Diccionario Aristizábal de citas o frases colombianas

Letra LL


LLANO ESCOBAR, Alfonso, S.J.

Se necesita coraje para vivir, perdón para morir diariamente.
No cede al tedio, a la pereza de vivir, que llamamos aburrimiento.
La vida no vale por lo que sintamos, sino como el mar, por llevar todas las olas hasta la playa.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, 1983.


LLANOS, Antonio (Lima, 1905- Cali, 1978)

Temblor bajo los ángeles. Título de un libro de sonetos, 1937/38. Mas si mi pecho allega la mies divina y suave, / al punto, se iluminan los castos derroteros / y en mis riberas ancla la eternidad su nave.
El collado beatífico. Te han sentido las fuentes del acento / y el casto pulso musical del río / cuando el relente de oro del estío / brilla en los lirios móviles del viento.
Pastoreo.
Las aves te han sentido en el momento / en que tu flauta llora su desvío, / y enciendes en mi noche ¡Amado mío! / la candela del hondo llamamiento.
Ibid.

Tú y San Juan son los dos mayores líricos de la lengua castellana.
A Porfirio Barba Jacob, 15, XII, 1941. En el breve camino / alzado como un lirio en la espesura, / el corazón divino / oyó la flauta pura / y enamorado fue de su hermosura.
Ascenso desolado al amor.
Vagaba por mi huerto, / siguiendo la alta voz de la doncella, / enamorado y cierto. / ¡Oh, parva lumbre aquella / que detiene la cima de la estrella!
Ibid.

De pronto, levantado / hasta el vértice puro de las cosas, / entendí que el estado / de amor no está en las rosas / sino en las duras noches silenciosas.
Ibid.

Estar enamorado / no es gozar con el ojo y el oído / la imagen del Amado: / es huir del sentido, / "también en soledad de amor herido".
Ibid.

Estar enamorado / no es escuchar entre la noche, apenas, / el viento sosegado, / sino oir las serenas / voces de las angélicas colmenas.
Ibid.

Sobre tu voz descanso, / como el ave en la flauta enamorada. / Dime la ley del manso / que dé fuerza a mi nada, / y en mi costado engendre la alborada.
Ibid.

Los brazos de las flores / ablandan el ardor de mi querella. / Quemado en resplandores, / corriendo tras tu huella, / abro el nuevo camino de la estrella.
Ibid.

¡Oh callada hermosura! / ¡Oh prados en que duermes, Amor mío! / Colinas y espesura: / decidle a mi desvío / si ha empapado su túnica el rocío.
Ibid.

Mi ardiente pesadumbre, / surcada por las aguas de la pena, / se asoma a la vislumbre / de la noche serena, / a la justa belleza que enajena.
Ibid.

Tú, amor, no estás aquí... / ¡y ya tu voz es polvo! / Sonido de la tierra / y polvo, polvo, polvo.
Canción casi sin palabras.
Aún oigo en mi sangre / tu recuerdo remoto... / ¡los ríos siempre duran / y pasan poco a poco!
Ibid.

¡Ay! yo también camino / entre luceros hondos / y la sal de mis lágrimas / es todo mi tesoro.
Ibid.

¡Para qué las violetas / y las tardes de oro, / para qué el corazón / si tu cielo es de otro!
Ibid.

Si pudiera volver a verte / como en el campo florecido / vemos la sombra de la muerte.
Canción de ausencia.
Volver a verte, me decía, / mas tú, ceniza enamorada, / entregabas al claro abismo / tu corazón y tu mirada.
Ibid.

Eras no más ligera sombra... / y te quería y te quería, / porque adoramos lo que pasa: / la rosa, la nube y el día.
Ibid.

Sombra de amor iluminada, / rosa que fue, fuego de nieve, / solo por ti, ausente estrella, / mi canto cruza el cielo leve.
Ibid. 

Te amé, te amé como se aman / las bellas cosas encendidas: / el lirio vano, las canciones, / la sangre nueva de la vida.
Ibid.

