Se calcula que la población indígena de occidente a la llegada de los españoles, fue de 60.000 a 80.000 individuos. Su organización social se basó en el cacicazgo. La agricultura y el desarrollo de técnicas agrícolas importantes, el laboreo de la sal, el tejido, la construcción de su vivienda (guadua), la crianza de los hijos, el comercio, la guerra, sus ritos mágico-religioso, sus fiestas, el manejo del medio ambiente, la caza, la pesca, etc., todo esto combinado con el delicado y maravilloso trabajo del oro y la cerámica, son elementos constitutivos de esa dinámica cultural que formó su acontecer cotidiano.

 

 

 

La llegada del español en el siglo XVI, introduce profundos cambios.

Diezmada nuestra población indígena por los enfrentamientos, enfermedades, o por inanición o por su deserción a zonas más selváticas, o su simple deseo de morir, en muy pocos años aquella importante cultura aborigen, aquella identidad propia, aquella forma de ver y entender el mundo, aquel explendoroso trabajo del oro y la cerámica, desaparecen. Queda a partir de entonces un indígena que privado de lo que hasta ese momento fue su entorno y su cultura, debe responder a los requerimientos que el español considera son los que debe cumplir en adelante.

 

 

 

Agotado pues este proceso, posteriormente estas tierras son abandonadas por más de un siglo y se da aquello que se ha denominado la "Colonización Antioqueña"; grupos de hombres y familias que atraídos por la búsqueda del oro, de mejores espacios agrícolas y herederos de aquella fusión cultural indígena, negra y española se involucran en la aventura de buscar nuevos horizontes y ampliar a través del desmonte de selva las posibilidades de riqueza.

 

 

 

Trabajadores, mineros, arrieros, van creando un modo de vida muy particular que se consolida y madura alrededor de la aparición, cultivo y comercialización de una planta: EL CAFE.

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