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MORAL O MORITO: Árbol de
regular altura, tronco grueso, recto, copa frondosa de ramas tupidas y de hojas acora
zonadas, de flores lilas en una especie y amarillas en otra. Su madera es recia y se
utilizaba para enmaderamientos y para tinturas que dan un color amarillo fuerte. Su fruto
es una pequeña mora, dulce y agradable. Hubo muchos en la región, y a la orilla del río
Guatapurí durante muchos años, se levantó uno hermosísimo de coposa fronda que dio su
nombre a un célebre pozo de aguas profundas llamado El Pozo e Morito.
Pertenece a la familia de las moráceas.
OREJERO: Árbol de aproximadamente 15
metros de altura, tronco recto y grueso, copa frondosísima formada por gruesas ramas de
follaje muy tupido que se extienden horizontalmente varios metros desde el tronco,
formando un gigantesco radio de sombrío muy apetecido por el ganado que sestea debajo.
Sus frutos son unas vainas de color pardo oscuro, gruesas y roscadas en forma de orejas
(de donde proviene su nombre) que son alimento que engorda al ganado y que por dentro
tienen unas semillas que, tostadas, son agradables al paladar. De su madera, que es
liviana y muy resistente, se hacen canoas pequeñas, bateas y otros utensilios
domésticos. En otros lugares se le da el nombre de canto,
caro. Pertenece a la familia de las mimosáceas y
su nombre científico es Enterolobium cyclocarpum.
PALMAS.
Las palmas que se encuentran en
la región de la antigua Provincia del Valle de Upar, están clasificadas en ocho
especies, que detallamos a continuación.
PALMA COROZO: Es un árbol de bastante
altura, que tiene la forma y la hoja similar a la Palma Corúa pero que extiende su copa
muy cerca del tronco y la va alzando a medida que crece. Sus frutos, gruesos como
avellanas, de color pardo y negro en las puntas, se dan en racimos y reciben el nombre de
corozos, nombre que también recibe el hueso, del que sacan un aceite que antiguamente
servía como combustible para lámparas y mechones y como base para preparar pomadas y
ungüentos medicinales. Del corozo se prepara un delicioso refresco que, puesto a
fermentar durante varios días en vasijas de peltre o barro, se acidula y fermenta como un
vino.
PALMA CORÚA: Esta palma es altísima y se
destaca por encima de cualquiera de los árboles más altos y por sobre otras de diferente
especie. Su tronco es grueso y sólido; su copa está formada por gran número de hojas
anchas que se producen una cada mes. Su fruto se da en racimos y recibe el nombre de curumuta; el hueso, durísimo, se utiliza para
labrar cruces, pipas y otros objetos de adorno. El palmito o cogollo, se emplea como
exquisito plato de ensaladas y en el centro del mismo se produce un líquido o sustancia
de agradable sabor, llamado vino de palma. Una vez agotado dicho jugo, en el centro del
cogollo se crían unos gusanos gruesos, enormes y blancos que los indígenas llamaban
mojojoyes y, cuando no los comían directamente, los freían y de ellos sacaban un aceite
fino y de buen sabor, parecido a la manteca de cerdo, que empleaban en los mismos usos que
aquélla. De esta palma se dice que servía para guiar a los caminantes hacia el lugar
donde, de seguro, había agua, ya que ella no nace sino en sitios donde hay agua cercana.
PALMA ESTERA: Se distingue de la Palma
Corozo a la que es muy parecida en que ésta tiene en su tronco y en sus
hojas gran cantidad de
espinas largas y negras que resultan enconosas para la piel de quien se punza con ellas.
Se llama estera porque de sus cogollos,
debidamente procesados en forma artesanal, se hacen esteras, pieceros, pie de camas, y
otras muchas artesanías, para las que se emplean las tiras en su color natural o teñidas
con tintes vegetales que penetran fácilmente la textura de la misma. Da una fruta de
color morado, redonda, gruesa y en racimos que llaman comúnmente tamaquitas y que sólo se emplea para preparar
refrescos.
