INSTRUMENTOS DE LA COLONIA

 

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Los primeros órganos se hicierón de caña de bambú o guaduas. Se escucharon en Caxicá y Fontibón debido a los padres Jesuitas José Dadey yJúan Bautista Coluccini.

Hoy en la vereda del El Rosal en el convento de los Padres Benedictinos existe una reconstrución que tiene una serie de flautas de guaduas y bambúes, hechas por el hermano Jorge Baver.

Fotografía; Luis Antonio Escobar.

 

En la Europa medioeval, al contrario del espíritu rígido del medioevo de la antigua Grecia, sí se aceptarían toda clase de instrumentos musicales y toda clase de variaciones en los métodos expresivos del pueblo, desde los saltimbanquis, chocarreros, saltarines, hasta los más refinados cantantes, príncipes o gentes del bajo pueblo, enamorados amorosos, iniciadores del romanticismo y cantadores del amor, —minne=amor, singer=cantor, minnesinger y meistersinger, minstrels, troveros, trovadores, juglares, es decir, toda esa pléyade encargada de exaltar el sentimiento humano. Esa pasión desencadenada, pasión por el amor, por la poesía, por el canto, por lo lúdico, por los instrumentos, inunda a Europa de una sensibilidad que se rompe por los cuatro costados. El “jongleur” tenía que ser capaz de tocar como mínimo nueve instrumentos:

 

Ge sai juglere de Viele,

Si, sai de muse at de frestele

Et de harpe et de chiphonie

De la gigue, de l‘armonie

Et el salteire e en la rote.

 

Así lo cita Amros en su historia de la música refiriéndose a un verso de Girant de Calanson.

Eran verdaderos malabaristas musicales. También la gracia y la habilidad de las bailarinas de Cádiz, expertas en la “Crusmata” o castañuelas ya se habían hecho célebres aún en la época romana pero ahora ya para el siglo XI todas las artes se habían expresado claramente e irrumpían buscando formas, alegorías, contrastes, de tal manera que llega una época que se podría tildar plenamente como la era de oro del pueblo pues nunca antes ni después vamos a encontrar al príncipe y al plebeyo, al poderoso y al humilde tomados de la mano de la poesía y del canto, de la danza o de los instrumentos. También se hermanan las pasiones, lo pagano y lo religioso, como si la finalidad fuera el deliquio, el gozo con lo amoroso, bien fuese execrable o edificante. Se verán las “bandas” de santos y vírgenes como si trataran de competir con las bandas de los “vagantes”, corrompidos y lascivos. Se aunará el placer de mano de la hermana muerte y la guadaña servirá como bandera para aliviar la danza macabra o para alborotarla. Esa dualidad del hombre tenía que explotar expresando lo grotesco, lo fino y lo vulgar como si ya se anticiparan al Bosco a Brüguel o dando pie para que Dante cantara el resumen de una de las épocas más fantásticas y expresivas.

Para todos estos menesteres espirituales, de tan disímiles actitudes, no podía faltar algo que era como la fibra o esencia, los instrumentos musicales que tenían que adornar, corroborar, armonizar, gritar, exaltar y unirse a los versos, a los cantos; sustentar la danza erótica y vulgar o la mística y sublimada, que se veían en las plazas, en los atrios, en las tabernas, posadas nocherescas y hasta en los mismos altares que a su vez se convertían en proscenios de los autos sacramentales. Todos estos espíritus vendrían con los conquistadores y muchos instrumentos se harían sentir por primera vez en tierras indígenas.

 

 

LAS MUJERES Y EL LAUD

El laúd había llegado a España con los árabes y hasta se podría decir muy concretamente que las mujeres árabes fueron las portadoras de tan maravilloso regalo para el mundo occidental.

“Las Qaina-s eran unas esclavas cantoras cuyo talento musical no impedía sus funciones como meretrices. Constituían una clase social particular que se asentaba en los centros comerciales más importantes, tales como Medina, Ta’if, Oukaz, etcétera. Los hombres ricos de la sociedad disponían de un cierto número de qaina-s. Recitaban versos de los poetas contemporáneos más importantes y cantaban para celebrar a sus amos. Algunas de estas qaina-s consiguieron gran notoriedad, y sus nombres han llegado hasta nosotros, tales como Djarada de ‘Add, Mulaika, etcétera. Practicaban dos tipos de canto: uno de tema serio y profundo compuesto de largos versos clásicos llamado Sinad, y otro Hazadj de carácter ligero, en versos clásicos cortos, que se acompañaba con instrumentos de diversas clases, aunque el instrumento por excelencia era el UD, predecesor del laúd y cuyo nombre heredó”.

