LA FOTOGRAFÍA HISTÓRICA

El propósito de esta exposición, justamente, es mostrar el proceso de cristianización de la cultura wayúu, relacionándolo con la fundación de Uribia y la consolidación de Riohacha como la ciudad comercial de la Guajira, mediante una secuencia de fotografías alusivas a las décadas cruciales de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo XX.

Justificación

En ese sentido la fotografía histórica permite al investigador apreciar visualmente el poderoso impacto emocional del pasado y se convierte en un instrumento clave para re velar aspectos básicos de la historia social de los pueblos.

Así mismo, los modos de hacer historia, en términos de Peter Burke, han cambiado vertiginosamente; por ende, el universo temático de los historiadores se ha ampliado34 El acercamiento de la historia a la antropología, la arqueología, la psicología, la sociología y la economía no sólo amplió el universo de la historia sino que revolucionó el concepto tradicional de lo que es un documento: los documentos no sólo son los legajos que reposan en un archivo nota rial o judicial; también una fotografía es un documento. Esto es posible, por cuanto la fotografía histórica puede ser leída e interpretada a manera de un texto; las fotografías no son meras ilustraciones. Como se dijo, son documentos.

En consecuencia, cada v más se recupera el acervo histórico fotográfico de nuestro país. Los establecimientos culturales de muchas instituciones, tanto regionales como nacionales, buscan la recuperación y conservación de la memoria visual de las regiones35.

Antecedentes

Desde mediados del siglo XIX la fotografía, resultado tecnológico de las sociedades industriales y urbanas, registró los cambios sociales, culturales, urbanísticos y tecnológicos de dichas sociedades, convirtiéndose así en un documento de la época. Proceso similar tuvo lugar en nuestro país36 en donde los fotógrafos registraron a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX el lento paso de una sociedad jerarquizada y fragmentada37 a una sociedad urbana e industrial.

Llama la atención el hecho de que, de la larga lista de fotógrafos (378 en total) cuya actividad se desarrolló a partir de 1840, sólo se hayan identificado trece de ellos que trabajaron en Barranquilla, Cartagena y Santa Marta. Y apenas uno, Rafael Fernández, laboró en Riohacha38 aunque no se tiene claro en que época. En la década de 1940 trabajó en Riohacha el fotógrafo Héctor Brugés.

Desgraciadamente se desconoce el destino de su archivo. Otro fotógrafo fue Franco Barros.

La selección se hizo en virtud del poder descriptivo y comunicativo de las fotografías y, principalmente, por su valor antropológico e histórico. Si bien la voluntad del investigador fue inventariar y preservar dichas fotografías, no fue tarea fácil encontrarlas por las razones mencionadas. Además, no fue posible reproducir muchas fotografías, como las que se preservan en el Archivo de Fotografía del Icanh porque para el momento de la investigación éste se hallaba en proceso de organización; otras fotografías las tienen coleccionistas o aficionados de provincia, quienes las guardan celosamente e impiden su acceso a los investigadores sociales y al público en general.

Para finalizar, quiero agradecer a la coordinadora del Area Cultural del Banco de la Re pública en Riohacha, señora Ivonne Gómez, por permitirme expresar mis comentarios sobre la apasionante historia de la Guajira. Esta oportunidad me hizo conocer a quien con justicia es la segunda autora de este trabajo, doña Josefa Christoffel Quintero, quien a pesar de sus ocupaciones me ayudó a entrar a las casas de muchas familias riohacheras que me mostraron sus álbumes familiares.

VLADIMIR DAZA VILLAR
Magíster en Historia
Universidad Nacional de Colombia

 

34
Burke, Peter, Formas de hacer historia, Madrid, Alianza Editorial, 1996, pág. 11.
35
Véase la bibliografía.
36
Serrano, Eduardo, Historia de la fotografía en Colombia, Bogotá, Museo de Arte Moderno, 1983.
37
Palacios, Marco, Entre la legitimidad y la violencia. Colombia 1875-1994, Bogotá, Editorial Norma, 1995, cap. 1.
38
Serrano, Eduardo, Op. cit., págs. 317 y sigs.
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