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Hacienda en los alrededores de Bogotá |
El general Luis Ponce, y los señores Patino y Bueno, han fundado también cafetales y bellísimas haciendas en la tierra caliente.
Los señores Andrés Marroquín y Eduardo Gómez S., pertenecientes a familias distinguidas de la capital, y poseyendo una fortuna suficiente para poder pasar en ella una vida cómoda y sabrosa, se fueron también a la tierra caliente y fundaron una famosa hacienda.
El doctor Alejandro Herrera y el señor Nepomuceno Santamaría H., asociaron sus capitales, y en la parte más alta de la cordillera, tumbando los formidables robles de la montaña primitiva, en medio de la niebla y bajo una lluvia constante, pusieron un cafetal, en la región más fría, donde se da el mejor café; y han. inspirado así a muchos otros el deseo de aprovechar los vastos terrenos que de esta condición hay en Colombia.
El médico eminente y muy distinguido hombre público, doctor Manuel Plata Azuero, dejó la capital, en donde tenía una numerosa clientela y era muy estimado por sus cualidades personales, y se fue al campo a sembrar café. Creemos que su hacienda no ha correspondido a sus esfuerzos y al deseo de sus amigos.
Cerca de esta hacienda, en el camino que va de Villeta a Guaduas, está también la que ha fundado el señor Cenón Sánchez, hijo del gran liberal y enérgico magistrado doctor Jacobo Sánchez; y este joven, que se batió muy bien bajo las órdenes del general Delgado en1876,y obtuvo el merecido grado de coronel, y que después fue cónsul en Europa, este joven valiente e instruido, en vez de seguir una carrera pública, en la cual hubiera alcanzado altos puestos, también se fue a sembrar café.
Muy temprano, y apenas se iniciaban las empresas, puso el señor Rafael Alvarez, en Guaduas, un precioso establecimiento, en la llanura misma y cerca de la población. Este establecimiento lo compró después el doctor Manuel Murillo, le puso el nombre de Túsculu, y allí residía cuando fue sacado por segunda vez a ejercer la presidencia de la República.
El joven que lo fundó fue abanderado del batallón Facatativá, que estaba a mis órdenes en la batalla del18de julio de1861;y recuerdo perfectamente que en el momento en que, en lo más serio del combate, los enemigos habían barrido las tropas que dominaban el alto de San Diego, cerca de la ciudad, y cuando la artillería había sido abandonada, por haber muerto la mayor parte de los artilleros, y no quedaba más que el comandante Fraser, quien se montó en un cañón para aguardar la muerte, el joven Alvarez, que llevaba desplegada la bandera del batallón que había recibido la orden de avanzar, gritó: «Yo me adelanto para guiar a los que han de vencer»; y en efecto, se adelantó, y colocando la bandera sobre la cima del cerrito, en medio de los cañones abandonados, cayó muerto.
A propósito de esta muerte queremos recordar el papel que nos ha tocado representar, en las guerras del país.
Pelear en Colombia, desde1850para acá, en favor del partido liberal, fue ganar la batalla de los infelices negros contra la esclavitud;
Fue igualar la justicia para los ricos y para los pobres, haciéndola gratuita;
Fue enriquecer al país, aboliendo los monopolios del tabaco y aguardiente y permitiendo su comercio;
Fue levantar el matar la hidra de poder civil sobre el militar, y las dictaduras americanas;
Fue imponer la majestad de la soberanía del pueblo, y dejar a la religión su imperio místico y sagrado;
Fue aliviar al pueblo de la obligación de pagar el diezmo de su trabajo, y dejar a la Iglesia las obligaciones voluntarias;
Fue emancipar el pensamiento y hacer libre la conciencia;
Fue abolir la contribución de sangre;
Fue regularizar la guerra, sujetándola a las prescripciones civilizadoras del derecho de gentes, y contener así sus horrores, las represalias, las venganzas y las carnicerías;
Fue fundar las enseñanzas de la ciencia a la altura de la civilización moderna, y mecer la cuna de los grandes ciudadanos;
Fue emancipar al pueblo de la esclavitud, de la ignorancia y del vicio, estableciendo la educación gratuita y eficaz, y
Fue abatir el cadalso político, al cual hubieran subido, sin duda, los más distinguidos miembros del partido conservador en1851;los más bravos de nuestros militares en1854;todos los prisioneros de uno y otro bando en1861,y a los conservadores, a quienes la suerte fue adversa en la guerra de1876.
