SERIE III: PERSONAJES Y TIPOS POPULARES DE LA INDEPENDENCIA.

El Siglo XIX colombiano, escribe Joaquín Tamayo en Nuestro Siglo XIX (Editorial Cromos. Bogotá, 1941), fue de contrastes, de intensa lucha: oloroso a pólvora. Romántico y propicio a lo artificial, a lo turbulento, a ratos sin sentido alguno. La tendencia a expresar en fórmulas absolutas el bienestar humano hizo que los neogranadinos y sus descendientes olvidarán lo real en persecución de una quimera (..). lucharon con el pecho descubierto para lograr un mundo mejor, acorde con sus creencias o simpatías: su lucha fue caballerosa, expirada, romántica..."

Podría afirmarse que la época de la Independencia se inicia en nuestro país con la traducción de Los derechos del hombre y del ciudadano realizó don Antonio Nariño en Santafé en el año de 1974. Y que finaliza con la disolución de la gran Colombia. Lo que abarca un período de unos 35 años, fecundos en acontecimientos de todo género, épicos muchos de ellos y trágicos algunos. El traje, en esa etapa resonante y agitada, revela de una parte las tradiciones hispánicas y de otra la influencia francesa, a la que no tarda en añadirse la de las modas inglesas, traídas a nuestro país por los oficiales de la Legión Británica y luego por los comerciantes y agentes diplomáticos llegados de Inglaterra con sus familias.

El cambio político que comienza a gestarse desde fines del Siglo XVIII trae consigo un cambio en las costumbres y, por ende, en el vestuario. Hasta entonces, las clases sociales elevadas habían vestido lujosamente y al estilo cortesano. El ambiente democrático modifica totalmente este atuendo: al iniciarse el siglo XIX, además, comienzan a suprimirse las pelucas empolvadas y los caballeros adoptan los sombreros de copa alta, la severa y entallada levita y las botas de charol, a tiempo que las damas abandonan los altos tocados y se cubren con amplias mantillas de seda, de color blanco, negro o azul.

Las fuentes documentales, de otra parte, comienzan a multiplicarse. Y no solamente las de carácter gráfico, sino las literarias, como puede verse en los amenos relatos de José Caicedo Rojas (Apuntes de Ranchería), José María Cordobés Moure (Reminiscencias Santafé y Bogotá) y Pedro María Ibáñez (Crónicas de Bogotá), obras de las cuales hemos extractado la mayor parte de los trozos documentales que figuran en la tercera parte de esta presentación a la Historia del Traje en Colombia.

En el artículo Bailes(Tomo I de sus Reminiscencias) afirma Cordobés Moure algo que parece dar a entender que nada cambió en el país, o al menos en Santafé de Bogotá, con los sucesos de la Independencia. 

"Hasta el año de 1849, época en que puede decirse empezó la transformación política y social de este país, se vivía en plena Colonia. Es cierto que no había Nuevo reino de Granada, ni Virrey, ni Oidores; pero si hubiera vuelto alguno de los que emigraron en el año de 1819, después de la destrucción de los escudos de las armas reales; la traslación del Mono de la Pila (...). Esto, que es verdad por lo que dice a la vida familiar de los bogotanos, y al aspecto de la ciudad, no podría extenderse a la vida política, ni tampoco al vestuario de las clases sociales altas. Como lo demuestra, precisamente, esta tercera serie de láminas.

LAMINA 1: Sombrereras de Bucaramanga. Las tejedoras y "mercaderas" de sombreros "nacuma" fueron figuras muy populares hacia 1850 en la entonces villa de Bucaramanga. En esa época, las mujeres de la antigua Provincia de Soto usaban blusas blancas escotadas, amplias faldas  de lienzo azul y mantellinas de vivos colores; los hombres, camisa blanca y pantalón de manta rayada. Todo, de fabricación regional.


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