casa o tienda conserva su nivel y las aceras vienen a ser escaleras por donde uno se admira que caminen, sin romperse las crismas, viejas beatas, mujeres y hombres en zuecos.
Corno en Pasto ahora diez años, aquí al presente, las mujeres no se alzan el traje y arrastran sobre la sucia calle la cola del vestido barriendo con ella polvo e inmundicia; sòlo las ñapangas, que usan el vestido alto,-dejando ver el pie-se libran de semejante barredura.
Impresiona terriblemente,-la primera vez que uno visita Túquerres- ver que la mayor parte de las habitaciones esta apuntalada por causa del desplome hacia el lado de la calle y aun se contemplan fábricas, apenas en construcción, necesitando el pie de amigo para sostenerse; pero me engañaba.... no es esto lo que más impresiona al viajero, lo más horrible es la Iglesia Matriz: levántase en una esquina de la plaza con un descuadre de varios metros en el sentido de la calle y como emblema de la apatía de estas gentes sus dos torres, en ruinas, producen la más desagradable impresión. El extranjero que pasa por Túquerres, al ver tal iglesia, juzga a este pueblo indiferente en religión, pues es imposible imaginar que pueblo que mira su templo parroquial con tal descuido pueda ser un pueblo religioso. Al filósofo se presenta la cuestión: será la religiosidad presente de los Quillasingas un puro barniz superficial que la mano demoledora del tiempo ha de arrancar en breve ?
Corno las ostras que no desean cambiar la posición en que viven ni mejorarla, porque así como están estén contentas, lo mismo parece que sucede en este lugar, no se desea nada, cual se está al presente así se esta bien de por siempre. Pero es indispensable introducir una distinción: una cosa son los dirigentes, otra cosa es el pueblo, el pueblo de Túquerres es perfectamente apto para comprender el progreso, para comprender el bienestar, para comprender otras muchas: cosas; está comprimido nada más. El día de la expansión llegará.
Al rededor de la ciudad tierras fértiles poseídas por indígenas incapaces de toda noción de mejora y en cantidad muy considerable vienen a constituir un problema en varios sentidos, Hacia el Noroeste- pero no visible desde la ciudad-se extiende la sabana de Túquerres, fértil pero triste; antiguo lago que se desecó cuando la ruptura de la gran grieta del Sapuyes. A diferencia del valle del Cauca o de la sabana de Bogotá lagos desecados cuyo fondo quedó a nivel porque ningún sismo posterior rompió la continuidad de su superficie, la sabana de Túquerres - sometida a movimientos posteriores,-es ondulada. Las tierras feracísimas de la sabana, como casi todas las propiedades rurales de valor en el Distrito, no pertenecen a tuquerreños sino a pastusos y es para mí seguro que la causa principal de la malquerencia de aquellos por estos se deriva de esa circunstancia.
Me imagino a veces que la causa principal, quizás la única de esta apatía que se observa en Túquerres, dependa del inmenso desencanto que sobre un pueblo tiene que venir cuando él no es el dueño de las tierras aledañas; cuando ve cultivarlas y beneficiarlas por forasteros. Mera hipótesis que probablemente concuerda con la verdad.
ECCO IL LUOGO!... Trasladé mi familia a Túquerres para quedar más próximo a la empresa minera EL PORVENIR, en donde me iba a enterrar, por algún tiempo, en la seguridad de rehacer mi fortuna una explotando los buenos veneros que la providencia nos habìa deparado. Cuánta ilusión! cuánta esperanza confortara mi espíritu! La suerte-me imaginaba -sonreía suavemente conmigo; los ricos yacimientos estaban allí, las máquinas también, la voluntad firme en mi interior y el trabajo barato, complemento de todo, fácil de encontrar.
En que rancho tan miserable vine a vivir, en Túquerres, con Lile y con mis hijos ; mas qué importaba ? pronto habríamos de salir de allí, pronto volver a la cuidad querida que el águila guarda sosteniendo entre sus garras la granada de oro, símbolo del contento y el bienestar .... Jamás Volvimos.
Dos caminos pueden seguirse para ir de Túquerres a la mina EL PORVENIR: el uno bastante corto, fragoso y pintoresco es el del Azufral ; el otro suave y ameno da un largo rodeo para salir al mismo punto que el primero.
Nuestra empresa minera demora en la vertiente occidental de la gran serranía del Gualcalá, a 3 400 metros de altitud, en la región del páramo frío y desapacible. Dando el rodeo por el buen camino de Barbacoas se sigue esta vía hasta el sitio llamado Puente Alto que está sobre el río Guayo; en la primera parte del trayecto gozan los ajos con la vista de la sabana de Túquerres a la que, desde lo alto, bordea el camino, allá a la izquierda alcánzanse a divisar las nevadas cumbres del Chiles y el Cumbal, picos aislados de la serranía ; más lejos colúmbrase el Cayambe, en tierra ecuatoriana. Relativamente próximo el pueblo de Sapuyes, más allá quedándose atrás está Guachucal y entre ellos la vista presiente divisar el campo glorioso de Cuaspud, teatro memorable de las hazañas de los héroes colombianos en época no muy remota.