El17de abril de1854elcañón de la madrugada anunciaba a la capital que acababa de consumarse una revolución hecha por el elemento conservador más vigoroso que conocieron las sociedades antiguas, y que hoy ha venido a ser el único elemento que sostiene al gobierno, por el ejército. El17de abril era para Colombia como el18Brumario para Francia, acabando con la República para establecer el consulado y después el imperio de Napoleón; era el2de diciembre asesinando al pueblo para proclamar el imperio de NapoleónIII;era Pavía disolviendo el congreso de la república española para dar el reino de España a don Alfonso XII;era lo desconocido y bárbaro de la América estableciendo a Rosas o a Melgarejo; era una revolución hecha por el ejército y encabezada por el general José María Meló, comandante general.
La sociedad quedó por unos momentos aterrada por lo imprevisto de tal acontecimiento; pero en Colombia entonces había en todos los partidos un sentimiento de dignidad que hacía imposibles las dictaduras; en todos los ciudadanos un orgullo que les impedía humillarse; y de tal manera se jugaba con la muerte, que a nadie se atemorizaba con las bayonetas, ni se aterraba con los males de la guerra; al contrario, a la guerra se le daba entre nosotros el carácter de una fiesta, en la cual tenían su puesto de honor los más distinguidos ciudadanos de uno y otro bando.
Al mes cabal de proclamada la dictadura en Bogotá, venían ya a combatirla dos lucidos ejércitos: uno levantado en el sur por los generales París y López (del primero de estos ciudadanos me tocó el honor de ser ayudante general),y otro en el norte, por los generales Herrera y Franco.
Los ejércitos que en un mes se habían levantado contra la dictadura, si bien eran numerosos para justificar la honra y la dignidad del país, eran sólo la obra del entusiasmo, del patriotismo y del amor a la libertad; se componían en su mayor parte de esos jóvenes filósofos que desde1850 venían encabezando una propaganda contra el ejército y contra las viejas instituciones del país; que estaban inspirados por las ideas de los girondinos franceses, y que, como ellos, estaban prontos a salir a la defensa de su causa y a morir por ella; pero que no habían oído silbar una bala, ni comprendían ni aceptaban la disciplina militar, y que todo lo confiaban al valor personal y a la justicia de su causa. Estos ejércitos colecticios no tenían armas, les faltaban municiones, y al primer revés que experimentaron, comprendiendo su impotencia, el del norte se disolvió en Tíquisa, a pesar de los esfuerzos de sus dignos jefes; y el del sur se devolvió de la sabana, y reducido a un grupo de valientes que rodeaban al general París, llegó a Honda, en donde se hizo fuerte, y fue el núcleo que sirvió para allegar a todos los que andaban dispersos, para que se constituyese el gobierno legítimo, ejercido por el general Herrera, y para que en toda la nación se supiese que aún flameaba la bandera de la legitimidad.
Entonces fue cuando principió la dura campaña de los constitucionales, en la cual, con igual valor, se vio trabajar a los liberales y a los conservadores, luchando en todo el vasto territorio de la nación, ahogando los gérmenes dictatoriales que por dondequiera aparecieron, peleando en todas las poblaciones, recorriendo las ardientes costas y los páramos helados en busca de armas, y levantando batallones para volver sobre Bogotá a combatir al dictador. Entonces el general José H. López realizó prodigios en el sur, y trajo, a su despecho, a las legiones que habían proclamado la dictadura, a combatirla y a vencerla. Entonces el doctor Ospina y Pabón levantaron en Antioquia batallones que, a las órdenes de Henao, Giraldo y Manuel Suárez Fortul, vinieron a dar el triunfo en Bosa; entonces los generales Herrán y Mosquera se embarcaron en Nueva York y trajeron armas para defender la constitución; entonces salieron a refrescar sus laureles los egregios Vélez y Ortega, y Patria volvió a empuñar su poderosa lanza; entonces nació Santos Gutiérrez para la gloria, y Cándido Rincón se hizo inmortal en la memoria de los pueblos del norte; entonces Julio Arboleda se hacía el héroe de un romance; entonces los Reyes, los Niños, los De la Torre, ofrendaron su fortuna para rescatar la libertad; y todos los jóvenes del norte, peleando en el Cornal, en Pamplona, en Petaquero y en mil combates de todos los días, parecían multiplicarse y disputarse en las batallas los honores del triunfo. Tocónos entonces pelear en Honda, bajar a la costa a buscar armas, pelear en Ocaña contra los colorados, atravesar la desierta montaña con dos mil fusiles para proveer a los ejércitos del norte, estar en Pamplona, y levantar en García Rovira el batallón Libres, que fue diezmado en Petaquero, y venir a Bogotá a la batalla del4de diciembre.
