WOLFGANG SEIFEN
Por los caminos del órgano

NOTAS AL ROGRAMA V
Nicolás Alexiades Uribe

WOLFGANG SEIFEN (n. 1956), el improvisador extraordinario.

En un noviembre gélido visité a Wolfgang Seifen en la tribuna de la Keiser- Wilhelm-Gedächtnis Kirche de Berlín, de la cual es organista titular actualmente. Llegué justo antes de que comenzara a improvisar la entrada del servicio litúrgico. Un par de años atrás había escuchado por primera vez a Seifen improvisar en el enorme órgano de la Basílica de la Virgen en Kevelaer, Alemania, muy cerca de la frontera con los Países Bajos, donde fue organista titular por 17 años; fue esa una experiencia que me marcó para toda la vida.
En Berlín, el instrumento era menos interesante que aquel de Kevelaer, pero resultaba maravilloso ver cómo Seifen tomaba un tema litúrgico y, con un desenfado envidiable, improvisaba un preludio coral que parecía una página
perdida de Johann-Sebastian Bach. Mientras la celebración avanzaba, le pregunté en voz baja: “Profesor, ¿quién fue su maestro de improvisación?”.
“Nadie” me respondió. “Nunca tuve maestro de improvisación”. Cuando el sacerdote dio su bendición, Seifen tomó un tema gregoriano propio de la celebración de ese día e improvisó una Sortie à la Dupré de gran virtuosismo y que daba la impresión de ser una obra escrita nota a nota.
Un mes después, el 30 de diciembre de 2005, visité al profesor Seifen en su casa en Kevelaer. Luego de un recital que ofreció en la Basílica, él y un grupo de amigos fuimos a cenar a un pequeño restaurante tipo Gasthaus. Allí le
pregunté; “Profesor, ¿en qué piensa usted cuando improvisa?”. “Veo notas –me dijo– veo una partitura en mi mente, con todas las notas que inmediatamente interpreto, sin mediación de tiempo”. La mañana siguiente, antes de
tomar mi tren de regreso a Bélgica (donde yo vivía a la sazón), fuimos a desayunar y a visitar el gran órgano de la Basílica. “Pero el talento no lo es todo, y esto –me dijo señalando los cuatro teclados de la impresionante consola de aquel órgano de 128 registros– es el resultado de largos años de intenso trabajo, de tocar literatura de todas las épocas y analizarla al detalle, y de adquirir la técnica que hoy me permite servirme del instrumento sin ninguna limitación”. Le pregunté más sobre su primer contacto con el órgano
y el arte de la improvisación, y me contó esta historia:

“Mi madre pertenecía al coro de mi pueblo natal [Bergheim/
Erft]. Mi padre tenía que trabajar, y yo, muy pequeño entonces, no podía quedarme solo en casa, así que mi madre me llevaba todos los domingos a la misa, y yo me quedaba sentado en una banquita en una esquina de la tribuna del coro escuchando la música y viendo al organista tocar. Ya desde entonces, con apenas dos años, tuve un contacto importante y frecuente con la música de órgano y la música coral, sin que nadie se lo propusiera.
Quien era el organista de la iglesia aceptó darme clases,
siendo él mismo un buen improvisador, pero como yo era apenas un niño que daba sus primeros pasos en la interpretación del instrumento, no podía abordar aún el arte de la improvisación en las clases. No obstante, verlo improvisar domingo a domingo suscitó en mí una inclinación natural hacia este arte.

Luego de la misa regresaba a casa profundamente estimulado por la música que había escuchado. En casa teníamos un escritorio en la sala con una repisa que salía desde debajo de la tabla superior; yo la halaba e imaginaba que eso era un órgano de dos teclados, pues en aquel tiempo no conocía sino órganos de dos teclados. Me sentaba y empezaba a pulsar notas imaginarias con música que yo escuchaba en mi mente, y podía escuchar con mi imaginación las notas que, de haberse tratado de un órgano de verdad, hubiesen emitido sus flautas. Esto hizo que mi oído interno se desarrollara precozmente. Un par de años más tarde tomé el puesto del organista, y acompañaba al coro, teniendo que improvisar durante la liturgia católica de
principio a fin: la entrada, los cantos, las aclamaciones, la salida. Modular a las diferentes tonalidades era algo que hac
ía espontáneamente y sin tener que pensar en ello.