Asciende suavemente el camino (parte del carretero que ya está hecho) y dejando atrás el progresista casería del Espino se penetra en una regíon de páramo-especie de planada en donde se suavizan las tildas occidentales del Azufral-llamada Chimangual. Aquí nos espera un admirable espectáculo: al frente, al norte, se levanta la alta serranía del Gualcalá, el eje antinclinal de la cordillera de los Andes occidentales. Altísimo, dominándolo todo, un obelisco se yergue semejando un dedo que señalara al cielo: es el picacho del Gualcalá, conocido en geografías con el nombre de pico de Mallama; millares de veces lo he visto desde Chimangual y siempre lo he admirado; también en el pie de su base he estado y me ha sobrecogido su aspecto magestuoso y siniestro.
Qué pensarían los aborígenes-los mallamas- de esta columna que hasta las nubes se levanta sobre lo más alto de los cerros ? Grande importancia debieron darle porque aún, en el día de hoy, los restos degenerados de la tribu lo miran con temerosa admiración y mil fábulas y leyendas vienen trasmitiéndose hasta el presente desde los tiempos ancestrales.
Adelante de Chimangual principia el descenso hasta el río Guavo. El camino que, admirablemente trazara D. Julián Uribe, se desarrolla sobre el corte abrupto de un antiguo cráter en la Calera; el haber aprovechado el Ingeniero la concavidad del cráter para desenvolver un helicoide en descenso es cosa que admiro siempre desde la primera vez que visitara el camino.
Desde arriba, al principiar la bajada en Champú, se distingue la blanca pista desarrollándose en suave hélice hacia abajo costeando la ya enmudecida boca del volcán y luego siguiendo la margen del río Guayo hacia abajo hasta que allá, en una revuelta cerca del caserío del Guayo se la pierde de vista. Cuánto debió gozar el ingeniero que construyó esta vía contemplando, la mejor parte de su obra, desde la cumbre de Champú!
Bajando a la Calera-con el cuerpo todavía entumecido por el frío del páramo--se reacciona en la suave temperatura de un clima benigno; pero nada más, aquí no hay él vaho perfumado qué sube de las tierras bajas en otras localidades, ni frutales, ni plantas olorosas, ni azahares como los que embalsaman el ambiente y con su aroma lo saturan por leguas en las tierras calientes del oriente de Bogotá.
En la Calera hay que mirar dos cosas: el abrupto altísimo desde donde se viene- muerto cráter de paredes verticales y estriadas -que impone espanto todavía; y... el Padre Manuel Silva, grotesca figura que también pone espanto a los pobres de espíritu por estar revestido del sagrado ministerio. Qué extraña figura es la del Padre Silva! con él converso siempre que paso por allí. Un pope ruso sin quitar ni poner nada; viejo ya pero siempre ebrio es una de las fisonomías que más me ha llamado la atención; feo, de un feo bestial; su cara justifica las historias que de él se refieren. Tiene una pequeña casa a la vera del camino; en la parte alta un oratorio, en la planta baja un estanco y los domingos celebra la misa llorando sus pecados delante de los oyentes que lo escuchan, temerosos de que, al remate embista como toro sobre alguna hembra bien parecida de la concurrencia.
Desde a caballo, en medio del camino, conversando con él que está en su balcón, alzo la vista al cielo y veo los buitres-el magnifico cóndor de los Andes-planeando en la altura; describiendo las perfectas volutas de su vuelo y al mirarlos no puedo menos de pensar: Oh libertad, oh libertad de las almas cuándo vendrás a nosotros?
En Puente Alto se aparta la vereda que va a las minas, estrecha senda, ascenso duro sobre la escarpada falda. Como a media hora se llega al humilde, pobre y miserable caserío de Mallama.
Demorèmonos un momento aquí para seguir luego el viaje. Hacemos la posada (pascana como en el Sur se dice), en la pobre choza del buen indígena Ramón Ipiales; comemos su cocido, ullocos con papas, sin carne y un plato de habas bien sazonadas a la india. Comidos tendemos el encauchado sobre el desigual piso de la ibza y cubriéndonos con lo que llevemos, dormimos descansando de la jornada.
