REVOLUCIÓN DE LOS COMUNEROS

Aprovechando que Inglaterra se encontraba en lucha con sus colonias en América, el rey español Carlos III le declara la guerra tratando de recuperar La Florida y Gibraltar. Ante la escasez de fondos para sostener la guerra envió al visitador Francisco Gutiérrez de Piñeres al Nuevo Reino a buscar recursos mediante la declaración de nuevos impuestos lo que desencadenó serios levantamientos en 1780 en la provincia de El Socorro, importante centro manufacturero y en las poblaciones de Charalá, Mogotes y Simacota.

En marzo de 1781 en El Socorro, Manuela Beltrán arrancó y rompió el edicto del visitador al grito de "viva el rey y muera el mal gobierno’ Esta valerosa mujer fue la primera colombiana que se atrevió a romper ese símbolo de dominación española.

Los edictos llevaban el sello real, y la tabla donde se fijaban tenían pintadas las armas reales y su violación era considerada un grave delito castigado con la pena de muerte.

La revolución fue tomando forma y el 23 de marzo los habitantes de San Gil se reunieron en la plaza, rompieron el edicto, atacaron a los guardas de rentas y quemaron bultos de tabaco, negándose a pagar más tributos; el mismo día en Simacota, Lorenzo Alcantuz arrancó las tablas donde se fijaban los edictos y las pisoteó.

Los habitantes de San Juan de Girón no quisieron participar en el levantamiento de los comuneros y a cambio entregaron el tabaco que era de propiedad del gobierno virreinal.

La insurrección se extendió a pueblos cercanos como Pinchote y Guadalupe; el 15 de abril se reunieron en El Socorro y se declararon en franca rebeldía contra el gobierno. Este movimiento se extendió por todo el territorio del virreinato llegando hasta Santafé, Tolima, Antioquia, Santa Marta, Venezuela, los llanos orientales y Cauca. En Pasto y en Neiva fueron asesinados los gobernadores por las turbas enardecidas.

El 14 de junio de 1781 los indios de la población de Santodomingo de Silos niegan la autoridad del rey y aceptan a Túpac - Amaru como emperador de América.

Juan Francisco Berbeo, jefe comunero, antes de marchar sobre Santafé al mando de veinte mil hombres dejó constancia de sumisión al rey.

José Antonio Galán, natural de Charalá (Santander), había sido reclutado por el ejército real y al conocer los primeros brotes de la Revolución de los Comuneros desertó del regimiento fijo con sede en Cartagena y se puso a órdenes de Berbeo.

El virrey Manuel Antonio Flores había salido para Cartagena al mando de una gran parte de las tropas a inspeccionar las obras de defensa marítima en la guerra contra Inglaterra, dejando encargado a Juan Gutiérrez de Pifíeres. Al llegar conoce del levantamiento de los comuneros y envía a El Socorro 500 hombres bien armados al mando de José Bernet, siendo derrotados en "Puente Real" (Puente Nacional).

Después de este triunfo los comuneros, en un número aproximado a veinte mil, avanzan hacia Santafé pero se detienen en Zipaquirá. Ante esta situación Gutiérrez de Piñeres huye a Cartagena por el camino de Honda.

Berbeo ordena a Galán salir en persecución de Gutiérrez de Piñeres; a su paso por los poblados de Facatativá, Guaduas y Villeta, incita a los campesinos a recobrar sus tierras y a no pagar tributos y a los hacendados les impone una cuota en ganado, caballos, víveres y en ocasiones dinero.

En Guaduas, Galán da alcance a Gutiérrez de Piñeres, llega a un acuerdo con él y lo deja ir. Cuando Galán se apresta a atacar a Honda los españoles allí residentes al mando de Francisco Diago derrotan a los simpatizantes de los comuneros en la noche del 15 de junio de 1781 y ante la proximidad de Galán se trasladan para Nare.

Galán se toma Honda y pasa a Mariquita donde declara libres a los esclavos de la mina de Malpaso. Pueblos como Ambalema, Tocaima, Coello, Coyaima, Natagaima, Purificación, Neiva e Ibagué apoyaban la revolución. En el valle de San Luis se encontraba el sabio Mutis, quien trató de apaciguar sin resultado el ánimo de los exaltados. Las noticias de este levantamiento rápidamente se extienden por el Cauca y Antioquia. En Santafé de Antioquia, Lorenzo Agudelo, propietario de la mina Buenavista, proclamó la libertad de los esclavos, liberando a 80 que tenía bajo su propiedad.

