Memoria cultural del Pacífico

Leyes trascendentales para la región Pacífica

En protección o en daño de los indígenas y de los negros.

Ordenanza Décima de 1528 del Emperador Carlos V

Que organizaba la encomienda como simple cesión de tributo a sus titulares, prohibía los "Servicios Personales" de los indios y atribuía privativamente a los funcionarios reales de facultad de tasar dichos tributos.

Estas disposiciones fueron hábilmente eludidas por los conquistadores y en la realidad se obligó a los aborígenes a prestar los servicios personales cultivando las tierras para los conquistadores y sus encomenderos y teniendo además que pagar tributo. Adicionalmente contra las leyes de las minas, debían formar parte de las caravanas de cargueros y se les hacía objeto de toda suerte de malos tratos

Las Leyes Nuevas

Esto llevó al monje Dominico Bartolomé de las Casas a poner en conocimiento del Rey y de la corte, el incumplimiento de las leyes y las graves injusticias que se cometían contra los indios, en forma tan apasionada y con argumentos tan válidos, ya que él si conocía personalmente el problema y había sido testigo en las Antillas de tales desafueros, que logró captar a su favor la voluntad de Carlos V y logró la expedición de las llamadas "Leyes Nuevas" en las cuales se definía la terminación del sistema de Encomiendas y más importante aún, se decretaba que no se podría hacer esclavo a indio alguno y que debían ser tratados como vasallos de la Corona y no esclavos de particular alguno.

Las Cédulas Reales del Emperador Carlos V y el Gobierno de Venero De Leyva

En Venero de Leyva, como Presidente y Capitán General del Nuevo Reino de Granada, se encarnó mejor que en ninguno de sus otros mandatarios, el espíritu plasmador de nacionalidades que inspiró la política de la Corona Española en el siglo XVI.

Venero de Leyva creyó siempre que la Sociedad en América la formaban, no solamente los españoles cual era la pretensión de los Encomenderos, sino también los indígenas y por esto su obra de gobernante se encaminó a crear bases indispensables para que las relaciones entre los dos elementos raciales se desenvolvieran en un plano de convivencia y no en los términos opresivos que generalmente caracterizan el asiento forzado en un mismo territorio, de una raza conquistadora y un pueblo vencido.

Esta política indigenista inspirada por el genio nobilísimo de Las Casas y practicada acertadamente por Venero de Leyva, dejó huellas imborrables en la conformación de nuestra nacionalidad.

Corno la conquista convirtió al indio en la clase oprimida, su defensa ha tenido implicaciones permanentes a lo largo de los cuatro siglos siguientes, en una lucha que todavía no ha terminado.

Lo primero que hizo Venero de Leyva fue dar vida a la institución de los Resguardos, los cuales eran vastas zonas territoriales delimitadas, dentro de las cuales los indios debían desarrollar su vida económica y producir los bienes necesarios para su subsistencia. Estas tierras eran poseídas en común por la comunidad indígena y se dividían en tres partes: una para las viviendas individuales,, otra los bosques para la recolección de madera y leña y otra de campos que se abrían para el pastaje de los ganados y los cultivos en especial de maíz, cebada, trigo y víveres para negociarlos en las poblaciones.

Esta institución debilitó las encomiendas y el poder absoluto de los comenderos sobre los indios.

Cédula Real de Diciembre 25 de 1551

En cuanto a libertad de trabajo decía: Que de su voluntad y pagándosele el justo precio, puedan ir los indios a labrar y a trabajar a las minas de oro, plata y azogue.

En cuanto al salario, los indios podían exigir libremente el salario que desearán y solo en el caso de que fueran excesivas sus pretensiones, podían los virreyes, audiencias o gobernantes, y nunca los patronos, fijar un salario mínimo.

En cuanto a la jornada de trabajo por célula real del Rey Felipe II, se dispuso que todos los obreros trabajarían ocho horas cada día cuatro a la mañana y cuatro a la tarde. Esta jornada no pudo ser obtenida por el proletariado moderno en forma estable sino después de 1914.

El descanso dominical remunerado fue definido por la cédula del Emperador Carlos V del 21 de septiembre de 1541 y se prohibía obligar a los indios a trabajar los domingos y fiestas de guarda.

Estas medidas en la república sólo se recuperaron en la ley 19 de 1945.

Pero entre estas justas leyes y el comportamiento práctico de los estamentos acaudalados del Reino, mediaba un abismo y se continuaba obligando a los indios a someterse a los extenuantes condiciones de trabajo que éstos les imponían y se ejercía toda suerte de violencia contra ellos, muchas de las cuales implicaban su muerte.

Ante la situación Venero de Leyva instituyó las visitas a las regiones en todo el reino y logró frenar y castigar muchas de estas violaciones a la ley. También dictó sus famosas ordenanzas.