La leña arde en la tulpa (el hogar de tres piedras), con llama alegre, a veces el humo molesta en los ojos; pero la casera sopla para reanimar la llama. Al rededor de la tulpa varios indios e indias--invariablemente feos- están en cuclillas calentándose a la lumbre, silenciosos e inmóviles, restos regresivos de una raza que se dice fue potente en la época de la conquista.
La noche se pasa como se puede; durante la noche el permanente chillido de los cuyes ( el pequeño roedor que se cría en todas las casas pobres y que es la providencia alimenticia ) y su continuo trasegar interrumpe el sueño; al despertarse molesta a la nariz cierto tufillo incómodo; pero al sueño se vuelve. El viejo Ramón traía de ser agradable Excelente alma, pobre de espíritu- bueno y querido viejo-ya te veré cantar en las alturas himnos espléndidos, tú, humilde aquí ya te sentarás allá, en tu silla de oro, rodeado de los buenos, de los que tuvieron tu buen corazón. Temprano levantarse ; prende la casera el fogón y el humo, llenando el estrecho aposento, asfixia.
El pueblo de Mallama, así se cuenta, fue de gran importancia, hoy día está reducido a tres o cuatro chozas en donde viven algunas familias. Pequeña meseta-una planada de unas diez hectaras de superficie-es la localidad, abrigada de los vientos fríos y de una temperatura agradable como que está a algo menos de 2 500 metros de altitud.
La iglesia es bonita, construyéronla los cascarilleros en los tiempos en que la quina, vulgarmente llamada cascarilla, fue un buen negocio por estas latitudes y cuídanla los indios con amor tan grande que uno se siente obligado a no ser menos que ellos; se provoca uno y gústale ayudarlos para la ornamentación del templo y su sostenimiento.
Cuentan que el viejo Cacique, el gran Mallama, hombre pacífico y de quereres, poesìa una mina de plata en donde el blanco metal se cortaba a cincel ; en donde estuviera la mina? eso no se sabe. Pero la tradición conserva el recuerdo de que él con su esposa, la más querida, trajinaba por un subterráneo para llevarla-a ella la que quería-a contemplar el nido en que la blanca plata refulgía a la luz de la antorcha. Pobres indios mallamas de sus glorias pasadas nada queda, ni el recuerdo siquiera de su lengua; como los chibchas la olvidaron, tan débiles eran.
Sigamos ahora andando cuesta arriba por el camino que conduce de Mallama a Guachavés, otro pueblo de indios que perdió toda idea de sí mismo. Sobre gradientes del treinta al cuarenta por ciento se extiende la ruta, importantísima vía que el Gobierno del Departamento no ha querido atender, y se sube y se sube; jadea la bestia, acesa, a veces quiere uno desmontarse para aliviar al pobre animal; pero se continúa, el caballo descansa a trechos anhelante, córrele el sudor por los miembros y luego continúa. De esta manera, en una corta línea, se ascienden verticalmente centenares de metros; al fin una planada, es el punto llamado "La Cruz;" de ahí para adelante, con pendiente y contrapendiente el camino nos lleva a la vereda de Imbú: de trecho en trecho--a uno y otro lado- lbzas mezquinas señalan la vivienda de familias indígenas, pobres seres perdidos en la montaña, mal alimentados, peor vestidos y desnudos de toda instrucción!
Así se crían en nuestra tierra millares de criaturas, hermanos nuestros por todo vínculo; olvidados de todos y más que todo de los que se han abrogado, en Colombia, el título de clases dirigentes; clases que lucran para sí sin acordarse que también para otros Dios hizo el pan, Dios hizo las cosas fungibles y que Dios impuso sobre todos-como único imperativo categórico-la caridad.
Aquí en Imbú principia lo más duro de nuestro viaje: trepar el repecho tremendo que nos ha de hacer subir 800 metros sobre una pendiente bestial. Es el camino que uno de mis socios construyera para llegar a las minas, el trazo idiota siguiendo una parada cuchilla sin preocuparse de nada. No describo la ascensión .... encontrémonos ahora, por arte de aerostato, en EL PORVENIR.
Cuál fue mi vida allí ? trabajar materialmente.
Llegado el nuevo molino -repuesto del que naufragara en el Chiriquí-era de ir a montarlo y el amarillo vendrìa en seguida fluyendo cual río a llenar nuestras arcas. A erigir la maquinaria me fui y principiaba apenas la obra, cuando EL IMPREVISTO se me presenta cara a cara; la tragedia levantóse ante mí, solemne y espantable, pisando sobre el alto coturno se me encaró; bajo su máscara creo aún ver su diabòlica sonrisa. Mayor dolor no lo sintió nadie.
Ella, mi compañera, mi LILE, se morìa en Túquerres.
