LA IRACA

Comunidad artesanal de Sandoná

Pablo solano

 

 

Fig. 6 Artesana campesina tejiendo sombreros.

 

Fig. 7 Secamiento de sombreros en la calle.

ASPECTOS HISTORICOS: Sandoná es uno de los municipios más jóvenes de Nariño a pesar de que su territorio fue conocido y conquistado por los españoles desde comienzos del siglo XVII. Según textos de José Francisco González, parece ser que entre los años de 1612 y 1618 los conquistadores "merodearon por estos lugares en busca de riquezas minerales, construyendo pequeños campamentos y realizando obras menores para hacer una escasa explotación de la región".

La zona estaba entonces habitada por Quillacingas, pueblo de agricultores y artesanos laboriosos, con marcada influencia Inca en sus modos de vida y sus técnicas que lo hacían "la nación mejor organizada que encontraron los españoles al sur del país".

Desde finales del siglo XVIII los terrenos formaban parte de una gran hacienda propiedad de las monjas Conceptas, quienes disponían de vastas extensiones a lo largo y ancho de la margen derecha del río Guáitara. El pequeño valle sobre el cual hoy se asienta la población, se llamaba "Paltabamba", que en lengua quechua significa "Llano de los Aguacates" y que, al igual que toda la hacienda, las religiosas tenían dedicada a la ganadería, de la que obtuvieron buen provecho hasta el año de 1860, cuando pasó a manos del gobierno y fue cedida en buena parte a los indígenas de Sandoná y el resto rematado a particulares, entre quienes se recuerdan los hermanos Juan y Pedro Monctezuma y José Caicedo, vecino de la comarca. Este dominio fue definitivamente confirmado por medio del artículo 28 del Concordato del 31 de Diciembre de 1887, celebrado entre la Santa Sede y la República de Colombia. En 1864, Sandoná estaba concentrado en el sitio del "Hatillo", y contaba con unos 380 habitantes. En este año se trasladaron a una colina llamada "La Cruz del Arado", motivados por las mejores condiciones de ubicación y más que todo porque Don Julián Cabrera, dueño de esos fundos, les cedió tierras para que trabajaran en ellas. En este sitio se construyó un caserío con unas 42 viviendas de bahareque y una rústica capilla pajiza. Allí se efectuó la primera fundación de Sandoná, que fue inaugurada el 30 de Junio de 1868. Anteriormente, durante el año de 1866, el Ministro de Hacienda y Fomento de La Unión, había dictado la resolución No. 24, por la cual cedía a los moradores de la localidad el terreno de Paltabamba, al pie de la cascada de Belén, donde actualmente se localiza la cabecera municipal. Ese mismo año se procedió al trazado de calles y plazas, y según afirman, se fijó el día 24 de Septiembre a las 6:00 de la mañana, para iniciar los trabajos con un equipo de obreros que dirigían los agrimensores, señor Serafín Guerrero y Alejandro Gálvez.

La creación del municipio fue autorizada por ordenanza No. 33 de 1868 de la Legislatura del Estado Soberano del Cauca y se erigió en 1869 con el nombre de Distrito de Mosquera, desmembrándolo del de Consacá y fijándole como límite oriental el río de El Ingenio. Por el año de 1876 se conocía con el nombre de Distrito del Rosario, el cual fue cambiado en Noviembre de 1878 por el de los Llanos de Sandoná, nombre este último que conserva hasta el presente. El Jefe Municipal de Pasto, sólo hasta el año de 1880, reglamentó el Mandato de Estado para la distribución de los solares, y fue entonces cuando empezaron a trasladarse individuos y familias de otros lugares de Nariño y del Ecuador para iniciar su poblamiento y desarrollo.

EL CASCO URBANO: La cabecera del municipio está situada a 50 Kms. al noroccidente de Pasto. Se comunica por carretera con Linares, con Ipiales —pasando por Túquerres, Ancuyá y Guaitarilla—, con Consacá y Pasto. Es esta última vía, estrecha y destapada, la que se utiliza ahora con más frecuencia, servida por una línea de taxis y dos compañías de autobuses que, cumpliendo un horario de cierta regularidad, hacen el recorrido en tres horas aproximadamente.

Rodeada por una típica vegetación de clima medio donde se repiten los cafetales y los plantíos de caña y fique, se levanta la población, de trazado y apariencia característicos, sobre la corta meseta que dominan los cerros del Alto de Jiménez y la hermosa cascada de Belén en las estribaciones de la Cordillera Occidental.

Según el último censo efectuado en 1973, es una localidad que cuenta con 7.220 habitantes repartidos en 1.242 viviendas. (El sector rural alberga a su vez 24.659 habitantes distribuidos en 1.900 viviendas). La población cuenta con servicios de acueducto, alcantarillado, energía eléctrica, telégrafo, teléfono, correo, bancos, Caja Agraria, Centro Artesanal y las oficinas del Incora y la Federación de Cafeteros. Tiene un hospital de cuarenta camas y dos establecimientos de educación media —Nuestra Señora de Fátima y Santo Tomás de Aquino—, que sirven a 250 alumnos, y cuatro de enseñanza primaria, que reúnen otros 840. (En las veredas funcionan a su vez 36 escuelas primarias con 40 maestros y 1.170 alumnos).

Dos actividades primordiales absorben las ocupaciones locales, que a su vez le confieren su especial apariencia: el manejo de una considerable producción agrícola que acaparan los cultivos de la caña y el café, y la explotación artesanal de la Iraca, que además de canalizar el oficio veredal, participa, con la acción de talleres, fábricas, comercios y cooperativas, en el proceso de elaboración, acabado y comercialización de los productos. Este ritmo ocupacional se acentúa y se hace más aparente los sábados de cada semana cuando, con ocasión del mercado municipal, se concentra gran parte de la población rural y urbana para efectuar las imprescindibles transacciones.

EL OFICIO: Las versiones recogidas entre los vecinos de Sandoná, no ubican con certeza la aparición del oficio. Algunas señalan al presbítero Néstor María Ordóñez, cura párroco de la localidad durante la segunda década del presente siglo, como el iniciador y maestro de esta especial modalidad artesanal. Parece más plausible, sin embargo, aquella que reconoce al padre Ordóñez como el autor de los primeros serios intentos para estructurar y comercializar una manufactura que muy probablemente se ejercía en la región desde largo tiempo atrás, tal como ocurría en varias poblaciones circunvecinas a las que alentaba la intensa actividad que desde mediados del siglo pasado irradiaban artesanos y pujantes empresarios de La Unión. Lo cierto es que, a partir de esta época, se establecieron los nexos que le permitieron a la producción local incorporarse al comercio de los grandes importadores del momento, y que desde aquellos años el oficio, explotado con regularidad y tenacidad, adoptó progresivamente pautas y modalidades que se traducen hoy en día en una actividad artesanal con calidades y características definidas que le han facilitado una considerable difusión nacional y extranjera.

La explotación de la Iraca ocupa el segundo lugar dentro de las actividades económicas de Sandoná, donde una gran parte de su población que sobrepasa el 25 % y reúne a más de 7.000 artesanos, participa en el dispendioso proceso que actualmente genera una voluminosa producción cercana a las 300.000 unidades anuales y que, a pesar de una deficiente e injusta comercialización, constituye una fuente importante y permanente de ingreso para un crecido número de familias campesinas y urbanas.

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