En 2002, el amor y el rigor profesado por la tradición musical del rito católico le merecieron a Wolfgang Seifen la invitación para ser miembro de la Comisión Arzobispal de Música Litúrgica, con sede en Berlín. Como compositor, durante su desempeño como titular en Kevelaer compuso varias obras corales, orquestales y de órgano, entre ellas un Concierto para órgano, una Pasión según San Juan y tres misas. Pero el punto culminante de esta faceta de su carrera le llegaría al recibir del Vaticano el encargo de componer una Misa Solemnis Tu es Petrus, para gran orquesta, coro y órgano, que fue tocada por primera vez en la Catedral de San Pedro en Roma el 10 de octubre de 2007 con motivo del octogésimo cumpleaños del Papa Benedicto XVI.
Como concertista improvisador viaja por el mundo entero, y como docente de improvisación es solicitado por varias academias alemanas e internacionales. Es miembro cofundador de la Academia de Improvisación de Altenberg, y ha sido director de los departamentos de improvisación y música litúrgica en Stuttgart y Düsseldorf. Desde 2002 es profesor de improvisación e interpretación de órgano litúrgico en la Universidad de las Artes, de Berlín. “La inspiración no lo es todo en la improvisación –nos contaba durante una entrevista radial que le hicimos en la emisora HJCK en 2005–; la improvisación no sale porque sí en un momento de inspiración. Cuando me hallo en una catedral colosal o en una sala de conciertos frente a un público receptivo a la música, siento una gran inspiración, así como es un motivo muy fuerte de inspiración la belleza de los timbres de un buen órgano con una entonación altamente artística. Cuando improviso en estas condiciones, dejo de ser organista y me transformo en un director de orquesta que acude a los diferentes instrumentos y colores del sonido, con toda la fuerza y la variedad de timbres del órgano bajo sus manos y sus pies. Así dirijo mi propia música, creada en el instante, con mi propia orquesta – el órgano -, y la ejecuto allí mismo”.
Los recitales de Wolfgang Seifen frecuentemente están estructurados de manera estilística, lo cual refleja no sólo su profundo conocimiento de todos los detalles de cada escuela, sino también su estricta visión como docente de improvisación. “El estudiante debe poder improvisar en todos los estilos de manera perfecta, y sólo entonces será verdaderamente capaz de improvisar en su estilo propio sin limitación alguna”.
Este recital de piezas In memoriam nos llevará en un viaje imaginario a través de más de 300 años de historia de la música, con una interesante distribución binacional que representa los estilos de dos grandes escuelas en la historia del órgano –la germana y la francesa–, y es una poética manera de dar conclusión al Festival de Órgano organizado por la Biblioteca Luis Ángel Arango, la Embajada de Alemania, el Goethe Institut, la Embajada de Francia y la Alianza Colombo Francesa, con homenaje a varios compositores cuyas obras sonaron hace apenas unos días en los recitales de los demás organistas invitados. El estilo de la escuela barroca germana se revelará con los elementos estilísticos de Johann Sebastian Bach presentes en una Pasacaglia y Fuga (Bach compuso sólo una Pasacaglia en Do menor “con Tema Fugado ”, BWV 542), y una Sonata en trío. En el curso de una conversación me confesó Seifen que lo más difícil para el improvisador no son las formas sinfónicas, pese a su técnica virtuosa, ni siquiera las fugas o dobles fugas; son las sonatas en trío porque “se debe tener control sobre todo durante todo el tiempo; son sumamente exigentes”. Mozart aparece luego con un estilo de pieza para un reloj de flautas (o Flötenuhr), un complejo artilugio mecánico para el cual Mozart compuso obras, que funcionaba como un reloj y todas las horas en punto ponía en funcionamiento un mecanismo automático para hacer sonar un organito con una tonada tocada por un tambor de pines. La primera parte “a la germana” termina con una fantasía y fuga, homenaje a Franz Liszt y a su discípulo Julius Reubke, quien murió prematuramente a la edad de 24 años y nos dejó una colosal Sonata para órgano. Luego viene la segunda parte del recital à la française, primero con una Suite dancé pensada como obra nunca escrita del francés Clérambault, en la cual son utilizados todos los recursos del lenguaje del órgano clásico. Este viaje musical nos lleva finalmente al órgano sinfónico francés, con una suite sinfónica basada en temas gregorianos. Quizás sea el lenguaje sinfónico el que más cerca se encuentra del corazón de Seifen, que aquí crea e interpreta música en homenaje a los cuatro grandes pilares del órgano sinfónico en Francia y quienes fueron, además, legendarios improvisadores en su tiempo: Allegro Maestoso sobre el Veni, Redemptor gentium en memoria de Marcel Dupré; Adagio sobre el Haec dies en memoria de Charles-Marie Widor, quien basó su Sinfonía No. 10 para órgano, “Romana”, en este tema; Andante-Cantilena sobre el Magnificat, en memoria de Alexandre Guilmant, y Finale sobre el Salve Regina, homenaje a Louis Vierne quien el 2 de junio de 1937 se preparaba para improvisar sobre este tema cuando cayó muerto en pleno concierto sobre la consola del órgano de la Catedral de Notre-Dame de París. Un homenaje de improvisador a improvisador. La capacidad que posee Seifen para malear la música a su antojo habrá de sorprendernos aún más: todas las improvisaciones – excepto la Suite Sinfónica –estarán basadas sobre temas colombianos dados al intérprete unas horas antes del recital.