Breve frase de un chasqui, llegado al PORVENIR, a las siete de la noche, "Doctor, su esposa se está muriendo"
Llovía a cántaros y cuando el agua del cielo daba un reposo, el granizo, como pedradas, caía sobre el suelo desolado del páramo. Madrastra allí la naturaleza parecia del hombre que no madre.
Qué noche aquella! Conmigo estaba mi pequeño Nicolás-el mayor de mis hijos- apenas de diez años ; en un potrero lejano los caballos.
A la fatal noticia los trabajadores vinieron en masa a ofrecerme sus servicios ; pensar en esperar el nuevo día imposible. Prendimos algunas lámparas y con dos de los mejores entre la buena gente que me acompañaba partimos.... Qué noche aquella!
Corno loco, cuesta abajo, saltando sobre los troncos caídos que derribara la tempestad, enredándonos en las lianas, hundiéndonos en los barrizales, avanzábamos rompiendo las tinieblas de la noche oscura; lluvia y granizo caían sobre mi pero no los sentía. El pobre niño, al poco ya no podía andar; tomólo el buen Juan Bolaños sobre sus hombros y tras breves momentos se durmió. Feliz edad aquella!
Llegados al camino abierto, en Imbú, pudimos ya apresurar el paso y de Puente Alto para arriba fuénos todavía más fácil la frenética carrera... Como a las cuatro de la mañana llegamos a Túquerres ; habíamos corrido diez leguas en nueve horas! Ella había muerto.
Los grandes dolores no se describen ; existe en el fondo de nuestras conciencias un especial pudor que nos obliga a guardar, en lo intimo, los grandes sentimientos que conturban el ánimo. La obra de Dios se había cumplido .... llevósela dajándonos a nosotros.... en la orfandad los hijos, en la desolación a mí.
ECCO L' URNA ....aquí estás, mi buena compañera, en el descuidado cementerio de esta ciudad. Aquí estás esperando que pasada la descomposición de las cosas renazcas más tarde a la nueva vida, la que es indudable en la eterna sucesión. Volveremos a encontrarnos en ella ? Pasaremos desconocidos, el uno al lado de otro, en las futuras encarnaciones que los, átomos hagan de nosotros? u, otra vez conociéndonos, volveremos a amarnos? Es el deseo de todos los que se quieren -y mi deseo ferviente también lo es,-que sus cuerpos reposen en la fosa juntos; que la descomposición tenga lugar a un tiempo mismo sobre la materia organizada de los que se amaron. Por qué se desea esto en la inconsciencia del sentimiento ?.... por qué ?.... La razón es bien clara: la especie humana ha llegado a comprender su inmortalidad, no la inmortalidad escolástica sino la inmortalidad científica en este inconsciente sentimiento que sube del substractum de las cosas, aquéllos que en la vida se quisieron, juntos también quieren estar en la fosa para que en las futuras combinaciones los átomos y moléculas de sus cuerpos, que desaparecieron con la muerte, se reúnan luégo, unidos para siempre en un mismo sér; que no se dispersen en seres diferentes.
Al penetrar en el hondo abismo de las cosas, con criterio científico, se vienen a encontrar sensatas las más aberrantes ideas que al hombre dominan en el campo religioso: todo significa lo mismo-no importa el adjetivo con que se designe la creencia. PAN lo comprende todo; PAN por sí mismo lo es todo y la ciencia no difiere de la religión si no únicamente por el método expositivo. Todo concurre a un mismo fin. Basta de filosofia, basta de pensar en aquello donde la razón se pierde. Aurora de las almas es la esperanza, la que nos dice con su voz tan dulce y tan insinuante que nuestra especie- la humanidad-caminando sobre la tierra, sometida a todas las experiencias, llegará algún día a conocerlo todo, oriente espléndido do que se alcanza a ver a lo lejos.
Funerales magníficos-como se acostumbran aquì- con posas en cada esquina y canturreo-irritante para los nervios-de los frailes en cada detención. Creen las gentes del Sur que estas posas alivian los tormentos purgatoriales de las almas Pero, a ti, mi LILE, quién te tenía que aliviar de tormentos de otra vida, a tí, tan buena?
Cuánto sufrí en la viacrucis de la casa al panteón no sé expresarlo, al fin esa ordalia pasó y libre víme, para entregarme a mi dolor. Como por un cine ante mi vista corrió todo el pasado, los años transcurridos- --tan rápidos como corriente d'agua torrencial-desde el dìa aquel en que, en la iglesia de San Juan de Dios, el mitrado nos casara y en seguida los años que siguieron: el Chorro, la guerra horrible, la vida en la Magdalena, los estudios que juntos hiciéramos, su amor, su abnegación... hasta el presente-Túquerres y su cementerio.