Por lo anterior se puede decir que el UD, es decir el Laúd, llegó con las Qaina-s. Pero además, hay que notar cómo es la mujer, la cantante, la poetisa, la instrumentista, la danzarina, en suma, la verdadera juglaresca. El mismo Ismael Fernández de la Cuesta, autor del párrafo anterior concluye: “La importancia de estas Qaina-s en la historia de la música árabe es fundamental, ya que en el futuro aparecerá a menudo un tipo de juglaresa árabe, muy apreciada por los nobles y reyes cristianos, que recogerán la herencia de aquellas primitivas cantoras”.

No se puede desestimar en ningún momento la importancia o influencia de la mujer en el desarrollo de la música. Recordemos las orquestas medioevales que irán apareciendo hasta formar conjuntos instrumentales que son el origen de las orquestas actuales. Allí aparecerían toda clase de instrumentos lo mismo que la exuberancia en las modas del vestir, trajes hermosos y, sobre todo, los sombreros que se alzaban como verdaderos monumentos al ingenio y a la coquetería.

Más tarde el laúd en España se va a cambiar por la vihuela y seguirá siendo tocado ese instrumento por las juglaresas españolas.

 

LA VIHUELA

Uno de los más importantes aportes de los españoles al llegar al Nuevo Mundo fue el simple hecho de haber traído la vihuela. Y ¿cómo no iba a acompañar a los marineros el instrumento que servía de base para cantar los romances, las cuitas, los amores, y aún, las salves y cantos religiosos? La vihuela era el instrumento amado en tiempo de la Conquista, el instrumento natural y por tanto, llegó al Nuevo Mundo en donde principió a escucharse con inmensa devoción, regocijo, y agregaría, con alelamiento pues el indígena nunca antes había escuchado música de cuerdas. Ahora iría la vihuela a los campos y pasaría de las manos blancas de los españoles a las de los indígenas y muy pronto se convertiría en algo entrañable.

 

La vihuela es mi consuelo,

gracias al que la inventó,

que si no fuera por ella,

desgraciado fuera yo.

 

Queda patente el profundo apego a un instrumento que para los españoles que adoraban su patria o para los indígenas que principiaban a expresarse y a acompañar sus cantos, se volvía parte de su pertenencia espiritual.

 

¡Oh, corazón afligido,

la música te consuela,

para tu mejor alivio,

te presento una vihuela!

 

Estas coplas del folclor antioqueño demuestran plenamente la vigencia de la vihuela en los primeros siglos después de la Conquista. No fue, por consiguiente, el tiple ni la guitarra ni aun el requinto lo que empuñaron los habitantes que recibieron las primeras influencias musicales de los españoles. Fue la vihuela la que pronto se volvió centro de referencias para expresar los más dolorosos comentarios.

Dále golpe a esa vihuela,

acábala de quebrar,

que harto palo hay en el monte,

p’al que lo sepa labrar.

 

El costumbrismo, las coplas, la forma de expresión de las diferentes regiones de Colombia, ofrecen una bella oportunidad para definir sus variantes, que las hay muchas en torno a la vihuela.

 

La caja de esta vihuela

ha de ser la sepultura

para enterrar este cuerpo

que jamás tuvo ventura.

 

Todas estas definiciones musicales y poéticas se prestan para el examen del comportamiento humano a nivel regional. Así podríamos comparar la anterior copla con la siguiente que demuestra un espíritu diferente.

 

El que fuere enamorado

aprenda a tocar vihuela,

que aunque no tenga trapiche

no le faltara panela.

 

Por otra parte, las coplas ayudan a dar claridad en cuanto al uso de los instrumentos. Aparece junto a la vihuela el tiple, primer intento de dúo que después se convertirá en tiple y guitarra. Las coplas van mostrando el proceso en el uso de los instrumentos. Después del uso del tiple y del requinto, la vihuela desaparecerá completamente. Claro está, lo mismo va a suceder en España y no es otra cosa que la suplantación o mejoramiento de la vihuela que va a concentrarse en la guitarra.

 

Con el tiple y la vigüela,

con la peinilla y el guasco,

no me siga usté, compadre,

trovándome hasta las cuatro.

 

 

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