PALMA HIRACA: Las hojas de esta palma,
largas, redondas y abiertas en forma de abanico, nacen de venas o ramas que arrancan al
pie mismo del suelo donde comienza el tronco, dándole a esta especie un follaje tupido
desde cuando la planta comienza a crecer. De las hojas se hacen sombreros, abanicos,
escobas y otros implementos caseros de mucha utilidad. De esta palma existen también
muchas variedades que sólo pueden ser distinguidas por expertos conocedores del bosque
nativo.
PALMA REAL: Si bien dentro de esta
clasificación la Palma Real ocupa el quinto
lugar, lo cierto es que ella, por la buena distribución de sus hojas tanto como por la
hermosura de las mismas, puede perfectamente ocupar el primer lugar al lado de la Palma
Corúa. Es altísima y se destaca por esta condición: tiene un tronco sólido y fuerte
aunque menos que el de la corúa. Sus hojas son
enormes, anchas, en forma de abanico y su longitud cubre fácilmente el tamaño de dos
hombres tendidos uno después de otro. Cada mes, al igual que la corúa, bota una hoja y echa otra y así se va
poblando de muchas. astas son cortadas en menguante para techar casas y se dice que son
tan duraderas que pueden permanecer en un techo hasta 20 o 25 años en buen estado. Su
único enemigo es el fuego que las hace arder rápidamente aun estando verdes.
PALMA TAGUA:
Esta palma es de hoja
ancha y corta que la hace muy coposa, pero de tronco mediano. Sus frutos, carnosos y
dulces, vienen también en racimos y se utilizaban para hacer una bebida llamada masato de
tagua. El hueso se labra en figuritas y curiosidades que adquieren consistencia de
alabastro, dados el color y la finura del mismo.
PALMA TAMACA:
Es, en casi todo, muy parecida a la Palma Real, menos en su tamaño, pero conserva la
misma forma y producción. Sus frutos son unos corozos grandes cubiertos de una pulpa
apelmazada y grasosa de sabor muy agradable que hay que roer para desprenderla. Vienen en
racimos muy vistosos por el color amarillo de los mismos y reciben el nombre de tamacas.
Su palmito también destila un jugo considerado como vino, mucho más exquisito que el de
la Palma Real.
PALMA SARARE o ZARÁ: Es de tallo
fuerte, delgado, hojas cortas pero aptas para techumbres ya que, aun cuando hay que
utilizar mayor cantidad por la cortedad de las mismas, su uso en los techos está
garantizado, ya que en ella no es fácil que prenda el fuego. Su fruto no es comestible.
PERALEJO: Árbol mediano, de ramas
tupidas por hojas ovales de verde intenso y brillante por la parte superior y rojizas por
el envés, flores amarillas y fruto redondo no comestible. Su corteza se usa para tinturar
en color pardo oscuro o amarillo cuando se mezcla con agua u otros líquidos. No es
maderable. Se hizo conocido y popular cuando fije mencionado por Rafael Escalona en su
hermoso son El destierro de Simón:
y me cuentan las personas que lo vieron
que ese hombre salió del pueblo loco de
la decepción
y en el camino sobre un peralejo
se quedó enganchao el sombrero e
Simón...
PEREGÜETANO: Árbol de la familia de las
rosáceas de aproximadamente 10 metros de altura, tronco grueso, recto, de color oscuro,
ramas abiertas y hojas abundantes, elípticas, puntiagudas, gruesas, de color verde oscuro
por encima y blanquecinas por el envés. Fruto en forma aovada, largo, de una sola
semilla, duro y acerbo cuando está verde y dulce y carnoso, de color pardo amarillento,
cuando está maduro. Pobló en forma abundante el bosque nativo de Valledupar y sus
alrededores, pero actualmente son escasos los ejemplares que se consiguen.
PERONIO o PIONÍO: Árbol de mediana
altura, ramas tupidas, que echa unos racimos de frutos redondos, pequeños, durísimos, de
color rojo brillante con un pequeño punto negro que los hace muy vistosos, los cuales,
perforados, servían a los indígenas y sirven aún para hacer collares,
brazaletes, pendientes y otros adornos femeninos muy bonitos. Estas cuentas reciben
también el nombre de pionías. Hay un bejuco
que produce frutos idénticos o muy parecidos a éstos, a los que se les llama igualmente pionías. El árbol pertenece a la familia de las leguminosas y su nombre científico es Erithnina corallodendron.