Agrupábanse a mi alrededor figuras y cosas de las que ya fueron, entremezcladas con cosas del presente; las cosas del pasado-tan alegres antes-me miraban ahora tristes; de las presentes, no se diga, eran la imagen de la desolación......
Al cabo de pocos días regresé a la mina. Sólo el trabajo material con el agotamiento físico, podría dominar lo que por dentro me ahogaba; sólo el esfuerzo sostenido que rinde el cuerpo y lo aniquila sería capaz de vencer la cruel tortura que me rendía.
En el interminable recomience de las cosas en la vida, sobre los edificios en ruinas, de una etapa, levantamos nuevos edificios; sobre la muerte, nueva vida; sobre las ilusiones idas, nuevas ilusiones; tal es la cadena-que continua, pero formada por eslabones discontinuos- marca nuestro paso por el sér.
Trabajè como loco, el trabajo material vigorizante en si, fue la mejor higiene para esta enfermedad del dolor interno que me aquejaba; la morfina que, opacando la sensibilidad, disminuye el dolor.
Imaginéme entonces-oh vanos sueños del que siempre fue iluso !-que de las minas saldría una fortuna ; víme en Norteamérica, con mi familia, educàndola; educando mis tiernos hijos en esta benéfica atmósfera de la gran nación. Vi a mi familia-la que me quedara en tan tierna edad-respirando la seca y electrizada atmósfera que respira el yanqui y a la cual debe su agresividad y su brío. Consoláranme tales pensamientos y en medio de mi tristeza la faz, de corte griego, de la dulce esperanza me sonreía.
Tengo que hacer un aparte aquí: Este libro es la real representación de una vida, todas sus páginas son vividas y por esta razón he constituido un documento humano de alto valor, pues que lo escribe quien-desfilando a los dioses-pensó y sintió.
Alegres son sus primeros capítulos como es alegre el día que nace; hacia la tarde todo se entristece, luégo viene la noche oscura; no la noche de la muerte sino la noche de la desilusión: oscuro todo ..... perdido el camino, avanzando en tinieblas con la linterna inútil de la experiencia nos parecemos, los hombres, a aquel viejo Obispo Ozio que aparece en el libro de Merowckosky-- compilador de herejías-que preguntaba a todos: "De qué se trata, hijos míos ?," qué pasa ?," cuáles son las herejías ? " A Ozios llegamos muchos porque descubrimos que había muchos caminos , a eso llegamos los que no nos pusimos tapaojos para seguir una sola senda y pudimos columbrarlas todas. El ciego y el deslumbrado caminan de idéntica manera.....
Acto de gratitud es para mí, en este libro que talvez sea leído por muchos, pintar, auncuando sea de incompleta manera, la obra benéfica que, en este apático Túquerres, llevan a cabo mujeres excelentes que vinieran de la pintoresca Suiza bajo hábito, dedicadas a la enseñanza de la mujer. Me refiero a las MADRES FRANCISCANAS, y al hablar de ellas brota de mi corazón desbordada la gratitud. Madres fueron ellas para las tiernas niñas que me quedaran, supieron ellas comprenderlo todo ... qué más podría decir ?
Sin ser partidario ni adversario de que, en muestro país, la instrucción pública se lleve a cabo por Congregaciones; es, sinembargo, para mí un deber manifestar que las escuelas y colegios que regentan las MADRES FRANCISCANAS son verdadero modelo-el ideal pudiera decirse así-de lo deseable para la instrucción de la mujer. Su institución es lo bueno que hay en Túquerres, esto sólo valiérale a este pueblo para salvarlo; Dios hubiera salvado a Pentápolis con menos.
Bien puede imaginarse cualquiera lo que es vivir, en los Andes, a 3 400 metros de altitud, donde llueve a toda hora. Bajo un cielo en donde nunca las nubes dejaron ver el sol, humedad espantable y temperatura bajísima. Así era aquello. Desde la alta cumbre, y cuando por raros intervalos se hace claro, hacia el Occidente vénse extender planadas magníficas, si no soleadas, por lo menos abrigadas con la temperatura ambiente ; pero arriba es muy distinto, el frío y la humedad entumecían los miembros de los trabajadores; cuántas veces los ví agarrotados! No sé qué influencias hagan diferentes las alturas colombianas de las de Bolivia, ubicadas en los mismos Andes pero es lo cierto que aquí el trabajo es muy duro a los cuatro mil metros de altitud, y en Bolivia se trabaja, con relativa facilidad, a 5 000 metros.
Llovía sin cesar en EL PORVENIR, el agua era abundante y la Pelton giraba suavemente trasmitiendo al molino su energía y él rìtmicamente devolviérala con sus golpes acompasados. El cuarzo rico una vez molido- corría por las, planchas, en forma de arenas, despojándose en ellas de lo que nosotros deseábamos recoger.
