LOS PIJAOS

Los indios Pijaos guerreaban entre sí; combatían al lado de los españoles para obtener como recompensa los cadáveres de los indios caídos en combate para devorarlos; sus mujeres e hijos iban detrás recogiendo los muertos los cuales vendían en macabros mercados bajo la mirada complaciente de los españoles.

En "Carnicerías", margen derecha del río Magdalena cerca de Villavieja (Huila), los indios expendían carne humana.

Este comercio fue denunciado desde 1573 por el arzobispo Luis Zapata, pero no fueron tenidas en cuenta estas denuncias.

Fray Pedro Simón refiere: "Provincias se han hallado como en la de los Pijaos los cuales, entre las demás abominaciones que tienen o tenían (porque ya hay pocos o ninguno) era una, que en señalándose uno con valentía en la guerra o en otra ocasión, le mataban en grande gusto del valiente y lo hacían pedazos y daban uno a comer a cada uno de los demás indios, con lo que decían se hacían valientes como aquel lo era; esta costumbre estaba tan introducida entre ellos, que para motejar a uno de ellos de flojo y de poco valor, le baldonaban diciendo que nunca a él lo matarían para que comiesen otros sus carnes y se hicieran con ellas valiente".

Eran grandes guerreros, tenían una verdadera red de informantes entre los indios ladinos (los que hablaban el español). Atacaban en los caminos y desaparecían para no dar combate; cayeron en sus manos armas de fuego como los arcabuces los que aprendieron a utilizar. Asaltaban los caminos por lo que la comunicación desde Santafé con el sur (Popayán, Quito y Perú) se hizo casi imposible por muchos años. Los comerciantes tenían que salir en caravanas custodiadas originando sobrecostos en las mercancías. Arrasaron poblados como Los Angeles, Santiago de la Frontera, el Escorial, Medina de las Torres, San Miguel de la Pedraza y otros tuvieron que ser trasladados a sitios más seguros.

Algunas tribus costeras intercambiaban oro y productos agrícolas con bucaneros (boucans: saladeros en francés), franceses e ingleses por armas de fuego que iban a parar a otras tribus como los Pijaos.

Los Pijaos tenían comunicación al oriente con los Sutagaos, (región de Sumapaz), y al norte con los Panches.

La pacificación de los Pijaos se inició en 1556 y se terminó cincuenta y cinco años más tarde con el presidente Juan de Borja.

Para 1571 el camino de Popayán a Neiva por Timaná se abandonó debido al ataque permanente de los Pijaos, Paeces y otras tribus. Los viajeros y comerciantes optaron por el camino del Quindío, aunque este no estaba excepto de ataques ya que los Pijaos trataron a toda costa de incomunicar a Santafé con el occidente. Las tropas del capitán Francisco Bocanegra eran las encargadas de proteger este camino.

En 1572 debido al bloqueo que los Paeces habían establecido en el camino que conducía de Neiva a Popayán, los capitanes Domingo Lozano y Diego del Campo Salazar organizaron una expedición a Totoró por Ibagué-Cartago-Popayán. A su paso por Cajamarca fueron atacados por los Pijaos pero lograron llegar a su destino.

En 1584 los Pijaos preparaban un ataque contra los Quindos. El encomendero capitán Pedro Sánchez del Castillo, salió al mando de ventitrés soldados armados con arcabuces cayendo por sorpresa sobre los Pijaos y matando a ochenta de ellos y recuperando objetos de valor como oro en polvo, armas, mantas, camisas, calzado, medias de seda, robados por estos en ataques recientes a poblaciones de españoles.

En la visita que hizo en 1585 el gobernador de Popayán, Juan de Atuesta y Salazar, ordenó que los Quindos por ser diferentes en lengua y costumbres fueran ubicados en el fuerte construído por su encomendero Pedro Sánchez del Castillo.

En 1592 los Pijaos arrasaron a Ibagué e incendiaron su iglesia.

En 1597 el procurador Juan de Rada solicitó al presidente Francisco Sande la construcción de un fuerte bien dotado de soldados en las estribaciones de la cordillera Central debido a que indios de las tribus Pijaos y Putimaes tenían rodeado a Cartago. Esta petición fue denegada por falta de recursos ya que había un levantamiento indígena generalizado en el Nuevo Reino.

Los Pijaos una vez fueron reforzados por los Chancos y Noanamáes del Chocó atacaron casi todas las poblaciones asentadas en el valle del Cauca con mayor intensidad a Anserma, Cartago y Toro. En 1601 estando Cartago prácticamente rodeada llegó en su ayuda un capitán de apellido Pereira conocido como "el VaIeroso" Este junto con toda su tropa fue muerto por los indios, lo que precipitó un desplazamiento masivo de sus pobladores a Cali quedando estas tribus adueñadas de la región.

El ataque de los Pijaos continuaba a lado y lado de la cordillera. En 1602 los indios atacaron el fuerte construido cerca de Ibagué siendo rechazados por el capitán Sebastián Fernández de Bocanegra. En octubre del mismo año atacaron a Ibagué y a pesar de que la ciudad se encontraba amurallada fue tomada después de haber quemado la puerta principal. Tomaron cautivos veinte indios de servicio y quemaron la iglesia y cultivos cercanos.

En diciembre de 1602 los Pijaos se habían instalado en el Cerro del Peón (Canceles) y desde allí amenazan continuamente a Cartago.

El 19 de julio de 1606 los Pijaos a órdenes del cacique Calarcá asaltaron a Ibagué a media noche. Este ataque fue rechazado por los capitanes Gaspar Rodríguez de Olmo y Juan de Leuro, pero los indios antes de huir mataron sesenta personas y quemaron más de setenta casas; las víctimas eran principalmente indios de servicio a quienes consideraban traidores y negros esclavos los cuales eran perseguidos con saña y devorados sus cuerpos.

Para enfrentar personalmente a los Pijaos, el presidente Borja sale de Santafé el 29 de enero de 1607 al mando de quinientos soldados, un sinnúmero de indios cargueros y rastreadores, llegando a la población de Chaparral (Tolima), situada al pie del cerro Calarma.

Una de sus primeras disposiciones fue ordenar la construcción de fuertes en Burila, San Juan de Gandia y San Lorenzo de Maitó.

Utilizó contra los Pijaos la misma táctica de guerrillas empleada por ellos que consistía en atacar y rehuir el combate; quemó sus cultivos y bohíos obligándolos a abandonar sus tierras; los atacó con perros, se coaligó con los Natagaimas y Coyaimas cuyo jefe don Baltazar era famoso por su lanza con la que causó innumerables bajas entre los Pijaos.

Esta acometida obligó a los Pijaos y Putimaes a buscar refugio en la región norte del Tolima bloqueando por mucho tiempo el camino del Quindío, y causando su abandono ya que los viajeros y comerciantes preferían tomar el del sur que era menos pendiente, más amplio y estaba libre de indios guerreros.

El cronista Fernández de Piedrahíta calcula que en la guerra de conquista murieron aproximadamente en el Nuevo Reino de Granada dos mil ochocientos cuarenta soldados españoles, cuatrocientos colonos y cuarenta mil indios de servicio.

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