SERIE I: TRAJES, TIPOS Y ESCENAS DE LA CONQUISTA.

Españoles y aborígenes fueron protagonistas de los dramáticos episodios de la conquista. De los resultados de este encuentro de razas, de mentalidades y de situaciones contrapuestas, hablan los trajes de unos y de otros. A las corazas, armaduras y rodelas de los primeros, opusieron los aborígenes atuendos de plumas, collares de semillas polícromas y breves faldellines de hojas secas, de plumas o de fibras vegetales. El traje aborigen, si es que de tal puede hablarse, variaba con el clima en que habitara la tribu. El atuendo chibcha, por ejemplo, se basaba en sus tejidos de algodón y en las célebres "mantas" del mismo material. Al parecer, las faldas de "chircate" de las mujeres chibchas continuaron en uso hasta comienzos del siglo XIX.

Al considerar la extrema diferencia del atuendo de los conquistadores -entre los que primaba el vestido "defensivo"- y el de los aborígenes, acude a la memoria lo que Baldomero Sanín Cano escribe en su ensayo El descubrimiento de América y la higiene: "No es difícil imaginar la pulcritud que gastaban los soldados, los aventureros, los conquistadores. Esos héroes de la codicia y del amor a lo desconocido cruzaban los mares en barcos mal atendidos, sin mujeres a bordo que cuidasen de la limpieza de las ropas. Llegaban a tierra firme y vestían todas sus armas. Debajo de la pesara coraza estaban las ropas, que acaso no se mudaban en todo el tiempo de las marchas antes de encontrar al enemigo en la altiplanicie de México, en el reino de los Chibchas, en la capital del Imperio Inca.

Situación que contrastaba con la de los aborígenes, cuyos hábitos de limpieza eran notables, tal como lo atestiguan los cronistas de la conquista. De los indios del Darién dice López de Gomara, por ejemplo, que "acostumbraban a lavarse dos o tres veces al día, especialmente ellas, que van por agua"; de los indios del Orinoco, afirma el padre Gumilla que se "echan a dormir al anochecer y madrugan con la primera luz del día a lavarse en el río o arroyo, sin que haya en esto falta alguna".

Este encuentro de mundos que -en nuestro país como en el resto de América- fue la conquista, está representado con eficacia en las láminas de la Serie I, por la que desfilan guerreros, funcionarios y frailes españoles y caciques, músicos y guerreros aborígenes, culminando el panorama con un simbólico episodio, en que un soberano chibcha, desposeído ya de sus reinos, recibe las aguas del bautismo.

 

LAMINA 1: Capitanes y soldados. De izquierda a derecha: a) traje de combate de un Adelantado: cota de mallas recubierta de armadura de placas, calzas de seda, zapatos de cuero; b) soldado en traje civil o "de corte"; c) soldado con "ropilla": capa corta, calzón bombacho, calzas y polainas "de vuelta"; d) soldado con casco, rodela y espada, cota de mallas recubierta de armadora y polainas altas y ceñidas; e) lancero con casco y morrión, rodela, cota de mallas cubierta de armadura, calzón de terciopelo rojo y calzas de lana.

LAMINA 2: Ordenes monásticas. De izquierda a derecha: a) fraile agustino en hábito de calle; veste negra de mangas muy anchas y largas, con capuchón; b) fraile benedictino: hábito y manto negros; c) fraile franciscano: hábito marrón, ceñido por una cuerda; d) fraile cartujo: hábito y capuchón de tela blanca; e) fraile capuchino: hábito marrón y capa corta con capuchón puntiagudo.

LAMINA 3: Un cacique aborigen. Tocado completo de plumas: diadema, brazaletes, faldellín, bastón de mando y pectoral de oro. Los pectorales bruñidos eran usados por lo caciques como insignia de su dignidad y, en ocasiones, como emblema de las riquezas que poseían.

LAMINA 4: Indios coreguajes. Aborígenes del Caquetá, actuando durante un baile ritual en atuendo de fiesta: llevan diademas de plumas, dobles collares y bandas cruzadas sobre el pecho, cinturones muy ajustados y breves faldellines de fibras vegetales. El tocado de flautista y del tamborilero es idéntico. El indio de la derecha lleva además, una guirnalda polícroma que desde la cabeza le cae a lo largo de la espada.

LAMINA 5: El hechicero.Las máscaras rituales fueron de uso muy frecuente entre los aborígenes, quienes las usaban para "adquirir" los poderes de las deidades que ellas representaban. La máscara y el antifaz han formado parte del atuendo festivo de nuestras sociedades criollas, como derivación de los usos tradicionales españoles y de las creencias indígenas.

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