Nada hay tan semejante al organismo humano como una mina de oro con molino; es el molino el corazón. Su golpe continuado es como la diástole y la sístole que envía a todas partes la fuerza vital. Entra el cuarzo-la sangre venosa-y sobre las planchas se recoge el oro, la arterial que va a vivificar el organismo. Y la vida de la mina es alegre cuando, por los cuencos de las montañas, el tac tac rítmico de los pisones se deja sentir. Contentos están todos con este ruido tan simpático, ruido precursor de la corriente de monedas que va a llevar al jornalero su salario, al patrón su utilidad.
Pasárame noches enteras en el molino y me distraía su música sonora que cantaba un himno de esperanza.. ..Fácil pareció todo al principio.
Bien pronto las dificultades comenzaron: el frío horrible y la continua lluvia retraía a los trabajadores y, desde el principio, hubo que pagar jornales elevadísimos, a un tiempo mismo-a causa del prolongado invierno de años-marcadísima escasez se hizo sentir y-en esta tierra donde la alimentación era tan barata-los precios subieron exageradamente. Nuestros dineros se iban rápidamente en alimentar una peonada cuya eficacia en el trabajo dejaba mucho que desear.
Mi natural, excesivamente compasivo para con el trabajador, no me permitía obligar a la gente para que su trabajo rindiese de un modo efectivo; causábame profunda pena ver a los pobres jornaleros, mal vestidos, aguantar la intemperie del clima inclemente; verlos tiritar bajo el azote de la lluvia helada, agarrotárseles las manos sobre el cabo de la herramienta.... Al lado nuestro y a corta distancia por la montaña la gran empresa Norteamericana, LA BOMBONA, crecía por momentos bajo el impulso de un capital fuertísimo; en ella se afincaban todas mis esperanzas: vender le nuestro al gigante que podía necesitarlo. La ruina de la compañía yanqui fue un golpe decisivo para dar al traste con lo más halagador de mis proyectos.
Pero el molino andaba en EL PORVENIR y el oro se veía. A los pocos meses de establecido cambióse el tiempo: de llover sin tregua se vino a que no llovía nunca; las aguas se escasearon y el molino se detuvo; dejó de oírse el rítmico tac tac, el corazón dejaba de latir.
Enojosa fuera la relación de tanta malhadanza, brega perpetua, año tras año nadando contra la corriente impetuosa e irresistible de fatales circunstancias. Donde se vencía una dificultad surgían millares de mayor gravedad, cual cáncer que estirpado en un órgano se reproduce en otros más, prolífico y voraz. Parecíame que me hallaba bajo la influencia de una gettatura, bajo el poder maléfico de un hado malsín, y la superstición, casi, casi se apoderó de mi espíritu.
Ahora pensando en tantas cosas; tánto que fue, aquí en un salón de mezquina casa, en Túquerres, paseàndome a lo largo lo veo todo ; todo me viene a la imaginación: los errores, los errores fatales de mi vida. Error donde quiera, aun el mismo sentido de las cosas ciertas, en todo, error.
Viviendo allá, en EL PORVENIR, y ya vencido por la fuerza de las circunstancias, preguntéme muchas veces: qué quiere Dios de mí ? Al preguntarle a Dios qué es lo que hace de su criatura se admirarán algunos; Dios hace lo que quiere, dicen otros, trayéndonos como ejemplo la parábola aquella de la Escritura en que el Cristo nos enseñó que el alfarero que fabrica un vaso bien puede hacerlo para que en él beban los ricos o en él orinen los pobres. Verdad amarga! Del barro del que fuimos hechos todos, bien pudimos resultar la copa en que beban los poderosos o el orinal en que mean los pobres. Absurdo todo! Lo que Dios pide a los hombres es la caridad, nada más que la caridad; el amor que debemos tenernos-quien quiera que seamos- en esta lucha que la especie humana lidia por su existencia, desafiándolo todo, hasta el mismo querer de Dios, del Dios cual nos lo pintan los que no lo comprenden.
En medio de mis grandes penas, de mis grandes sufrimientos,
cuando noches de no dormir debilitaron mi sér sintiéndome agobiado
bajo la pesadumbre de las cosas; cuando el Destino se me viene
encima pesando sobre mì, el sueño llegó una noche y me trajo la
visión magnífica de cosas q' nadie había visto y he aquí lo que yo
ví claro en sueños: abrióse ante mis ojos el LIBRO y leía el pasaje
de los primeros capítulos del Génesis, leíalos y releíalos; al
principio su sentido aparecióseme literal-el sentido criticado
por todos, el sentido del cual, en épocas pasadas, se quiso hacer
burla-pero luego abríase mi alma a la mejor interpretación, la
exégesis vivía en mi sueño. Abrióme la hermeneútica la puerta de la
inteligencia, sagrada era ella y sin embargo convidóme; la mano me
tendió, la mano espiritual de la que sabe guiamos, y entonces mi
espíritu no vaciló en dar un paso al travez del misterio.
