La familia como núcleo, une voluntades para llevar a cabo su empresa. Padre y madre trabajan incesantemente para construir un techo digno para su numerosa descendencia.
El derecho a la propiedad de estas tierras se adquiere por el cultivo y el levantamiento de la casa, la cual era ubicada en la parte más elevada del terreno, dominando el horizonte de montaña a montaña.
"Los techos de teja, las paredes de tapia, piezas en galería alrededor de ambos patios, anchos corredores, todo muy aseado y blanqueado, y en la parte de atrás, un solar con corrales para las gallinas, los terneros y las vacas de ordeño, con huerto lleno de flores y árboles frutales. Los muebles más comunes son las tarimas con tendidos largos, los taburetes de baqueta y los escaparates. En el comedor hay una mesa para comer y otra arrimada a la pared para los trastes y en la despensa están la alacena para los dulces y la tinaja para el agua".
El hacha cobra vida, abre paso. La montaña se rinde y se configura la pequeña propiedad, la parcela campesina, la finca.



