Memoria cultural del Pacífico

La Escultura, la pintura, la artesanía

Período Pre-colombino

Luis Duque Gómez
Introducción al pasado Aborigen
Editorial Retina. 1976
Banco de la República

La Cultura de Tumaco

Ofrece gran interés por las admirables representaciones plásticas que alcanzaron sus artífices. Varios miles de figurillas de arcilla han sido encontradas, primorosamente modeladas. En ellas se aprecia un arte a veces notablemente convencional y en ocasiones de un impresionante naturalismo, a través del cual se puede hacer una reconstrucción casi total de las formas de vida de aquellos pueblos, tanto en el aspecto socio-económico, como en el de su mundo espiritual.

Los depósitos arqueológicos están ubicados en la costa del Departamento de Marino, hasta la frontera con el Ecuador, a lo largo de cuyas playas se prolonga esta notable civilización Pre-colombina. Los escasos grupos humanos que allí tienen su asiento, soportan un clima que se caracteriza por el azote de lluvias permanentes, que en algunos sectores caen en una proporción de más de 7.000 milímetros por año; una humedad ambiente de más del 90% y temperaturas elevadas y bochornosas, como consecuencia del bajo nivel de las nubes, es decir, unas condiciones climáticas que conforman un medio agresivo para el desarrollo de la vida humana.

Por estás circunstancias, no obstante el trascurso de cerca de dos centurias de independencia, esta comarca colombiana, como el resto de la Vertiente del Pacífico, se conserva todavía prácticamente en su estado originario de naturaleza, penetrada sólo por pequeñas agrupaciones de color y por esporádicos restos de la población nativa, a través de la maraña de los manglares, que en anchuras hasta de diez kilómetros se ciñe a los litorales.

En tiempos anteriores, sin embargo la codicia de los conquistadores y de los viejos mineros españoles venció estos obstáculos de la naturaleza y llevó hasta allí la mano de obra requerida para la explotación de los ricos placeres auríferos que allí se encuentran.

"Provincia de las Barbacoas" es el nombre que aparece en las crónicas de los siglos XVI y XVII para designar, aunque en forma vaga e imprecisa, a las tribus indígenas que moraban en esta apartada porción del Litoral del Pacífico colombiano. Pocos datos de interés etnográfico se revelan en dichos relatos, a diferencia de lo que se advierte en las crónicas referente a la zona ecuatoriana.

La primera noticia que se conoce sobre estos yacimientos arqueológicos, la hallamos en la obra Maravillas de la Naturaleza, escrita por Fray Juan de Santa Gertrudis, el pintoresco y aventurero capuchino mallorquín que visitara aquellas comarcas hacia el año 1757. Marshall Serville en 1907 y 1921, Julio César Cubillos y Vidal Antonio Rozo en 1950 y en los últimos años Gerardo y Alicia Reichel Dolmatoff, son realmente los iniciadores del estudio científico de la "Cultura Tumaco". El fruto de sus exploraciones y estudios corre publicado en revistas y obras especializadas.

La cerámica de Tumaco no parece haber sido el resultado de una evolución local de la cultura, sino el testimonio dejado por pueblos que llegaron hasta estas latitudes después de un dilatado peregrinaje a través del Litoral Pacífico.

Algunos motivos escenográficos, los ornamentos e insignias que se ven en los personajes representados en ella, la inspiración mitográfica y la morfología misma de las acabadas figurillas, revelan grandes similitudes con piezas encontradas en depósitos arqueológicos de Mesoamérica, especialmente en la región de Tres Zapotes, en México y en Holmul, en Guatemala. También existen semejanzas con algunos de los rasgos de la cerámica de Calima y con el arte escultórico de San Agustín.

El Golfo de México, Oaxaca, el área maya y algunas regiones de Costa Rica y Nicaragua, se han señalado por varios investigadores como posibles focos originarios de estas influencias y migraciones. Si tales pueblos formaron colonias aisladas o si fueron esporádicos y alternantes grupos mineros, es un aspecto que constituye un interesante tema de discusión, que sólo podrá ser resuelto con la práctica de más exploraciones arqueológicas intensivas en las regiones costeras de Nariño, de todos modos, las analogías señaladas parecen ser más que un testimonio de antiguas relaciones directas, la resultante de antepasados comunes en una y otra zona, de origen mesoamericano.

Los alfareros de Tumaco llegaron en la cocción hasta la técnica de la terracota y en la pintura hasta el baño monocromo. En lo que respecta a su estructura, las figurillas se hicieron mediante dos procedimientos: modelándolas directamente, o bien acudiendo al método coroplástico, es decir, al empleo del molde, de los cuales se han encontrado varios ejemplares en les depósitos de este yacimiento arqueológico, hecho que explica la frecuencia con que se encuentran piezas idénticas. Las primeras son a veces ahuecadas, en tanto que las segundas son sólidas. Además de las figurillas en las que abundan los motivos antropomorfos y zoomorfos, los artífices fabricaron también vasijas globulares, cuenco o cazuelas, vasijas trípodes, copas, ralladores, tejuelos circulares, alcazarras, botellones, volantes de huso, silbatos, hachas de piedra, pulidores, pintaderas, planas y cilindricas, etc. La decoración incisa es especialmente frecuente, en ocasiones hecha antes del cocimientos de las vasijas, es decir en la arcilla fresca. También se observan la presión, el relieve, por medio del modelado de la misma arcilla o por aplicación de los motivos. La pintura se aplicó directamente, a manera de baño engobe, en tonalidades que van desde el rojo y blanco, hasta el carmelita y negro.

