2. FOLCLOR LLANERO (1)

"El Arco iris es un rollo de culebra que se extiende cuando tiene sed; sale de las lagunas encantadas, los pozos o los ríos; toma agua con la cabeza que tiene en cada uno de los extremos. Cuando va a salir el agua se pone roja, de color de la candela".

Leyenda Casanareña

Los Llanos Orientales esa inmensa pradera que comienza al morir la cordillera de los Andes y termina en el confín de las selvas amazónicas. La tierra en donde es difícil viajar en invierno porque se inunda la sabana y en verano, difícilmente también por los malos caminos. Sin embargo, el hombre llanero, esa mezcla de indígena y español, ha plasmado en su música y expresiones poéticas parte del sentimiento que lo ata a la tierra, a sus "trabajos del llano", a las vaquerías, animales y naturaleza que lo rodean. El hombre que habita los llanos del Vichada, Casanare, Arauca y Meta, canta, escribe, compone y hace versos; recibe al extraño como a un amigo y la calidez de la amistad se siente en los hogares de los vaqueros del Meta y el Arauca, en los hatos y fundos de las sabanas de San Martín, Casanare y Arauca. Llaneros son también los campesinos de Ariari; los colonos que han venido de Cundinamarca, Tolima y Huila en años recientes.

"Yo soy nacido en el Llano
y recogido en mi tierra
llanero ciento por ciento
como la garza morena
cuando yo monto mi caballo
oiganlo bien
se borran todas mis penas
me siento dueño del mundo..."

Y el llanero se identifica con su tierra y su trabajo. Cuando canta y recita plasma en la copla todo su sentimiento:

"Sabes tú que es un llanero?
es algo que no lo explica ni la
lengua castellana;
dicen que nació en el Llano y que

rrero entre otros. La emoción de un
buscando de banco en banco
lo que no ha perdido su alma;
oyendo en los palmares
las risas que dan las palmas;
mirando del ancho río
las espumas de las aguas,
que bajan de las corrientes
hacia otras fuentes lejanas..."

(Luis Hernán Cisneros)

Y así, con ese sentimiento inconfundible ante la naturaleza y los problemas que para él y los suyos representa, el llanero y toda la gente campesina de los llanos se une a, cantar y a sentir los joropos y las tonadas en los parrandos, a entonar los "cantos del cabrestero" en las vaquerías de verano.

Se aprende a tocar cuatro, arpa o bandola andando, buscando las pisadas y los tonos. Desde jóvenes los llaneros aprenden la música después de su trabajo o durante las fiestas de Santos o cumpleaños, en las fiestas de Santa Bárbara en Arauca, Santa Rosalía, La Candelaria, San Pascual Bailón, San Juan, San Pedro, en la mayoría de los pueblos del Llano: o en las ya tradicionales de San Martín (Meta), la Virgen del Casco (Ariporo-Casanare) o tal vez con mayor sentimiento en los parrandos en los hatos o en los velorios de niños o angelitos, con ocasión de la muerte de un niño. Ellos mismos han aprendido a construir las arpas de cedro, los cuatro, bandolas y maracas de taparo.

El arpa acompaña con su bordoneo el cuatro y lo sigue en los llamados golpes: seis por derecho, la catira, San Rafaelito, Pajarillo, zumba que zumba, kirpa carnaval, guacharaca, chipola, patos, perros y Juana Guerrero, entre otros. La emoción de un parrando sabanero vibra con el segundeo del arpa para un seis por derecho o un seis chipoleado. Cuando el llanero declama o canta pausado, interpreta pasajes, acompañamientos lentos que parecen recordarnos el ritmo de los pastales en la sabana o el volar de alcarabanes y pisisías en los esteros.

Y el parrando llanero rompe la soledad de una noche de estrellas en un hato lejano en medio de la sabana, al golpe de la chipola, no importa que venga un aparato de agua (aguacero) porque:

"Con aguacero y ventiao no hay araguato que duerma".

Se baila joropo hasta bien entrado el día, durante dos o tres días, hasta que termine la comida y el trago. Vienen al parrando los paisanos, los guates, parameros y aun los blancos dueños de hatos. Las mujeres habrán preparado con días de anticipación ayacas, cachapas (arepas de maíz zarazo), tungos de jojoto y la indispensable mamona. Al parrando llanero llegan familias completas con los hijos mayorcitos y las cubas. Tienden los chinchorros en un cuarto, guardan las bestias, las armas, visten el santo para el cual se haga la fiesta, si es el caso y de allí salen cuando se desviste la tumba, o sea cuando se llevan el santo.

"Ese folclor tan puro y tan hermoso
el que la tradición nos ha legado
lo miro que se aleja como vino
sin haberle siquiera mencionado.

Recojamos del suelo de mi tierra
de las profundas huellas del pasado
una enseñanza que quede como herencia
para los hombres de un venir temprano.

Que cada pluma que realice un verso
recoja en verso lo que está olvidado,
y le haga revivir de entre los muertos
como el invierno al pajonal quemado. 

Seguramente el arpa cantarina
también cansada de no oir al cuatro,
ha de callar sus ansias de tonada,
de guacharaca, de gaván y patos..."

Hugo Mantilla Trejos

Los apartes de un verso nos llevan al parrando llanero junto con las melodías que aquí se acompañan, nos llevan a revivir lo que es del Llano, lo que el poeta diría "a defender lo que es nuestro". Durante el parrando, antes o después de las riñas de gallos viene la inspiración de los versos: el poema criollo una tradición de incalculable valor humano y poético.

 "Es muy cierto que p' al hombre
lo mejor es la comía
que en un hato el encargao
es quien tiene mejor vida
y que'l que sea rezandero
peca si no va a misa.

De aquellos tiempos mejores
nada nos queda que sirva
y viendo las cosas de hoy
cualquiera se asombraría
así que pasan los años
todo cambia cada día...

No es que yo sea desconfiado
dicen entre risa y risa
aquí estoy para servirle
le repiten con malicia..."

Juan Manuel Angel

Las seguidillas de siete versos, los corríos en la voz de los cantaores populares o el famoso llorao en el seis, llevan al llanero a amanecer en sus parrandos, y al día siguiente vuelve a la sabana, a apartar la vaquería en las sabanas comunales que aún quedan, a buscar un fundo donde ganadear y tener un conuco, sus novillos y vacas de color araguato, lebruno y uno que otro becerro...

"Todo aquel que sea llanero
a mi linda tierra llana
defiéndala con bravura
y que se acoja en el arpa
como una madre segura..."

Los copleros miden su capacidad de improvisación poética en el contrapunteo y en la inspiración de corríos acerca de hechos históricos, personajes, incidentes entre amigos o sucesos del pueblo y la sabana.

"El vive de la esperanza,
trabajando to' los días
para sostener su casa,
muchas veces cuando muere
solo queda la nostalgia
de un hijo que se tragó
las aguas del río Arauca..."

1.
Revista Trocha. Villavicencio, Año V, No. 43, mayo de 1978.
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