Amé la miel de tus palabras, / tu beso ardoroso y sabio, / donde aprendí que la dulzura / cabe en el mundo y en tu labio.
Ibid.

Ya eres del aire sombra apenas; / yo, de la noche clara y fuerte. / Los dos seremos desposados / en las honduras de la muerte.
Ibid.

Ha llegado el hermano de lejos, / evadiendo preguntas ingratas.
Canción del retorno. Él estaba en la flor de la vida / cuando dióse a la mar con su barca, / yo indagaba el misterio del mundo / con la dulce mentira del arpa.
Ibid.

Ha buscado la tarde encendida / en la rosa indecible del agua, / ha bebido la miel de los campos, / ha dormido a la sombra del haya, / ¡y la encina no pudo volverle / la perdida pureza del alma!
Ibid.

Nos quedamos mirando la tarde / invadidos de lumbre y nostalgia / y los pechos cansados suspiran / escuchando una música vaga.
Ibid.

Las violetas nocturnas se abren, / ya resuena la vieja campana / y la voz de los niños difunde / en los vientos su pura fragancia.
Ibid.

Nos quedamos oyendo la noche / que confunde en la sombra estrellada / el pausado rumor de la música / y el divino silencio del alma.
Ibid.

Yo vengo a interrogaros / dulces cosas amantes / por ella, por mi herida, / por el amor de antes.
Elegía con música de amor.
Coronado de espinas / mi corazón te guarde, / que tuyo he sido, amor, / en espíritu y sangre.
Ibid.

Digámonos adiós / como se dicen tantas / cosas de sueño leve / en la tarde gozada.
Elegía fatal.
Digámonos adiós, / cerremos bien el alma / para que no se entren / las antiguas miradas.
Ibid.

Todo dolor de amor / el imposible alcanza.
Ibid.

La belleza se alumbra / con una sola lágrima.
Ibid.

Mira si no la noche / oscura y despojada, / llora después un poco / y retorna a mirarla. / ¡y verás las estrellas / en el fondo de tu alma!
Ibid.

Lo breve nos conforma / con su medida aciaga. / Queremos siempre breve / el amor que nos mata.
Ibid.

El nudo en la garganta / tal vez será el dolor / de otra herida, la vaga / reminiscencia pura... / Quizá no será nada...
Ibid.

Digámonos adiós / que la tarde se acaba, / para tanto dolor / este instante me basta.
Ibid.
¡Tu destino es volver, / volver siempre a mi alma!
Ibid.

Devuelto a ti, oh mar divino, / me reconoces al instante / como en la trémula mirada / se entienden los viejos amantes.
El encuentro.  Yo he sido tuyo en mis canciones, / en el exilio y en el viaje: / fiel a tus voces y a tu acento, / ¡caracol por ti resonante!
Ibid.

Oh compañero de otros días: / bajo el arrullo de los mástiles / lloro la ausencia del amor / y me consuelo con la tarde.
Ibid.

Yo le he cantado mis canciones / a tus luceros navegantes / cuando la brisa azul sacude / la cabellera de las naves.
Ibid.

Aquí me tienes esperando / que tu navío eche las anclas / mas en el cielo de los mástiles / no están los palos de tu barca.
La espera. Viejo lobo de un mar lejano, / corrió entre céfiros mi infancia / y con la miga de mis sueños / encendí mi pipa dorada.
Ibid.

Fue mi padre un dulce marino / (ardía el sol entre sus barbas...) / que me enseñó desde pequeño / a hablar en ritmo de baladas.
Ibid.

Siempre en el mar dormí en la noche / y al despertar en la alborada / entre gruñidos y linternas / las naves se balanceaban.
Ibid.

Las gaviotas saben mi historia. / Mi padre Ulises se llamaba...
Ibid.

A Belén, pastores, vamos a Belén, que ha nacido un niño para nuestro bien.
Villancico.


