LA IRACA
Comunidad artesanal de Sandoná
Pablo solano

Fig. 23 Artesana escoge el material.
Fig. 24 "Puesto" de iraca en el mercado de Sandoná.
— Un pequeño recipiente o vasija con agua, donde la artesana humedece regularmente los dedos mientras ejecuta la obra.
TEJIDO: La artesana inicia su tarea con la cuidadosa escogencia del material. Color, finura y cantidad de paja invertida, son decisivas en la calidad del artículo. Aun cuando existe diversidad de tejidos, éstos consisten básicamente en el entrecruzamiento en forma de sarga o damero, en los que el elemento de la trama pasa por encima y después por abajo de la urdimbre. Los más utilizados son el común o "apareado", el "granizo" y el de "riñón", y su diferencia apenas consiste en el número de elementos usados en la trama y en la urdimbre. La hechura del sombrero se inicia en el "cuadro", centro de la plantilla, o parte plana de la copa. *(1) Este, a su vez, está formado por cuatro segmentos triangulares —las esterillas— unidos entre sí, y que determinan, según el número de pares de paja utilizados en su elaboración, la mayor o menor calidad del tejido. En efecto, el menor número de cintas empleadas en las esterillas, supone un tejido más fino y apretado, ya que se requiere agregar un mayor número de pajas a medida que se avanza en el tejido radial. Un sombrero fino generalmente comienza con 4 o 6 pares, mientras que el artículo común puede tener un "inicio" de 12, 14, 20 o más pares.
Las pajas escogidas para elaborar la primera esterilla, se colocan longitudinalmente una al lado de la otra y se mantienen unidas por medio de una trenza sencilla. Estas primeras cintas paralelas —que pueden tener de 60 a 90 cms. de longitud—, y que serán utilizadas verticalmente, van a constituir la urdimbre o "parada". En el tejido corriente, la artesana levanta y baja alternativamente dos elementos de esta urdimbre usando el índice y el pulgar de la mano derecha y, mientras mantiene la abertura con el dedo pulgar de la izquierda, pasa horizontalmente una paja de trama. Cada vez que inicia una hilera, desecha la primera paja, de tal forma que el tejido descienda diagonalmente hasta completar el primer segmento triangular; luego, utilizando la trama de la esterilla ya terminada como urdimbre, procede a la hechura de la segunda, después de la tercera y la cuarta hasta cerrar finalmente el "cuadro". Teje entonces dos o tres hileras corridas para asegurar y enmarcar el cuadro y prosigue luego el tejido radial, agregando "crecidos" o pajas nuevas cada cierto tiempo y a medida que la tarea avance y lo exija, de tal manera que se logre un tejido adecuadamente tupido. *(2)
El trabajo se apoya, aprisionado por una piedra de regular peso y tamaño, sobre el "plato", disco de madera colocado en la parte superior de la "rueca", que lo sostiene a una altura conveniente (50 o 60 cms.) para que la artesana, que generalmente se instala en un pequeñísimo taburete, o en el suelo mismo, pueda tejer cómodamente.
Para iniciar el siguiente paso, o sea la hechura vertical de la copa, la tejedora instala sobre la misma rueca, o sobre cualquier superficie cómoda y adecuada una horma de madera, sobre la cual ejecuta el tejido, que ajusta con una correa a medida que este prospera y desciende. Terminada la copa, la tejedora inicia la hechura del ala o falda, agregando nuevamente algunos "crecidos" —de uno a tres— hasta completar el ancho deseado. Finalmente remata con trencilla o tejido hecho en sentido contrario, en el que los elementos de la urdimbre se doblan hacia arriba en cada pasada de trama.
A lo largo de todo este proceso, la artesana aprieta las pajas a determinada cadencia y no deja de humedecer constantemente los dedos en agua para que las fibras conserven toda su flexibilidad. La etapa del tejido termina con una ligera costura hecha con aguja alrededor del remate, y el artículo "en rama" queda listo entonces para iniciar su complejo proceso de acabado.
La calidad del tejido, obviamente varía con la escogencia del material y la técnica empleada, que comporta modalidades y usos determinados que influyen a veces de manera imperceptible en la forma y la textura.
Es indudable que las condiciones y pautas ideales, utilizadas por los viejos artesanos, se han modificado sensiblemente y que la carencia de estímulos económicos y el apremio provocado por exigencias mercantilistas, aceleran y modifican el ritmo lógico de la elaboración y afectan indefectiblemente la calidad del trabajo.
El tejido y la textura de extrema finura que caracterizó hace algunos años el sombrero de "jipa", es cada vez más escaso, y el uso de muy delgadas cintas y pocos "pares" en el inicio del "cuadro" —que implica un dispendioso y delicado trabajo— es el hacer de contadas artesanas que lo ejecutan ahora invariablemente "por encargo" *(3)
Así mismo el número de "crecidos", que caracterizaba el artículo de buena calidad, ha disminuido y es muy frecuente encontrar en la producción actual el tejido en el que su aumento corresponde únicamente a los "saques de pucho", o sea el reemplazo de pajas cortas por largas, economizando, de esta manera, tiempo y material. La elaboración de un sombrero de óptima calidad puede requerir un mes o poco más de trabajo. El artículo corriente que con más frecuencia se teje hoy en día en Sandoná, sin embargo, es aquel que puede hacerse en una o dos jornadas utilizando 20 o más pares de paja gruesa para el comienzo.

Fig. 25 Iniciación del tejido de ripio para la elaboración de escobas.
*(1) Existen diversas maneras de iniciar el tejido. Un experto bien puede distinguir, en la hechura del centro de la plantilla, el origen del sombrero o la región en que éste ha sido fabricado.
*(2) Los "crecidos", nuevos elementos de "parada" y trama, no deben confundirse con el llamado "saque de puches", o sea el reemplazo de las pajas pequeñas por pajas largas.
*(3) Algunos viejos tejedores recuerdan los tiempos en que la hechura se ejecutaba casi siempre en las noches de luna. El aire contenía la humedad adecuada y, sin mojar las manos, la paja se mantenía dócil y suave. (Se dice que los más famosos sombreros provienen de los artesanos que habitaban las alturas de Montecristo, no lejos de Jipijapa, donde parecen conjugarse la atmósfera y humedad más apropiadas con la centenaria habilidad de sus habitantes).