PIJIÑ0: Árbol grande, con una altura
aproximada de 20 metros, copa frondosa de tupida ramazón, y de madera fuerte, vidriosa,
de color rosado fuerte y a veces rojo anaranjado. De ella se hacían bateas, cucharas y
cucharones de cocina y algún otro utensilio doméstico, ya que su consistencia quebradiza
no la hace apta para trabajos de carpintería fina. Su nombre científico es Genipa americana.
PIÑIQUI-PIÑIQUI:
Árbol corpulento, de
frondoso ramaje y madera roja, al que antiguamente no se le conocía uso distinto que el
de extraerle la resma gomosa que produce para emplearla en los sebos de trampas y
artilugios con que se cazaban toda suerte de pájaros en los montes vallenatos. Con el
tiempo se descubrieron la calidad de su madera que ahora se utiliza en construcciones y la
resma que se extrae de la corteza. En otras regiones se le llama Piñón.
PUY: Árbol muy
conocido en la región que, junto con los cañaguates engalana con sus flores amarillas
los alrededores de la ciudad. Es alto, de fronda muy tupida por pequeñas hojas verde
oscuro, su madera recia y de muchas vetas en tonos rojizos unos, amarillosos otros.
Durante mucho tiempo sólo se empleó como leña, pero cuando se descubrió su resistencia
y la belleza de sus vetas comenzo a ser utilizada en ebanistería y construcciones.
Pertenece a la familia de las bignoniáceas.
QUEBRACHO O
QUIEBRA HACHA: Árbol
alto, copa frondosa de ramas tupidas por hojas ovaladas, lustrosas, de verde fuerte y
flores en ramilletes morados. La dureza de su madera rojiza y compacta ante la cual se
mellaban las hachas de los más diestros campesinos, dio origen a su nombre. Antaño se
usaba para el enmaderamiento de casas, para estanterías, horcones, techumbres y obras de
construcción debido a la resistencia y duración de su madera y actualmente se emplea en
los astilleros en construcción de navíos. No es, como consideran algunos, el mismo Palo
Gateado que se describe atrás. Pertenece a la familia de las papilionáceas.
REBIACANO:
Este árbol es muy común en
Patillal donde nace espontáneamente. Es de regular altura, tronco leñoso, ramaje tupido,
produce un fruto que es una bolita de pulpa jugosa, color morado brillante que tiñe de
ese color la boca y los dedos de quien la come. Esta frutica recibe indistintamente el
nombre de rebiacana y también el de queniquita. En algunas regiones se conoce con el
nombre de Juan garrote. Pertenece a la familia
de las leguminosas y su nombre científico es Cocoebola neo- granatensis.
ROBLE:
Este
árbol es de la misma
familia del cañaguate y sus características son las mismas. Difiere en las flores que en
el roble son moradas. Su madera recia y fina es muy apreciada para ebanistería, puertas y
ventanas y se utiliza también en los astilleros. Es, como el cañaguate, de la familia de
las bignoniáceas y pertenece a la especie Tabebuia dugandii.
TOLÚA:
Uno
de los más hermosos
árboles maderables. Alcanza hasta 20 metros de altura y su tronco 2 de diámetro. Tiene
espinas y una frondosísima copa de hojas menudas parecidas a las del ciruelo macho o
jobomacho; su madera, muy apreciada en la construcción de puertas, ventanas y muebles
finos, es roja, fuerte y fácil de trabajar. Crece a la orilla de ciénagas y playones y
fueron muy densos los bosques de tolúa que hubo en los playones del Cesar y del
Ariguaní. Aún se encuentra tolúa pero no con la misma abundancia de antes.
TOTUMO: Árbol de poca altura
(aproximadamente 5 o 6 metros) de tronco tortuoso y copa muy frondosa formada por ramas
irregulares tupidas de hojas grandes, acorazonadas de verde lustroso y flores blanquecinas
de olor fastidioso. Aunque no es maderable, siempre se le ha considerado como el
más útil tanto por la buena formación de su conjunto que lo hace un árbol ornamental
como por las bondades de sus frutos orbiculares o redondos, de corteza dura y resistente,
que, partidos por la mitad y extraída la pulpa blanca, jugosa, con semillas negras, se
convierten en vasijas de mucho uso en las cocinas caseras. Estas vasijas se llaman totumas. De la pulpa (que el vulgo llama también
tripa) se preparaba antiguamente un jarabe expectorante de reconocida eficacia contra las
gripas y enfermedades bronquiales. El DRAE lo registra, sólo como güira, árbol del
Perú, pero es común y silvestre de los climas cálidos de Colombia. Pertenece a la
familia de las bignoniáceas y su nombre
científico es Crescentia cujetes.