LLERAS CAMARGO, Alberto ( -1990)

Nuestra bohemia ha sido plebeya, ruda, brutal. Ha sido crápula. No ha habido inteligencia ni ingenio en ella, salvo en dos o tres ocasiones.
Nuestra bohemia ha sido crápula, 1925. "La Gruta Simbólica", que pasó por ser un aquelarre sádico, no fue más que una tendencia a establecer un Montmartre entre nosotros.
Ibid.

Nuestros borrachos siempre disienten con los policías.
Ibid.

Somos hostiles, aislantes.
Ibid.

Lo que el pueblo quiere es que se le deje gritar: lo está haciendo y a voz en cuello. Conferencia, I, 1930. Si fuera rico, si tuviera renta, viviría en un campo, alejado de todo, frente a la naturaleza, rodeado de libros.
|A LENC, 1935.
Yo no siento el afán de estar en contacto con el público.
Ibid.

Entre las obligaciones filiales y las que impone la patria en estos momentos, yo no hubiera salido.
Contra Guillermo Valencia, quien salió de una muy importante reunión para escuchar un discurso de su hijo Guillermo León, 9, XII, 1941. Los partidos pueden organizarse con la convicción de que no habrá fuerza capaz de impedirme reconocer la victoria a quien la obtenga.
Discurso de posesión presidencial, 7, VIII, 1945.  Nadie podrá obligarme a proceder contra mi conciencia.
Ibid.

Aplastar las minorías doctrinarias es combatir con la historia.
Ibid.

Nadie tema coacción, violencia, fraude o resistencia a la voluntad popular que se escrute.
Ibid.

No tengo con el liberalismo ningún compromiso que salga del territorio intelectual.
Ibid.

La rebelión contra las leyes no es un privilegio acordado a los trabajadores ni a nadie.
Alocución ante la huelga de|FEDENAL, 18, XII, 1945.
Cada vez que un hombre habla con sinceridad sobre sí mismo, describiendo su caso, describe mejor a toda la especie que cuando pretende abarcarla dentro de un sistema general.
Cit. por Juan Lozano y Lozano, Mis contemporáneos, 1947. Los partidos, en sí mismos, no son, no pueden ser otra cosa que instrumentos de expresión para la opinión nacional, y no la opinión misma.
Ibid.

La manera de gobernar un país no puede ser un dogma, porque es, esencialmente, una experiencia constante, un ensayo sobre hechos móviles.
Ibid.

Un país mal informado no tiene opinión. Tiene prejuicios.
Ibid.

La violencia de nuestras luchas políticas se deriva de que no hay información suficiente sobre ninguna cosa que se relacione con el gobierno.
Ibid.

Nuestra democracia falla porque no está constituída para la alternabilidad, sino para la hegemonía sin término previsible y normal.
Ibid.

El Congreso debe organizarse burocráticamente, porque la burocracia, tan vilipendiada, es una forma natural de la democracia, cuando busca orden.
Ibid.

Yo creo que hay reformas elementales que producen más resultados que las grandes reformas de tipo doctrinario hechas inoportunamente.
Ibid.

El mayor peligro de nuestra deficiente democracia está en el desdén del pueblo por su Parlamento.
Ibid.