He aquí lo que en el parte de ella dijo el general en jefe, Tomás C. de Mosquera, con relación a los batallones Libres y Tundama, que formaban la brigada del coronel Gabriel Reyes:
«Subimos, dice, con el general Herrán, para examinar si el enemigo se movía, y conocimos que era indispensable no perder momentos. Puse a órdenes del general Herrera los batallones l° y6° de línea, Libres y Túndame, para que emprendiese el ataque en las manzanas que están entre Carrera de Margarita (al pie de la quinta de Espinosa), Barinas y Bárbula, y el camellón de Las Nieves, y al coronel Díaz le ordené que con el batallón Vélez avanzase por las carreras de Yarumal, Majagual y Chire, para tomar una trinchera que estaba en la esquina de la carrera de Chire y Pamplona (en dirección de la plaza de San Francisco). Con mucho denuedo condujo la primera columna el general Herrera, y al llegar a la esquina de la carrera de Pamplona y Bárbula, fue mortalmente herido, y lo reemplacé con el coronel Weir, con orden de ocupar la carrera del norte y apoderarse de las manzanas que hay entre la carrera de Tarqui, San Félix y Bocachica (en dirección a San Diego). En seguida dispuse que el coronel Weir fuese relevado por el general Camilo Mendoza y que el batallón6°se dirigiese por la carrera de Barinas para proteger al Tundama que, a órdenes del teniente coronel Olarte y el mayor Vieco, bajo la dirección del coronel Gabriel Reyes, había avanzado hasta la carrera de Matalamiel. Mi ayudante de campo, teniente coronel Ricardo Vanegas, condujo una columna y llevó órdenes al general Mendoza sobre el modo como debía obrar para tomar las casas que están sobre la plaza de San Diego, y recibí a poco aviso de que el teniente coronel Olarte (comandante del Tundama), estaba mortalmente herido, e igualmente mi ayudante de campo Vanegas.
«Entre tanto las guerrillas de Guasca, a órdenes del teniente coronel Ramón Amaya, apoyaban por el este el ataque que hacía por el sur la 4a compañía del batallón6°.El fuego era bien sostenido y al presentarse una bandera blanca en San Diego, ordené que el batallón Libres, con los jefes José de D. Ucrós y Medardo Rivas, se dirigiese por la carrera de Mariquita a la del norte, y que el general Camilo Mendoza, por dentro de las casas, atacase las fuerzas que estaban en El Hospicio y La Tercera...
«El general Mendoza quedó herido de muerte al ejecutar las órdenes que le di de tomar las casas de El Hospicio y de La Tercera, y desde entonces fui personalmente a dirigir el asalto sobre San Francisco, y ordenar las operaciones del centro. Mandando a la quinta de Bolívar como400hombres, que fueron aprehendidos en San Diego con su jefe el ex-coronel Ramón Acevedo, hice marchar el batallón Libres por La Alameda de San Victorino y reforcélo con el Tundama, para que atacase el colegio de San Buenaventura (la parte occidental del convento de San Francisco), por la espalda, y entrasen por allí al convento de San Francisco. Cuando dictaba estas órdenes, llegó el general Herrán a la plaza de San Diego, y le informé que había perdido los dos comandantes en jefe, y que yo personalmente dirigía el asalto y recorría toda la línea, y que tomando aquel punto iba a hacer venir un cuerpo de caballería que apoyase la retaguardia.
«Revisé toda la línea hasta encontrarme con las tropas del sur en San Victorino: mandaba allí la infantería el coronel Viana y la caballería el general Espina.
«Mis órdenes fueron cumplidas en el ejército del norte con toda exactitud, y el ataque era tan vigoroso, que el enemigo, viéndose circunscrito a un estrecho círculo (en el cuartel de húsares), izó bandera blanca y me mandó a Ramón Beriñas con un corneta a pedirme garantías para rendirse. El teniente coronel González se avanzó a recibirlo y lo condujo a mi cuartel general. Sin esperar respuesta se avanzaron sobre la plaza de San Francisco algunas partidas.