Allí estaba la Hermeneútica sagrada llamándome con voz suave pero
imperiosa, temeroso la miraba, a un signo de su mano mirè el LIBRO;
era sueño aquello o era realidad? yo no lo sé; pero ella, tan
cariñosa e insinuante, me hizo leer y su voz dulce me obligó.
Entonces comprendí las cosas-ella fue la que me lis enseñó a comprender -versículo tras versìculo corrió en mì la doctrina de la tradición mosaica y ví las cosas claras. La ciencia, por más que avance, sólo confirma la versión bíblica; el Génesis es la revelación más grande de todo lo que el hombre puede concebir: es el paraiso aquel lugar en donde el autóctono, libre de toda traba, vive en el bosque secular feliz e ignorante. Ahora mismo nuestros indios de Mocoa y otros, están llevando la vida paradisiaca; es la serpiente el conocimiento, el bien y el mal-que no importa quien-les enseñe a los hombres primitivos, felices ellos y sin conciencia.
Así, en el sueño, la santa Hermeneútica me habló y más aun me dijo: por qué se quiere hacer pasar a los Adanes y Evas que viven en las montañas, en dulce ignorancia, al sentir de las cosas?
Incorporándome desperté y ya en vela gritéle a la Sagrada: no es el progreso la obra mejor del hombre? allá en el paraìso la serpiente azul llevónos al conocimiento, comímos del fruto y ahora vamos, a dónde iremos? Ante el, arcano de las cosas me humillo, qué quiere Dios de mí? yo no lo sé.
Pero, en medio de tántas desgracias mi corazón en vez empedernirse se ablanda y, si de algunos santos se cuenta que el corazón se les volvió una piedra, del mío puedo decir que se me ha vuelto, una esponja capaz de impregnarse con todos los dolores, con- todos los sufrimientos .
En el futuro qué haré ? Imposible decirlo.
Como en los cuentos de las mil y una noches llega el hombre al punto en que se bifurca el camino que-único-llevaba; en la encrucijada se detiene y se pregunta: por cuál de los dos caminos cogeré?
La viejecilla que está sentada a la vera, le da una ligera enseñanza: por aquí te vas a la ciudad de los placeres y de la opulencia, por allá te vas al país de tus hermanos. Cualquiera que sea la vía que se elija hay siempre que luchar; estamos en elegir y en la disyuntiva- no pudiendo seguir ambos caminos- tomamos uno u otro.
Qué grande fue el Alighiere cuando supo contarnos que es en medio del camino de la vida cuando puede extraviarse la senda y no antes.
"Nel mezzo d' el camin de nostra vita
Me ritrovai per una selva oscura,
Che la dirita vía era smarita...."
No creo haberme extraviado, en la derecha senda, cuando de los
caminos que se me presentaron tomé el que me señaló mi corazón. El
camino que llevaba a donde están los hermanos. Por ahí debía
encaminarme. Todo me llevaba a eso y las penas mismas, y las mismas
contrariedades sufridas, condujéronme fatalmente.
A un tiempo mismo el conocimiento de las excelsas virtudes que existen en el fondo del- alma del pueblo, obrò sobre mí; pero talvez más que todo la influencia de la querida única que, en los más duros trances, supo acompañarme y compartir conmigo, maridalmente, los más grandes sufrimientos.
Un hecho basta, por sí solo, para hacer comprender hasta donde llega la abnegación de la mujer, cuando ella quiere: dificilísimas se pusieron las cosas en EL PORVENIR una falla interrumpió el venero y en la emergencia, la mina no producía. Con qué pagar a los trabajadores? Algunos se marcharon, otros, confiados, se quedaron conmigo-a sabiendas y trabajando al fiado. Con que furor se trabajó; sobre el granito duro el taladro apenas si hacía algo, el martillo cansaba la mano; los explosivos apenas si causaban efecto. Pero se avanzaba, se avanzaba entre el cerro, entre la mole del inmenso Galcalá.
Llegó el día en que no había víveres; el día en que teníamos que abandonarlo todo, y desistir. Pero élla, valerosa, tuvo una idea salvadora: el local en donde se depositara el maíz sobre la tierra, debía contener, en el suelo, algún grano y raspando la tierra lavóla ella como oro en la batea sacando el grano que nos alimentó; qué asquerosas porquerías se encontraron allí! : ratones muertos, sapos desecados, y sabe Dios cuántas cosas más.