Ante la agresividad de los partidos comprometidos en una lucha a muerte, "llegó la espada y cortó el nudo".
Tras el golpe de Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953.
Yo escribo en estas páginas a nombre de las Fuerzas Desarmadas de la Opinión Pública.
Ante las amenazas de las Fuerzas Armadas. Nuestros odios heredados. Puede, quien tenga obligaciones como propietario, como rico, como ser humano, como cristiano, prestar un apoyo decisivo a gentes que lo necesitan; y sentir el incomparable placer de ver recrear a su alrededor una existencia más noble y digna, gracias a un esfuerzo suyo.
Escritos selectos.
Ministro que se equivoca, debe renunciar. Colombia es un país de aluvión. El país ha despertado del estupor que le produjo ser tratado como una nación ocupada.
30, IV, 1957. El poder absoluto engendra absoluta corrupción.
1957. Gobernar conjuntamente con dos partidos que han combatido, no de cualquiera manera, sino feralmente, por siglo y medio, y cuya existencia misma surge de la necesidad de la controversia y la disensión, es una prueba formidable.
Discurso en la Plaza de Cisneros, Medellín, 20, IV, 1958. Si los partidos aprovechan esta histórica oportunidad para mostrar de qué son capaces, la historia venidera de Colombia se encauzará hacia la civilización política y desembocará, abierta y libremente en una democracia ordenada y justa.
Discurso, 27, IV, 1958. Sólo nos queda un experimento por hacer: el de cargar toda la responsabilidad de la ventura nacional sobre un gobierno conjunto de los dos partidos, para que den de sí todo lo que puedan dar, sin preocuparse del predominioo del uno sobre el otro.
Ibid.

Para reducir la violencia y reprimirla es preciso que la nación entera, sin reservas, se dedique a ese trabajo supremo.
Discurso de posesión presidencial, 7, VIII, 1958.
A un país así, hay que restablecerle la paz.
Ibid.

Lo primero que debiera mantener un Estado en el más alto nivel de eficaca sería la justicia.
Mensaje al Congreso, 20, VII, 1959.
Ninguna clase de orden público prevalece cuando no hay jueces o cuando los que hay no hacen justicia. La impunidad crea el impulso en cada persona de buscar la justicia por su cuenta y tal como ella la entiende.
Ibid.

El gobierno de un solo partido no le conviene a la nación en el período actual de su evolución política.
Un año de gobierno, 1959. El pecado original de nuestras leyes, el de adelantarse audazmente por sobre una realidad social incapaz de sostenerla.
Ibid.

La democracia no se perfecciona por saltos, y antes de que se haya extinguido el último foco de barbarie es una utopía la república que tratemos de crear para uso y orgullo de un grupo de seres a quienes circunstancias más propicias arrancaron el pelo de la dehesa.
Ibid.

La poesía era el primer escalón de la vida pública y se podía llegar hasta la presidencia por una escalera de alejandrinos pareados.
11, XII, 1959. A las estatuas no se les tocan las barbas.
A Rodrigo Llorente. Fue uno de los mejores, si no el mejor, de este siglo.
En el sepelio de Eduardo Santos, 1974. He estado en todas las grandes disputas de nuestra época, he presenciado de cerca los actos más inverosímiles de cuatro tremendas décadas, he conocido a los más grandes hombres de este siglo, he gobernado, he luchado, he firmado la paz, he visto crecer la hierba sobre la desolación de la matanza y el fuego, y por último he recibido premio bastante al contemplar una república de leyes, severa y sobria, decidiendo su existencia sin un puñetazo ni un grito.
En el homenaje a López Michelsen, 2, VIII, 1974. Ya a mi edad no se le teme a nadie, cuando no se le teme a la muerte.
Mi gente, 1976. En cuanto a las ambiciones, la naturaleza sabiamente las marchita cuando ya no pueden satisfacerse.
Ibid.

La guerra era, en cierta forma, una gran diversión, una fiesta, el sublime deporte del pueblo, secularmente aburrido de vivir entre la pobreza y el pecado.
Ibid.

Sólo la guerra creaba prestigio nacional, y de consiguiente, oportunidades para las elecciones al Congreso, a la Presidencia, o los nombramientos para el ministerio o la diplomacia.
Ibid.

Ninguna otra revolución colombiana ha sido más cruenta. Fue también ella, sin duda, la que marcó y parceló el territorio colombiano con el peor estigma de violencia partidaria, y señaló las aldeas como liberales o conservadoras para siempre.
Sobre la guerra de 1840, Ibid.

Siempre estaba hablando de atravesarse con su espada o de fusilar a alguien.
Sobre Mosquera,
Ibid.