«Ordené, por medio de mi corneta, que cesase el fuego, ofreciendo a los rebeldes que serían tratados con decoro y humanidad, y les garantizaría la vida por el delito de rebelión si se rendían al momento a discreción. Aceptaron mi ofrecimiento y se rindieron a los tenientes coroneles González y Beltrán, que entraron al cuartel con su parlamentario a hacerles la intimación, y se entregó el dictador».
En lo que corresponde a la guerra de1861,nos tocó batirnos en el asalto que a La Mesa hizo el batallón8°de línea, que fue derrotado dejando infinidad de muertos y heridos; dirigió la defensa el doctor José María Plata y pelearon con sin igual valor los jóvenes Ibáñez, Federico Rivas y Juan José Obeso. Estuvimos en la acción de Piedras, sangrienta, y donde murió el jefe conservador doctor Calixto Leiva, a quien dispuse se le hicieran funerales dignos de su valor y su posición social. Nos tocó hacer la más ruda campaña en el Quindío, y en la gran batalla del18de julio, he aquí la parte que en ella tomamos:
PARTE DETALLADO DE LA TOMA DE BOGOTA
«Estados Unidos de Nueva Granada.-El inspector y mayor general del Ejército Unido.-Circular.
«El Ejército Unido ha alcanzado el18de julio el más completo y espléndido triunfo sobre las tropas que acaudillaba el procurador general, Bartolomé Calvo, que, como usted sabe, había usurpado el gobierno nacional de la Confederación Granadina, apoyándose en las actas que celebró el ejército de Ospina y algunos senadores y representantes elegidos según las disposiciones de las leves inconstitucionales.
«Ha dejado de existir el gobierno de hecho, y tengo orden del presidente de los Estados Unidos de felicitar a usted y de instruirle de las operaciones militares que se han ejecutado después del triunfo obtenido el13dejulio último, de que di cuenta a usted.
«No creyó conveniente el supremo director de la guerra continuar los movimientos sobre el campamento enemigo de Chicó, porque tenía que atender a la organización de los cuerpos que se formaban en el Estado de Cundinamarca, y proteger con ellos la llegada de los elementos de guerra que venían al cuartel general de la plaza de Honda, que eran indispensables para un ataque serio sobre las fortificaciones de campaña que había construido el enemigo, o para el que debía darse en esta ciudad, cuya defensa es muy ventajosa dirigida por un hábil general, y debían de todos modos asegurarse un combate que iba a decidir de la pronta pacificación de la República, y en caso adverso prolongar indefinidamente la guerra.
«Supo el supremo director que el enemigo fincaba sus esperanzas en las sublevaciones que promovió en el Estado del Tolima, y en la guerra del Estado de Antioquia contra el del Cauca, a cuyo efecto se iba a enviar a Mariano Ospina hacia el Magdalena para que siguiese hasta Antioquia y se apoderase de la ciudad de Honda, por donde venían los elementos de guerra de que he hecho mención. Al mismo tiempo fundaba sus esperanzas en el auxilio que podía recibir del Estado de Santander, adonde se habían introducido los coroneles Ucrós y Monsalve, prisioneros de guerra en Ocaña y puestos en libertad para venir al cuartel general a presentarse al supremo director que los había recomendado especialmente al presidente de Santander. Había al mismo tiempo que atender a la conservación de la salina de Zipaquirá, fuente de recursos pecuniarios para el ejército.
«El triunfo que obtuvo el coronel Joaquín Reyes sobre Ucrós, en el Estado de Boyacá, la prisión de Mariano Ospina y sus compañeros de expedición en La Mesa, y pequeñas ventajas obtenidas en diversos puntos sobre el enemigo, decidieron al supremo director a hacer un nuevo esfuerzo para obtener un triunfo pacífico. Obligar al enemigo a dejar sus posiciones y presentarle la fuerza del Ejército Unido en una llanura, sin la menor obra de defensa, era el paso que debía dar el supremo director para hacerle conocer la inferioridad de su fuerza, y que un nuevo combate no tendría otro resultado que el inútil derramamiento de sangre granadina.