Las figurillas tuvieron, como la gran mayoría de las manifestaciones artísticas Precolombinas, un carácter Votivo y por lo tanto, una clara significación religiosa en muchas de sus composiciones. Ello explica el crecido número de piezas de esta naturaleza que se han hallado en los yacimientos arqueológicos del río Mataje y en otros sitios aledaños, tanto de Colombia como del Ecuador. Si tales representaciones fueron de carácter conmemorativo, elementos de magia participativa o figuraciones en miniatura de deidades o de dioses tutelares, familiares o tribales, es asunto que aún no esta esclarecido y que deberá ser objeto de un estudio a fondo, con base en el análisis ín extenso de los varios miles de figurillas que actualmente se encuentran en colecciones públicas y privadas de Colombia y del exterior.

De todos modos tina primera vista de la alfarería de Tumaco, permite afirmar que los artífices figuraron en las diferentes piezas: dignatarios de la tribu, guerreros, shamanes, máscaras y magníficas representaciones naturalistas, antropomorfas y zoomorfas, como también escenas de la vida social del grupo y del medio ambiente en que estuvo ubicado. Es de anotar que la figura humana y la fauna fueron la fuente principal que inspiró a estos avanzados ceramistas suramericanos, que alcanzaron casi a la perfección del retrato, ornamentando en forma armónica los personajes con los símbolos de su jerarquía política o de sus potestades políticas o de sus potestades religiosas. El jaguar, el coatí, el pez, la serpiente, el mono, el alcatraz, el búho y el águila, fueron los principales motivos de la fauna incorporados a su simbología y que debieron, en consecuencia, ocupar un lugar muy destacado en el panteón de sus ancestros míticos.

El tema antropomorfo como dejamos anotado fue tratado en esta cultura arqueológica con verdadera maestría y puede asegurarse que él define la orientación primordial de la plástica. Desde la representación simplemente iconográfica, en la que sus artífices emulan con las viejas culturas peruanas, hasta el manejo del patrimonio mágico- religioso expresado en las composiciones antropo-zoomorfas. La fuerza expresiva fisonómica es, quizás, el rasgo más sobresaliente y su mejor logro, pues refleja una sorprendente habilidad en la práctica de esta espectacular artesanía, En estos expresivos rostros el artista precolombino alcanzó a infundir al barro fresco la fuerza psicológica de su mensaje, desde el gesto hedónico hasta la expresión hierática, el ademán bélico o el rasgo irónico y caricaturesco.

En los diferentes yacimientos arqueológicos correspondientes a esta cultura, se han podido establecer por lo menos dos períodos en su proceso evolutivo: el primero se presume que inició más de mil años antes de J.C, la época en que habrían llegado los primeros emigrantes mesoamericanos portadores ya de los rasgos peculiares que caracterizan este complejo cultural. El segundo, que está plenamente determinado a base de análisis de C14 y que se aproxima al sigo VI antes de J.C.

La Conquista y la Colonia

En estos dos períodos el choque de la cultura española, mal representada por los conquistadores y los primeros funcionarios de la colonia, con la cultura indígena, variada y dispersa, condujo a la paulatina desaparición de ésta última y de sus manifestaciones artísticas (Cerámica, orfebrería), al despojo de sus mejores obras que serían llevadas a España y al resto de Europa, y a la pérdida del sentido artístico por la esclavitud y explotación que se hada del indígena.

Sin embargo persistió algo del arte precolombino en el adorno de elementos utilitarios como vasijas de cerámica y mantas de algodón o de fibras vegetales, así como en los tejidos de colorido original para prendas de vestir, en la elaboración de canoas e instrumentos musicales. En la parte arquitectónica la vivienda indígena de un solo espacio interior de uso múltiple se va convirtiendo en la vivienda del colono o encomendero, con divisiones interiores para usos especializados (alcoba, salón, cocina). Al avanzar el período colonial y ya dentro del régimen esclavista, aparecen las grandes casas de las haciendas de una y dos plantas, con materiales más estables (adobe, ladrillo, teja de barro), pero persisten para la servidumbre las casas de bahareque o tapia pisada con techo pajizo.

En la parte urbanística, surgen las poblaciones con trazado geométrico español, con base en una plaza amplia para mercado, capilla y principales viviendas alrededor, con calles incipientes siguiendo los cuatro puntos cardinales y con un acceso preferencial o calle mayor, generalmente la mayor construcción es la iglesia, acompañada a veces de conventos.

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