El señor Marroquín era un hombre escéptico en todo, menos en gramática, en la cual era duro y despótico.
Ibid.

Colombia se conducía como una tribu apenas civilizada en la santa alianza del clero y el Partido Conservador, tal como Núñez lo había pactado para la eternidad.
Ibid.

Las disidencias conservadoras eran, por lo general, pecados mortales.
Ibid.

La Edad Media acababa de morir, para dar paso al Renacimiento colombiano anterior, es cierto, de la Reforma. Estábamos en la mitad del Trecento italiano. Pero acabábamos de derrotar a Petrarca como candidato a la presidencia de la república.
Sobre el fin de la hegemonía conservadora en 1930.
Ibid.

El partido Conservador dependía de ese despotismo ilustrado, lo único ilustrado en un país de analfabetas y de demagogos anticlericales.
Ibid.

La confusión de Rionegro reside en que en el empeño de atajar a Mosquera, la constitución no se hace para gobernar, sino para no dejar gobernar.
Discurso en el centenario de Mosquera, 1978. Llevaba sus ideas como condecoraciones que se podían cambiar de acuerdo con las circunstancias.
Ibid.

Los políticos solemos decir que nuestros críticos son, por excelencia, amargados.
Prólogo a Jardín de Cándido.
Una campaña presidencial" de Juan Lozano y Lozano, 1979.  El periodismo, la forma literaria más tradicional de Colombia y hasta hace poco, la única.
1980, cit. por J.G.Cobo, Cancillería, No. 12, 1992. En nuestros países el mismo ámbito físico indispensable para que nuestra memoria no patine en el vacío ha sido arrasado.
Memorias, 1997.


LLERAS RESTREPO, Carlos (Bogotá, 1908 - 1994)

Nos corresponde de hecho y de derecho arrancar al pueblo del pantano donde vegeta, separarlo de la línea donde oscila entre la criminalidad y el fanatismo.
Discurso ante el Congreso Nacional de Estudiantes, Ibagué, 1928. Es necesario que la mujer se libere en el orden espiritual por la enseñanza, y para ello se le debe abrir la Uiversidad.
Ibid.

El liberalismo tiene que velar ante todo por los intereses del proletariado rural y urbano, del cual es legítimo y autorizado personero.
Discurso ante el Congreso, 1933. No se puede perder de vista que toda medida que se tome debe inspirarse en un criterio de transformación y que debe ser preparatoria del fin principal que se persigue.
Ibid.

En ocasiones, la revolución sólo se caracteriza por una acentuación en el ritmo normal del movimiento evolutivo.
Conferencia doctrinaria en la Casa Liberal, 1934. Las fuerzas económicas de transformación social trabajan lenta pero seguramente el espíritu de las multitudes.
Ibid.