Wolfgan Seifen

WOLFGANG SEIFEN, organista (Alemania)
Nacido en Bergheim/ Erft en 1956, es actualmente uno de los grandes maestros de la improvisación. Se inició en el mundo de la música desde muy temprana edad, a los 18 años era el organista de la Iglesia de San Nicolás en la localidad alemana de Aquisgrán, y a los 20 fue nombrado director de coro de cámara y de orquesta de los conciertos que se realizan en San Sebastián de Nettetal-Lobberich.

En 1983 se incorporó como organista a la Basílica Papal de Santa María de Kevelaer. A partir de ese año inició su actividad como profesor invitado en Polonia, Italia, España y en la Academia Internacional de Toulouse.

Es cofundador y docente permanente de la Academia Internacional de Órgano para la Improvisación, de Altenberg; entre 1983 y 1993 impartió clases de improvisación y de órgano litúrgico en la Escuela Superior de Stuttgart (Alemania).

Desde el 2000 es profesor de improvisación y de órgano litúrgico en la Escuela Superior de las Artes de Berlín, labor que compagina con la de intérprete y compositor.Su obra Tríptico Sinfónico para coro, solista, órgano y gran orquesta, fue estrenada en la Basílica de Santa María de Kevelaer. Es también autor de varias publicaciones sobre organería y sobre improvisación.

Ha sido jurado en diferentes concursos internacionales y ha sido invitado como Profesor en residencia para dar cursos de improvisación y para tocar conciertos en festivales y academias del mundo. Es el Organista Titular de la iglesia Kaiser-Wilhelm -Gedächtniskirche de Berlín desde 2004.

Como compositor, y en ejercicio de su cargo como titular en Kevelaer, compuso varias obras corales, orquestales y para órgano, que incluyen un Concierto para órgano, una Pasión según San Juan y tres misas. Pero el punto culminante de esta faceta de su carrera fue el encargo recibido del Vaticano para la composición de la Misa Solemnis “Tu es Petrus”, para gran orquesta, coro y órgano, estrenada en la Catedral de San Pedro en Roma el 10 de octubre de 2007 con motivo del octogésimo cumpleaños del Papa Benedicto XVI.

Su discografía está hasta ahora conformada por más de 28 grabaciones.