TRUPÍO o
TRUPILLO: Arbol de
aproximadamente 12 o 14 metros de altura, de follaje frondoso, ramas irregulares y
vidriosas, hojas menuditas parecidas a las del tamarindo, que siempre se mantienen verdes
aun en épocas de intenso verano; flores de color amarillo dorado y muy fragantes, fruto
que es una legumbre dura y encorvada que sirve de alimento al ganado y que se llama trupía. Su madera, recia y blanca produce una
resma gomosa muy útil en menesteres domésticos, en carpintería y en la farmacopea
casera. Cuando está pequeño, el trupío es
ni mas ni menos idéntico a un espino. Se da muy abundante en Valledupar y a los terrenos
donde abunda se les llama trupillales. Pertenece
a la familia de las mimosáceas y su nombre
científico es Piptadenia Sp. Hay otra especie
que es la Prosopis juliiflora.
UVITO:
Este es otro de los árboles
más comunes y, junto con el totumo, más estimados por el pueblo vallenato. Es de regular
altura, tronco leñoso, ramaje irregular pero de tupido follaje que le da una hermosa
copa; hojas ovales de textura afelpada y verde pálido y con flores blancas y
fragantes en racimos. Su fruto es una cápsula ovoidal (o uvita)
blanco-amarillenta, de hollejo transparente y brillante como perla cuando está madura,
gomosa, dulce, que se da profusamente en gajos o racimos y cuyo jugo se emplea como goma
para pegar cartas y papeles y cartones de trabajos manuales. En otras regiones lo llaman caujaro. Pertenece a la familia de las borragináceas y
su nombre científico es Cordia alba.
VAROBLANCO: Este es uno de los árboles
nativos que gozó de mayor estima y aprecio en la región durante la época colonial,
gracias a la fortaleza y utilidad de su hermosa madera. Es alto, aproximadamente 15 metros
de altura, de tronco fuerte y delgado, ramaje frondoso formado por varas largas y rollizas
que cuando se les quita la corteza tienen una textura satinada, color amarillo pálido o
blanco-naranja. Estas varas, al igual que el tronco, se utilizaron mucho para
enmaderamientos de casas, para las varazones de los techos sobre las cuales se colocaban
las parrillas de cañabrava y luego las tejas en los tejados coloniales. Se elaboraban
también los cabos de hachas, azadones y otros utensilios de la agricultura doméstica. Su
madera, fuerte y brillante, se sigue empleando en los mismos usos de antaño y en cercas y
corrales.
VOLADOR: Árbol alto (aproximadamente
12 metros) de mucha fronda, ramas tupidas de hojas pequeñas de color verde claro, cuya
flor color rosado da un fruto que es una bolita de la cual se desprenden dos hojitas duras
en forma de hélices contrapuestas que cuando se desprenden y comienzan a caer van dando
vueltas y giros en el aire, lo que llama la atención y entretiene a niños y adultos. De
allí proviene su nombre. Su madera es liviana y se usa muy poco, salvo para
objetos domésticos. Del fruto, antiguamente, se hacían juguetes infantiles.
YAYA: Árbol de gran altura, tronco
recto y delgado, hojas lanceoladas, flores blancuzcas, de madera muy famosa y apreciada
por su dureza, resistencia y bonito color. Se usaba antaño para enmaderamientos de casas,
techumbres y postelería y ahora, industrializada, es de las maderas más apetecidas por
su duración. Hay dos clases de especies: una, de madera blanca-amarillenta, pesada y
recia que sirve a los usos ya dichos; y otra de madera roja carmesí, veteada de negro, de
la que se extrae una resina antiguamente llamada yaya
de sangre y que ahora, procesada es materia prima para un expectorante conocido como tobonuco pectoral. Pertenece a la familia de las anonáceas.
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