La esencia de la revolución liberal es el principio del libre examen de los probelmas, las intituciones, los hombres y las cosas.
h.1934, cit. en Crónica de mi propia vida, I, 1983. Desde el punto de vista puramente jurídico no puede establecerse una sólida distinción entre interés público y utilidad social.
Acerca del proyecto de reforma constitucional de 1936. Las dejo pasar por debajo de la tribuna desde donde me dirijo a la representación nacional.
Acerca de las injurias que le lanzó Jorge Eliécer Gaitán en un debate en el Congreso, II, 1938. La posesión del poder público es ante todo la posibilidad de tener en la mano el instrumento capaz de traducir en realidades la voluntad de actuar sobre la suerte de los otros, que es la esencial característica del hombre político.
Conferencia, 16, II, 1939. Si hemos de durar tanto tiempo, lo mejor que podemos hacer es comenzar lo más pronto posible.
A Laureano Gómez, quien adujo que la ejecución de un decreto demandaría por lo menos cuarenta años, 1940. Lo que socava los cimientos de la democracia es el olvidar en los momentos históricos las grandes necesidades públicas; es el volver la espalda a las necesidades trascendentales de la nación; es el perder de vista los intereses sagrados de la República; es el extraviarse por los senderos de la oposición arriando la bandera de los grandes ideales para recoger en el camino minucias lamentables.
Ante el Senado, 31, VII, 1940. Una mina de buenas ideas y de innecesarios conflictos.
Sobre el célebre discurso de López Pumarejo en el Hotel Granada el 24, I, 1941. No es inoportuno hacer memoria de la vida pasada cuando se preparan los comentarios al presente y los programas del porvenir.
"Hefestos", El Tiempo, 29, III, 1941. Inepta para la estabilidad, todas las conquistas que realiza Alemania son simples etapas recorridas en un camino sin meta fija, que se pierde en el infinito, que no conduce a ningún sitio de reposo.
El fenómeno de Alemania, El Tiempo, 10, V, 1941. La Presidencia de López fue una fórmula excelente en el pasado, pero no es la mejor fórmula para el porvenir.
El Tiempo, 21, V, 1941. La simple dignidad del liberalismo, considerado como un partido político acreedor al respeto, y la simple dignidad personal de cada uno de sus miembros, les veda categóricamente cualquier alianza, transitoria o permanente, expresa o tácita, con el señor Gómez o con el grupo político que él dirige.
El Tiempo, 31, V, 1941. Parece una paradoja, pero la sociología práctica demuestra, con apoyo en múltiples experiencias, que mientras más atrasado se encuentre un pueblo menos fuertemente obra sobre él el atractivo de una vida mejor.
Discurso, 5, VI, 1942. No tienen que resignarse los pueblos nuevos como el nuestro a recorrer con un idéntico itinerario el camino lleno de dolores y tempestades que distinguió la evolución del viejo mundo.
Ibid.

En nuestro nuevo mundo no existe la estratificación profunda que haga necesario para cada cambio un previo cataclismo destructor.
Ibid.

La reforma de 1945 tuvo más importancia y más profundidad que la de 1936.
Cit. por Juan Manuel López Caballero. Son las circunstancias las que nos marcan el camino, y lo más cuerdo, al fin y al cabo, es someterse a ellas con alegría y buen espíritu.
Cit. por Juan Lozano y Lozano, Mis contemporáneos, 1947. Las horas corren y no tendremos ocasión de recuperar el tiempo perdido.
Ibid.

Nuestras cabezas están expuestas, pero que se tenga valor de parte de quienes están dirigiendo la opresión, porque las de ellos, también lo están.
Cit. por Arturo Abella, 1949. Ninguna relación tendremos de ahora en adelante con los miembros del partido conservador.
En el Senado,
Ibid.

Quienes desacreditan la patria no son ciertamente los escritores que con el ánimo de obtener un cambio ponen al desnudo la gravedad de la situación, sino los que han formado y mantienen el presente estado de cosas.
De la República a la dictadura, 1952. La política del perdón no debe significar también olvido. (Comentario al Pacto de Benidorm, 1956), cit. por Alberto Zalamea Crónicas y coloquios del bachiller. Cleofás Pérez. Ni liberalismo clásico, ni socialización exagerada.
Amigas y amigos.
Frase con la cual iniciaba sus frecuentes charlas por la televisión
Del Primer Magistrado de la Nación a la segunda Persona de la Santísima Trinidad.
En una tarjeta que acompañaba a unas flores que depositó a los pies de un crucifijo, atrib. en un chiste bogotano. No tendría sentido el que se pretendiera imponérseme la obligación de continuar como jefe del gobierno y cabeza de una coalición política desmontando al mismo tiempo los programas que ese gobierno y que esa coalición han sustentado.
Mensaje de renuncia a la Presidencia de la República, 11, VI, 1967. Un clima de paz social en los campos, no lo vamos a obtener sólo por medio de la policía y el ejército, sino por medio de la justicia, por medio de las condiciones rurales.
Discurso sobre la Reforma Agraria, 1968. Aquí se sostendrá la Constitución y yo permaneceré en el mando hasta el 7 de agosto.
No saldré antes de Palacio sino muerto, y de esto deben quedar notificados tanto los que quieren promover desórdenes como los que resuelvan acompañarme en la guarda de la paz y de la Constitución Nacional.
Alocución televisada a los colombianos, el 21, IV, 1970. Desde ahora le notifico a la radio que cualquier estación que intente propagar órdenes de subversión o causar alarma, será clausurada definitivamente; perderá para siempre los canales que tenga adjudicados.
Ibid.