Ordenanzas de septiembre 5 de 1570

Estas ordenanzas constituyen uno de los hitos legislativos más importantes en la lucha de siglos por la liberación del pueblo colombiano. En estas ordenanzas se decía:

1) Que los indios no podían ser llevados contra su voluntad a explotar minas de oro, plata, ni piedras preciosas. Que si querían explotar minas lo hicieran libremente par su propio provecho, que si querían trabajar por alquiler, debía pagárseles un jornal equivalente a seis granos de oro, o sea medio tomín, más la comida y las herramientas y aparejos necesarios que el encomendero que no lo pagare, o que se los quitare al indio, debería devolver la cantidad con un 4% de interés por la primera vez que ocurriere y por la segunda vez, perdería la Encomienda.

2) Que los indígenas no podían ser traslados de su ambiente natural, o sea que los de tierra caliente no pueden ser llevados a tierra fría, ni viceversa.

3} Que para quienes fueron contratados para lavar en las minas, el día de trabajo sería de 7 horas y que no se les permita más aunque lo quieran en protección a su salud, que deben tener un tiempo para comer y beber según su costumbre.

4) Que los indios así contratados libremente, no se les dé otro trabajo ni oficio alguno, ni hacer de cargueros, ni hacer labranzas.

5) Que en cada asiento de minas debe haber un Alcalde, el cual debe cuidar el cumplimiento de estas ordenanzas y además que solo se puedan alquilar la décima parte de los indios varones, para que los demás hagan y cuiden sus sementeras, así como a sus familias.

El presidente Venero de Leyva mantuvo además el sistema de las "visitas" para comprobar el cumplimiento de las ordenanzas y sancionar a quienes las incumplían por lo cual al final de su mandato pudo decir: "he hecho de los indios hombres libres quitándoles las cargas y servicios personales".

La Mita en las Leyes Indias

En los tiempos precolombinos la obligación de la Mita, constituía un trabajo forzado, además de gratuito. Esta era una institución entre los Incas, los Chibchas y los Aztecas. España aprovechó esta institución pero haciéndole unas modificaciones según se leen las ordenanzas dadas por Felipe II y Felipe III

Por ejemplo, sólo se permitía aplicar la Mita a una cuarta parte en las provincias de Santa Fe y Tunja; a una quinta parte en la provincia de Popayán, de los habitantes de cada comunidad o resguardo. Además debía pagárseles el. salario tasado por las autoridades.

De igual manera se prohibió durante la Mita, el traslado a diferentes distritos de los de su residencia habitual y si el sitio de trabajo estaba muy alejado de su residencia, debía pagarse un salario extra. La Mita se aplicó en especial en las explotaciones mineras; en las agrarias se denominó "concierto".

Así con la instauración de la Mita minera y el concierto agrario, se cierra el ciclo de elaboración de las principales instituciones sociales y económicas de la Colonia, durante un período que va desde el descubrimiento hasta mediados del siglo XVB, presidido por los Reyes Católicos y los grandes monarcas de la Casa de Austria.

Esta época culmina con la Recopilación de las Leyes de Indias, confiada por la corona a dos de los más eminentes juristas españoles: don Juan de Solórzano, autor de la política Indiana y a Antonio León Pinelo, autor del Tratado de las Confirmaciones Reales.

Así se formó el grandioso Código publicado en 1681, bajo el nombre de Recopilación de Leyes de Indias, que sigue siendo una de las mayores hazañas del espíritu de justicia y de la inteligencia humana.

Bibliografía

Resumen de los capítulos pertinentes del libro "Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de Nuestra Historia" Indalecio Liévano Aguirre. Ediciones Tercer Mundo. 1968, Bogotá. Tercera Edición.

Decreto del 24 de septiembre de 1810

La junta de notables que dirigió el país al iniciarse el período denominado la Patria Boba, inmediato al 20 de julio de 1810 y que se prolongó hasta 1816, emitió un Decreto el 24 de septiembre de 1810, en el cual se ordenaba poner término al status jurídico de los Resguardos, que era una providencia soñada por los hacendados y grandes propietarios, porque con ella se liquidaba la institución que protegía a los indios y a sus tierras de trabajo y vivienda.

Además en dicho decreto les quitaban el Tributo que debían pagar, pero los sujetaban al pago de las contribuciones generales que eran de mayor valor que éste.

Por comenzar a sufrir los adversos y gravosos resultados de este decreto, los indios vieron con gran desconfianza al gobierno criollo que se estaba organizando y este no pudo lograr que la gran base indígena lo acompañara a ofrecer resistencia a los ejércitos del General Morillo, cuando este inició la reconquista del país.

Este decreto tuvo efectos trágicos para el indio pues sus tierras que tenían carácter comunal para ser trabajadas en común, pasaron a ser subdivididas en pequeñas parcelas de 1/2 y 1 hectárea, que no permitían al indio alimentarse y por esto tuvo que alquilarse como mano de obra a bajo costo y perdió además su capacidad de producción y su independencia.

En cambio los hacendados lograron apropiarse enormes extensiones de tierras labrantías y obtener una mano de obra barata, jornales impuestos, que los mantenían en la miseria. Además se dejaron en el olvido las otras garantías sociales de la jomada de ocho horas y el descanso dominical remunerado, que solo se recuperaron más de 100 años después.

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