Del cabildo de Santafé de Bogotá hacían parte ilustres representantes de la aristocracia colonial, encabezados por José Lozano de Peralta, marqués de San Jorge, el cual se mostraba favorable a los comuneros. Cuando supo que estos intentaban llegar a Santafé y ante el temor de perder sus propiedades, improvisó un ejército con más de mil jinetes bien armados la mayoría sacados de su hacienda "El Novillero".

El sargento oriundo de El Socorro, José Ignacio de Bonafont quien más tarde abrazaría la vida religiosa, organizó en Santafé un grupo de simpatizantes de la revolución de los comuneros. Algunos fueron detenidos por el comandante Pedro Catani.

El cabildo de Santafé entabló conversaciones con los insurrectos con la mediación del arzobispo Caballero y Góngora y el 8 de junio de 1781 firman Las Capitulaciones de Zipaquirá, en las que el gobierno se comprometía a dar una amnistía general, suprimir las alcabalas y disminuir algunos impuestos. Después de que los insurrectos abandonaron las armas y regresaron a sus sitios de origen, el virrey Flores que había regresado a Santafé desconoció el tratado y mandó a capturar a los promotores de la rebelión.

Cuando Galán se encontraba en Ambalema donde se aprestaba a trasladarse al Cauca y a Antioquia fue informado de las capitulaciones de Zipaquirá y se sometió a ellas pero cuando supo que el virrey las había desconocido empuñó de nuevo las armas. Su antiguo aliado, Salvador Plata, lo traicionó y ordenó su detención y en la población de Onzaga fue puesto preso junto a veinticinco compañerós.

Los comprometidos en el alzamiento fueron torturados y ejecutados en la plaza mayor de Santafé de Bogotá.

El 30 de enero de 1782 Galán fue sacada de la cárcel y arrastrado hasta el patíbulo donde fue primero ahorcado, luego decapitado y su cuerpo cortado en cuatro pedazos que se quemaron en la hoguera. Se dispuso que su cabeza fuera enviada a Guaduas y colocada en una pica a la entrada del pueblo, la mano derecha a la plaza de El Socorro, el pie derecho a Charalá y el izquierdo a Mogotes. Sus compañeros sufrieron igual suerte:

la cabeza de Manuel Ortiz Manosalva fue puesta en una pica en El Socorro, la de Lorenzo Alcantuz en San Gil y la de Isidro Molina en Santafé; sus casas fueron quemadas y regadas con sal, confiscados sus bienes y declarada infame su descendencia. Murieron además Ignacio Parada, Miguel Fulgencio de Vargas, Jose Velandia, Guillermo Pedraza y Baltasar de los Reyes.

Los hermanos de Galán y amigos que simpatizaban con su causa luego de recibir 200 azotes fueron remitidos a Cartagena y embarcados a un presidio español en África del que no regresaron nunca. Las autoridades españolas que firmaron las órdenes de muerte fueron: Juan Francisco Pey Ruiz, Antonio Mon y Velarde, Joaquín Vasco y Vargas, Pedro Catani y el americano Javier de Serna.

Berbeo escapó a las Antillas Menores y desde Curazao, bajo el nombre de Vicente Aguiar, siguió impulsando la causa de la independencia junto con el marqués de San Jorge quien se hacía llamar Dionisio de Contreras.

Salvador Plata fue nombrado recaudador de rentas en recompensa por la entrega de Galán.

Al arzobispo y después virrey Caballero y Góngora la historia le atribuye la traición hecha a los comuneros después de haber Firmado las capitulaciones de las que fue su garante.

Otro personaje que hizo parte de la revolución fue Ambrosio Pisco, descendiente de zipas, nacido en Funza. Siendo administrador de las rentas de tabaco y aguardiente en Güepsa (Santander), se incorporó a las tropas comuneras al mando de Berbeo. A su paso por Nemocón salieron a recibirlo los jefes principales de Chía, Guatavita, Tenjo, Guasca, Tabio y Bogotá y delante de 10.000 indígenas fue proclamado como señor de Chía y príncipe de Bogotá. Cuando la revolución fue derrotada se le envió a prisión al fuerte de Bocachica en Cartagena junto a su mujer y un sobrino de 14 años.

Luego de estos acontecimientos el virrey Flores renunció y se trasladó a México donde recibió el título de Conde de Casaflorez, lo sucedió don Juan de Torrensal Díaz de Pimienta, mariscal de campo de los Reales Ejércitos, quien falleció a los cuatro días de haber tomado posesión de su cargo siendo a su vez sucedido provisionalmente por tres días por-Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, ya que desde España llegó el nombramiento como virrey del arzobispo Antonio Caballero y Góngora (1782-1789).

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