«El5de julio emprendió el ejército su movimiento al frente del enemigo, para colocarse al occidente de las posiciones de Chicó, presentándole ocasión para librar una batalla. Este movimiento, que le dejaba libre la vía de Zipaquirá para ir a buscar el cuerpo de tropas que anunciaba constantemente venir desde el norte, y la facilidad de salir a campo raso, debían producir el efecto moral de la desconfianza en sus soldados si no emprendía operaciones ofensivas. Durante todo el movimiento permaneció el enemigo en expectativa, y luego que nuestro ejército tomó posesión de la Punta de Suba, desde donde podía dirigirse a la capital por tres diferentes vías, no obstante la dificultad que presentaban los pantanos y ciénagas que rodean aquella posición, a las cuatro de la tarde emprendió su retirada hacia esta ciudad, quemó sus barracas, y levantó el campamento, no en el mejor orden, y se situó en las colmas de San Diego, apoyándose en los edificios contiguos a dichas colmas.
«El6marchó el Ejército Unido sobre Chapinero, con ánimo de dar la batalla, si el enemigo salía a librarla al aproximarnos a él; pero reconoció el supremo director que se ocupaba en construir una línea de contravalación más extensa de la que alcanzaba a defender con sus tropas, y resolvió acamparse en Chapinero, sobre el río del Arzobispo, concluir la organización de la columna de Cundinamarca y hacer llegar al cuartel general el parque de reserva que venía de Honda, cuyo movimiento se había cubierto con el batallón Hormezaque, que fue hacia La Mesa a proteger igualmente la conducción de los prisioneros que se habían tomado en aquella ciudad, entre los cuales estaba Mariano Ospina. El pequeño triunfo de que hago mención, el cual dio por resultado la prisión de Ospina, si no tenía una grande importancia como hecho de armas, sí lo produjo moralmente, pues usted conoce que él, como presidente de la Confederación, era el que había dirigido toda esta revolución para destruir el sistema federal.
«El gobernador de Cundinamarca, señor Uldarico Leiva, se había dirigida de un modo confidencial al supremo director, con una minuta de proposiciones de paz inadmisibles, no obstante el deseo que manifestaba de restablecer la armonía entre los beligerantes; pero al mismo tiempo que daba este paso había dispuesto que Ospina fuese al Magdalena a alentar las partidas que se levantaron en El Guamo, a órdenes de algunos amigos suyos, entre quienes se contaba el doctor Calixto Leiva, que había muerto en el combate de Piedras, y él creía solamente herido y prisionero. Por esta razón interpuso sus relaciones personales con el supremo director para que le diese pasaporte a otro hermano suyo que fuera a asistirlo en su enfermedad. El señor Leiva ignoraba, cuando daba este paso, la prisión de Ospina, y que habían caído en nuestro poder las instrucciones que le había dado. El supremo director accedió a su petición, mandándole el salvoconducto que pedía para su hermano, pues la noticia de su muerte era aún dudosa.
«Concluidos los arreglos del ejército, resolvió el supremo director hacer una intimación al general en jefe de las fuerzas centralistas, creyendo que en vista de las circunstancias se persuadirían, tanto él como el señor Calvo, de que no tenían la fuerza suficiente para combatir con el Ejército Unido. Después de una demora de cuatro días contestó el general en jefe la carta oficial del supremo director; pero negándose a reconocerlo como beligerante, no le daba el tratamiento, y no admitió su respuesta, pues bien se conocía que era negativa por el modo como se dirigía el pliego, haciendo devolver al heraldo que lo condujo.
«Agotados, pues, todos los medios de conciliación, dispuso el supremo director atacar decididamente al enemigo, y mandó organizar tres cuerpos de ataque y uno de reserva para tomar la capital, batiendo al ejército enemigo. Este, como he dicho, había establecido su línea de contravalación al rededor de la ciudad, atrincherándose desde las faldas de la cordillera hasta la llanura, y situando en diferentes puntos su artillería, que constaba de quince piezas de batalla. El primer cuerpo se formó de las divisiones la del primer ejército y 2a del tercero, fuerte de1.500hombres, a órdenes del general López. El segundo compuesto de la la división del tercer ejército y 2a del primero, fuerte de1.300hombres, a órdenes del general Gutiérrez; y el tercer cuerpo se compuso de la 3a división del primer ejército y400jinetes de la división de caballería, a órdenes del general Mendoza.