En cuanto hace al caso de Bogotá, advierto lo siguiente: son las ocho de la noche. A las nueve de la noche no debe haber gentes en las calles. El toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa, y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo, con todos los azares que corre el que viola en estado de guerra una prescripción militar.
Ibid.

Decretaré el reclutamiento obligatorio de quienes se declaren en paro, y quien no obedezca el llamamiento a filas, será considerado como desertor y juzgado en consejo de guerra.
Ibid.

Hay una gran diferencia entre la imagen de uno que proyectan los malquerientes y la que en definitiva se forman las personas que tienen ocasión de tratarme.
A Gonzalo Castellanos, 1975. Borradores para una historia de la república liberal, Antares, 1975. Yo no he sido teniente de nadie. 1977. Creo que he sido y sigo siendo un mal político, en el sentido de que no me preocupo obsesivamente por atraer y conservar un grupo de amigos. Si de algo me he cuidado es de no petrificarme en el pasado. Va a iniciarse un nuevo año y, como de seguro lo hacen casi todas las gentes, vuelvo la vista al pasado.
Crónica de mi propia vida, I, 1983. Lo que ya vivimos resulta ser lo único verdaderamente nuestro.
Ibid.

Creo que con esto debo cerrar estas memorias elementales; lo demás aunque lo recuerdo bien, no es para ser dicho.
Ibid.

De algo me sirve el haber leído tanta historia y tener presentes tantos ejemplos.
Ibid. Sobre la vida de los hombres públicos pende siempre un riesgo desproporcionado a la intensidad y duración de sus actuaciones.
Ibid.

Nada hay más inhábil desde el punto de vista parlamentario que formular interpelaciones a un orador pronto, fácil y recursivo.  Ibid.

Yo puedo ser un buen gestor de las finanzas públicas pero soy y seré siempre inepto para los negocios que puedan redundar en mi personal provecho.
Ibid.

He dejado de participar en operaciones que hubieran podido sacarme de pobre; pero, en cambio, he gozado de tranquilidad e independencia.
Ibid.

El egoísmo, la falta de solidaridad, no son patrimonio de las clases altas; los encuentra uno en las intermedias y las humildes, con expresiones casi feroces en ciertos casos.
Ibid. Basta tocar una cuerda y la vibración se extiende a toda el arpa del recuerdo.
Ibid.

Cuando descubro en el conjunto de las intituciones que se van acumulando con el correr del tiempo algún material que yo aporté, por insignificante que sea, siento que no he vivido en vano.
Ibid.

Hoy, después de medio siglo de vida pública, puedo afirmar con orgullo que no he aprovechado ninguna de las posiciones que me otorgaron generosamente los gobiernos o el pueblo para crearme una clientela, un cortejo de agradecidos amigos políticos.
Ibid.

La existencia de una especie de línea sucesoria es un fenómeno que puede hallarse en la historia de los dos partidos y, cosa interesante, éstos han perdido el poder cada vez que la línea sucesoria se ha extinguido y surge la disputa de los pretendientes que se sienten todos con iguales méritos y capacidades para el ejercicio de la primera magistratura.
Ibid.

Las rivalidades entre hermanos son casi siempre inevitables.
Ibid.

No debiera privarse nunca de su empleo a quien lo viene desempeñando con honestidad y competencia.
Ibid., II, 1983.

Pienso en la utilidad de las "Memorias", en las lecciones que nos ofrece el ayer y en los cambios que trae consigo el correr de los años.
Ibid.

