TESORO DE LOS JESUITAS

Con la expulsión de los misioneros jesuitas de los Llanos Orientales por orden del obispo Julián de Cortázar en 1630, muchos de ellos pasaron por el camino del Quindío rumbo a Quito y en su recorrido se cree enterraron joyas y artículos religiosos de gran valor para evitar que cayeran en manos de asaltantes. Este hecho dio origen a una leyenda más sobre tesoros escondidos en esta parte del país.

Pedro Pablo Abarca y de Bolea X Conde de Aranda, siendo ministro del rey Carlos III, demostró el peligro económico que representaba para la Corona Española la poderosa Compañía de Jesús en sus dominios por la gran cantidad de terrenos que poseían. Fueron acusados de acumular riquezas en su propio beneficio y de querer independizarse de la Corona, por lo tanto el soberano decretó su expulsión y la ocupación de sus propiedades por la Real Pragmática el 27 de febrero de 1767; la orden le llegó al virrey Pedro Messía de la Zerda el 7 de junio de 1767 y sólo sería comunicada a los jesuitas en Santafé el 31 de julio. El 1 de agosto salieron para Europa escoltados por tropas; días más tarde llegó la orden a los que residían en el Cauca, Chocó y Putumayo.

En Cartago habían varios jesuitas los cuales fueron conducidos a Honda por el camino del Quindío y de allí trasladados a Cartagena para ser embarcados a Europa. La leyenda de los tesoros que escondían a lo largo del camino tomó fuerza de nuevo.

Desde 1843 se venía discutiendo la expulsión de los jesuitas en el Congreso por el apoyo dado al gobierno conservador armas y dinero en la guerra de Los Supremos. En 1846 revivió el debate en el Congreso pero la votación quedo empatada; el debate se reabre en 1848 pero el gobierno conservador la rechazó. En 1850 durante el gobierno del liberal José Hilario López fueron expulsados y son traídos c nuevo al país por el presidente conservador Mariano Ospina Rodríguez en 1858.

Terminada la guerra civil de 1861 y comprobada la ayuda dada por los jesuitas a los conservadores, el gobierno provisional de Mosquera decretó el 26 de febrero de 1861"Tuición" o permiso del Estado para el funcionamiento de la comunidades religiosas y el 26 de julio del mismo año decreto la expulsión del país de los jesuitas. Muchos de ellos previendo que sus tesoros (objetos litúrgicos en oro con incrustaciones de esmeraldas y piedras preciosas, monedas de oro y plata, obras de arte como retablos y pinturas) cayeran en manos del gobierno, buscaron caminos poco recorridos como el del Quindío para salir a Buenaventura, pero en este tránsito algunos fueron asaltados por malhechores y otros ante el temor de ser despojados de ellos los escondieron en lo profundo del bosque.

El pintor y grabador bogotano Ramón Torres Méndez, fue director de la galería por él creada con los setenta cuadros abandonados por los jesuitas cuando fueron expulsados en 1861.

Años más tarde vinieron los jesuitas vascos Echegaray, Dzquenaga y Zunzunaguy buscando información sobre el paradero final de estos tesoros en Armenia, La Tebaida y Cartago.

El decreto de "desamortización de bienes eclesiásticos" expedido el 9 de octubre de 1862 había sido aplicado en México en el año 1856, en Colombia fue promovido por el secretario encargado de hacienda Rafael Núñez. Los bienes acumulados durante muchos años producto de donaciones que los creyentes daban a la iglesia para la salvación de sus almas le reportaron en diez años a las arcas del Estado diez millones de pesos.

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