Pero vino la subsistencia, los brazos se invigorizaron; se pasó la falla y una nueva época de prosperidad : golpearon otra vez los pisones, corrieron las arenas sobre las planchas y se le volvió a ver la cara al oro cual sol, que aparece iluminando al mundo, tras un eclipse.....
Un libro entero pudiera escribirse- querrá Dios que lo escriba algún día ?-para contar la historia de un hombre que se vuelve ciego; principiando el capítulo por el momento aquel en que se nota, con terror, que los objetos no se ven distintamente; los intermedios, de cruel sufrimiento, en el avance de la enfermedad y finalmente el no ver. Cuanto se vió en otro tiempo, perdido; formas vagas no más: el esplendor de los colores, el claro azul del cielo, la faz rìente de las mujeres bonitas, todo sombras; la cara amiga indiscernible y peor que todo el alejamiento; todos dejan al ciego, el que ya no puede ver, qué les importa!
Pasan las gentes a su lado, sin mirarlo: él no las ve. Y sólo los amigos-cuando algunos le quedan-se aproximan dándole sus nombres. Qué horror todo esto para quien en un tiempo fue fuerte, para quien en un tiempo tuvo la sugestión de la mirada, la màs completa entre todas las sugestiones!
Así me pasó a mí: cuál sería mi horror, aquella mañana en que parado en lo alto del rumbón por donde se botan los minerales al molino, en EL PORVENIR , noté, por primera vez, que no distinguía las hojas de los árboles; que una gaza se interponía entre mis ojos y las cosas. Poco a poco ya del leer tan dulce víme impedido; más tarde de escribir y luégo de todos los trabajos materiales que, a mi espíritu, daban aliento y fuerza. Más adelante el inválido: oh cosa repugnante para mí! llevado del brazo por la calle del pueblo, pues que en la montaña no pude vivir más.
Pero a medida que la vista fisiológica se pierde, la vista psíquica nos anima interiormente; mientras menos se ve hacia afuera más se mira hacia adentro. Pasada la primera vergüenza, pronto se dicta bien; no pudiendo hacer otra cosa se escribe; las impresiones se cuajan, los recuerdos se arriman desde el pasado-como niños cariñosos se apegar a nosotros. Tiéndennos las manos, los unos sonrientes, los otros llorosos y nuestra alma a todos los cobija con igual afecto.
Viejo ya el Secretario Florentino dióse a la vida de entre gañanes, bebedor con ellos de mal vino en las tabernas, para disipar sus penas. Leer las cartas del buen Nicolás Machiavelo da lástima. El ilustre hombre, gloria de su siglo, inmortal entre los inmortales vivió sus últimos días olvidado de todos-pobre y triste-bebiendo el vino de la desesperanza y alentando en su alma la gloriosa idea de la patria magnífica, de la Italia unida, de la nacionalidad. Sin compararme con el gran Secretario me veo como él, olvidado de todos, en este helado Túquerres.....
Los versos-que una vez me dedicara José Asunción Silva-se me vienen como obseción a la mente: evoco ahora el cuadro de mi vieja vivienda, en los días de mi juventud tan bella: el microscopio cerca a mi y en el escritorio Silva con faz sonriente, pero irónica, mirándome, clavado sobre el objetivo y él escribiendo:
" EL CONOCIDO SABIO, CORNELIUS VANCKENRIGEN
QUE DISFRUTÓ EN HAMBURGO DE UNA CLIENTELA ENORME
MURIÓ EN LEIPSIC, MANIÁTICO, DESPRESTIGIADO Y POBRE
DEBIDO A LOS ESTUDIOS DE SUS ULTIMOS AÑOS
SOBRE ESPERMATOZOIDES.
FRENTE DÉ UN MICROSCOPIO, QUE LE COSTÓ UN SENTIDO,
OBRA ESTUPENDA Y ÚNICA, DE UN ÓPTICO DE LONDRES
LA FRENTE RECOGIDA, TEMBLANDO LAS MANOS, EL OJO FIJO, INMÓVIL:
" OH MIRA CUAL SE MUEVEN, SE CRUZAN Y SE AGITAN
LOS ESPERMATOZOIDES........"
Aquí debo decir como los antiguos histriones "LA COMEDIA HA TERMINADO. APLAUDID!" poniendo punto final a este libro que ya va haciéndose largo.
Pero no puedo dejar de incluir, en forma de epilogo, pero en otra publicación, algunas observaciones de interés y un capitulo de la vida en Quito; ahora en que curado de la vista he renacido a la luz y a las actividades.
A veces vuelven a sonreirme las cosas, a veces ¡! bendito sea
Dios! me pregunto: EN DÓNDE ESTÁN LOS DÍAS OSCUROS ?
FIN!