Pienso, cuando me detengo sobre ciertos espisodios, en la trama misteriosa de la historia en los imponderables, cuyo influjo sobre el rumbo de los pueblos sólo a la larga o excepcionalmente viene a salir a luz.
Ibid.

Pocas veces iniciaba Gómez (Laureano) un debate; como un buen "matador" dejaba que actuara primero su cuadrilla.
Ibid.

Jamás se ha podido entender en Colombia que el funcionamiento de las instituciones democráticas exige un cierto grado de disciplina.
Ibid.

La vida nos va privando progresivamente de los otros placeres y sólo nos deja la vieja satisfacción de poder llenar cuartillas y más cuartillas.
Ibid., (también en entrevista a Pacheco).

Es humano que la actitud de los hombres y sus opiniones sobre los problemas políticos cambien con el curso del tiempo.
Ibid.

Cada generación da limpios y grandes exponentes, al lado de otros que no pueden señalarse como ejemplares.
Ibid.

Los sindicatos, aquí y en todas partes, violan las disposiciones que prohíben la huelga en los servicios públicos.
Ibid., III, 1983.

Ya don Alberto (Lleras) me hizo la pública advertencia de que no debo escribir las "Memorias" de él sino sólo las mías.
Ibid.

Resulta grato, en el ocaso de la existencia, volver la vista al pasado y hallar que no se trabajó estérilmente.
Ibid.

¡Cuán fuertes son los lazos que nos ligan al Partido y a las funciones políticas! Trata uno de libertarse de ellos y encuentra a la postre que los acontecimientos o un secreto impulso personal lo llevan de nuevo al campo de la vida pública, así sean ingratas las condiciones bajo las cuales se cumpla el retorno.
Ibid.


LLERAS CAMARGO, Felipe

Un grupo de muchachos que no aprendieron el dolor de los irredentos ni en el humanismo de Tolstoi ni en las tragedias de Gorki, sino al contacto con la miseria autóctona.
Sobre la generación de "Los Nuevos", La República, 1926. Querido Tuerto López: / En Cartagena, tierra de tus sueños, / En Cartagena, tierra de vencejos, / ¿cambiarías tus Albertos Pumarejos / por un montón de Nietos Caballeros?
A Luis Carlos López.


LLERAS DE LA FUENTE, Fernando

De mi pasado, digo, / me queda el sabor a ceniza / que dejan en la boca ciertos besos, / mi primordial silencio, / la herencia prematura de la melancolía, / y una tendencia / a cansarme, por momentos, / de la vida.
Llueve, como una antigua melodía.
Ibid., En medio de la ausencia.

Canta el amor / su misteriosa tonada, / su balada caprichosa, / su canción desesperada / canta el amor.
Canta el amor. Y después llega el dolor / al son de su barcarola, / y su canción queda sola / rodando en el corazón. / Y después llega el dolor.
Ibid.


LLERAS RESTREPO, Isabel

En esa calle estrecha y empinada, / que en un tiempo se llamó de La Agonía, / el camerín del Carmen todavía / se prende a la pared destartalada.
Cit. por Luis Eugenio Sarmiento en carta a Argos, 1989.


LLERAS, Luis (m. en La Humareda, 1885)

Compadre, la guerra es un vértigo, una locura, una insensatez y los hombres más benévolos se vuelven bestias feroces.
A Rufino J. Cuervo, poco antes de la batalla de La Humareda. Dios sabe si nos tocará dejar la barriga al sol mientras llegan gallinazos.
Ibid.


LLOREDA CAICEDO, Rodrigo

La peor mentira es la verdad a medias.
Cit. por P.I. Vargas Rojas, Diccionario de máximas, Vol. II, 1993 .


LLORENTE MARTÍNEZ, Rodrigo

De las emisiones clandestinas a las emisiones "celestinas".
El momento en que la inflación se tomó a Colombia, en ¿En qué momento se jodió Colombia?", 1990.

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