GUERRA DE LOS SUPREMOS

En mayo de 1839 el Congreso ordenó ejecutar una norma promulgada en 1831 que aprobaba el cierre de cuatro conventos menores localizados en Pasto por tener cada uno menos de ocho religiosos. Esta medida estaba respaldada por la jerarquía eclesiástica. El producto de la venta de los bienes se dedicaría a la educación pública. El padre Francisco de la Villota y Barrera superior de la congregación de San Felipe Neri se opuso a esta medida que fue respaldada por el pueblo de Pasto.

Los alzados enarbolando banderas con la imagen de San Francisco de Asís recorrían las calles incitando a la guerra santa; el gobernador Antonio José Chávez negoció un acuerdo con los insurrectos pero fue desconocido por el presidente José Ignacio de Márquez, quien ordena al general Pedro Alcántara de Herrán trasladarse a Pasto por el camino del Quindío. Ofrece el indulto pero los alzados lo rechazan, querían independizarse de Bogotá y proclamaban un estado federal.

Alcántara de Herrán viéndose en inferioridad numérica sale para el sitio La Venta donde espera refuerzos. Llegados estos marchan a Pasto y derrotan a los revoltosos en Buesaco, comandados por Juan Andrés Noguera y los hermanos Estanislao y Tomás España, guerrilleros patianos.

En 1840 las guerrillas del Patía al mando de Juan Gregorio Sarria, se levantan en armas para defender a Obando acusado de ser el autor intelectual de la muerte de Sucre. En Timbío (Cauca), Obando se declara Supremo Director de la guerra en contra de su enemigo político el presidente José Ignacio de Márquez, quien anteriormente lo había vencido en las elecciones para la presidencia de la república, y ante el fracasado intento de tomarsea Popayán se entrega a Herrán en el sitio conocido como Los Arboles.

El presidente Márquez no aceptó el indulto dado por Alcántara de Herrán y envió más tropas al mando de Tomás Cipriano de Mosquera. Obando apoyado por las guerrillas se alza en armas, Alcántara de Herrán y Mosquera piden ayuda al presidente del Ecuador Juan José Flórez, quien acepta con la condición de que le entregaran a Tumaco y Túquerres. Flórez ingresa al territorio de la Nueva Granada con dos mil hombres y derrota a Obando en Huilquipamba.

Esta alianza con tropas de Ecuador fue el argumento para que los santanderistas que apoyaban la lucha de Obando se levantaran en armas en varias provincias. Cada uno de los comandantes militares se hizo llamar Jefe Supremo, de allí se deriva el nombre de la guerra.

El primero de estos jefes que se levantó en armas fue el gobernador de El Socorro, Manuel González, quien derrotó las fuerzas del gobierno y al mando de dos mil quinientos hombres se encaminó a Bogotá. El vicepresidente Domingo Caicedo encargado del gobierno por el titular José Ignacio de Márquez, quien había viajado a Popayán a reunirse con los generales Alcántara y Mosquera, intentó negociar con los alzados pero sin resultado ya que estos pedían se convocara una nueva Constitución que estableciera un régimen federal.

Caicedo pide ayuda al general Juan José Neira, el cual entra a Bogotá según relato de Francisco Pereira Gamba, "con gran pompa y en medio de vítores" y pone en fuga al general González en el callejón de La Culebrera. El general Neira muere en Bogotá el 7 de enero de 1841 como consecuencia de las heridas recibidas en este combate.

De las 19 provincias de la Nueva Granada, sólo Bogotá, Neiva, Chocó y Buenaventura apoyaban al gobierno.

Otros jefes militares apoyaban el levantamiento de Obando: en Antioquia, Salvador Córdoba; en el norte, Samper, Vanegas, Gaitán y Farfán; en Mariquita; Vezga y Galindo y en Panamá, Tomás Herrera, quien proclamó la independencia del Istmo. En el Bajo Magdalena el italiano Raifeti, Hernández y Carmona. Este último, general venezolano, trató de formar una república independiente en la costa norte.

El general Salvador Córdoba se desplaza hacia el Cauca a reunirse con Obando, quien había reaparecido después de su derrota en la batalla de Huilquipamba.

El 17 de enero de 1841 Córdoba es derrotado en Riosucio (Caldas) por Eusebio Borrero, quien venía del Cauca, pero logró reagrupar las fuerzas con José María Vezga y Tadeo Galindo y en Itaguí, después de un reñido combate derrotan al coronel Borrero, el cual regresó al Cauca dejando un rastro de sangre. En Palmira hizo fusilar al comandante Alvarez, ayudante de Obando. Al conocer Obando de esta situación marchó sobre Borrero derrotándolo en los Llanos de Rodríguez del distrito de Quilichao.

Cuando Córdoba perseguía a Borrero cae prisionero en Cartago con la plana mayor de su ejército y son remitidos a Bogotá para ser juzgados. En Ibagué se encuentran con el general Mosquera y éste ordena devolver los prisioneros a Cartago. En mayo de 1841 son fusilados en esa ciudad Salvador Córdoba, su cuñado el doctor Manuel Antonio Jaramillo y cinco compañeros más; de este hecho Mosquera nunca se arrepintió y sus enemigos siempre se lo recordaron. Años después José Eusebio Caro calificaba estos fusilamientos como "crímenes comunes".

En 1842 el Congreso expidió una ley en la cual consagró que no serían delitos los cometidos por militares durante la guerra.

Obando y Sarria son derrotados por el coronel Joaquín María Barriga en el combate de La Chanca, cerca de Cali el 11 de julio de 1841. Obando huye al sur y Mosquera sale en su persecución y por el valle del Guamués llega al Putumayo. Baudo remontando el Amazonas en una canoa llega a Perú permaneciendo exilado 10 años en Lima. Mosquera junto con Posada Gutiérrez dominaron las guerrillas del Patía e indultaron entre otros al jefe guerrillero Sarria con la condición de que abandonara el país, pero fue detenido en Cartagena y conducido a las bóvedas donde murió.

El 5 de mayo de 1841, en el sitio La Frisolera, entre Salamina y Pácora, salieron derrotadas las tropas de José María Vezga y Tadeo Galindo por las tropas de Braulio Henao, Clemente Jaramillo y Elías González.

Galindo y Vezga fueron remitidos a Medellín donde son fusilados a pesar del pedido de clemencia hecho por el gobierno inglés. Esto dio por terminada la guerra en Antioquia.

El 19 de febrero de 1842 el presidente Pedro Alcántara de Herrán, expidió en Sitionuevo (Atlántico) el decreto de amnistía con el que se dio por terminada la guerra en todo el territorio nacional.

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