33.jpg (16382 bytes)

Fotografia: Francisco Mora

 

ONTIBON Y CAXICA

34.jpg (27576 bytes)

En la hermosa iglesia de Fontibón aún se ven dos pulpítos, uno para el orador, sacerdote católico y el otro para el intérprete del idioma chibcha. Fontibón fue la ciudad musical inicial junto con la poblacion de Caxicá. Se escucharon Muiscas de órganos de bambues.

Fotografia: Luis Antonio Escobar

Fueron muchos los caseríos o poblados que encontraron los españoles al llegar a la hoy llamada Sabana de Bogotá, Sabana Chibcha o de Cundirumarca el 12 de marzo de 1537. El historiador Roberto Velandia ha escrito un magnífico libro sobre Fontibón y él nos va a llevar de la mano para encontrar muchos detalles ligados con la música. Dice que los españoles encontraron una muy poblada nación de más de un millón de habitantes, extendida a todo lo largo y ancho de ella y sus valles, gentes laboriosas en artesanías y agricultura, elaboración de la sal, orfebrería, cerámica e industrias en general, que vivían entregadas al culto a sus dioses, a la astronomía y las matemáticas, al comercio y a la guerra, cuando ésta convenía o era defensiva.

Así ya tenemos idea del modo de ser del indígena en las diferentes poblaciones que hoy son tan conocidas y visitadas pues están ligadas por cómodas carreteras. Y es, además, uno de los encantos de la Sabana de Bogotá esa cadena de pueblos que nos recuerdan a los indígenas y que en su tiempo eran prácticamente lo mismo. Me refiero al andar, a la sencillez de los caminos que seguían y siguen las quebradas matizadas con los “borracheros”, peligrosos arbustos de inmensas flores blancas. Recordemos al espíritu que aún persiste en Zipaquirá, Caxicá, Suba, Bosa, Engativá, Soacha, Chía, Nemocón, Ubaque, Facatativá, Fontibón y tantos más. Todos son nombres indígenas y todos se prestaron para que al crear lo que los españoles construyeron al estilo de sus poblaciones, iglesia, plaza y casa de gobierno, se fuera modelando también una arquitectura y fisonomía propias que lamentablemente no se sabe valorar ni conservar. En esos pueblos las gentes guardaban ese sentido religioso profundo, probablemente mas producto del miedo que de las convicciones, pero de todas maneras fervor religioso latente que se expresaba por medio de sus cultos a sus ídolos y el respeto a sus sacerdotes y jefes. La transformación de estos lugares tan diseminados debió ser ardua para los españoles que mas que nada vieron el resplandor del oro como el primer paso de su conquista. Sus primeros corregidores eran nombrados y en el caso de Hontibón, “Hade haber el corregidor que fuere de Hontibón, en oro, de salario o cada un año, cincuenta pesos de buen oro. De maíz, cien hanegas. Mantas, cincuenta. Yerba y leña para su caballo e su persona, establo y residiendo en el dicho pueblo de Hontibón, el cual dicho salario se le ha de dar de seis en seis meses según y como el dicho cacique ha de dar la demora, cada año, conforme a la visitación que se ha dicho”. (Acuerdo de la Real Audiencia. Tomo 1, p. 127/128) Tomado del libro citado “Fontibón Pueblo de la Real Corona” del historiador Roberto Velandia.

Esta cita me recuerda la vida de Juan Sebastián Bach quien también recibía como salario por sus actividades de organista y músico en diferentes ciudades de Alemania durante el siglo XVIII, cargas de leña y usufructo de parcelas y pastos, etc... Poco variaba la situación para los Corregidores y los Organistas... pero la comparación no armoniza totalmente pues los conquistadores en sus diferentes jerarquías habrían de pagarse o ayudarse a pagar” con mano propia, prerrogativas que compensaban el hecho de pasar la vida en tierras lejanas y en muchos casos, tierras insoportables que sólo sufrían por amor al oro, la aventura o la intrepidez.

Pero el caso de Ontibón o Fontibón, o como se hubiere llamado, al igual que las poblaciones de la Sabana de Bogotá era distinto. Aquí el clima y el comienzo de organización daban posibilidades para encontrar cierto sosiego y aún, cierta complacencia en la enseñanza y especialmente en la conversión de los indígenas infieles, tercos en su idolatría. La música iría a ser el medio más efectivo en la conversión o atracción de los indígenas y por consiguiente, fue en estas poblaciones como Fontibón y Caxicá en donde se adelantaron las primeras enseñanzas musicales o se inició la nueva cultura musical. Naturalmente lo primero que hacían los españoles era construir pequeñas iglesias y conventos que se volvían centros de poblados en el sentido español y que poco a poco contarían con la plaza principal, la iglesia, el convento, el colegio y sus respectivos centros administrativos. A propósito de esta formación urbanística y arquitectónica se puede precisar algo con la cita siguiente del libro del historiador Roberto Velandia:

“La vida apacible de aquella doctrina se veía de vez en cuando interrumpida con solemnes fiestas llenas de colorido. Una de ellas fue la que se celebró con motivo de la colocación del Santísimo Sacramento en la iglesia parroquial. De los pueblos vecinos acudieron numerosos caciques con sus indios. Vinieron con sus estandares, marchando al son de trompetas y otros instrumentos músicos. Se hallaban presentes el Presidente Don Juan de Borja con todos los Oidores, el Arcediano de la Catedral de Santafé, numerosos doctrineros de los pueblos vecinos”.

Aquí lo interesante es notar cómo las poblaciones adquirían el sentido español de centro cultural, y lo más importante en cuanto a música, el relato de las marchas al son de “trompetas”. Nuevamente hay que dudar pues bien pudieran ser, más que trompetas, las chirimías que todavía estaban en uso en los pueblos y en las iglesias y no las trompetas como las conocemos hoy, de cobre, instrumentos que llegarían un poco más tarde. También habrían podido usar “trompetas de barro”. Es lástima que no se pueda aclarar nada al respecto. Pero sigamos con la relación del doctor Velandia.

“La víspera se celebraron con gran pompa los oficios divinos, a los que siguieron danzas de los indígenas y máscaras a caballo”.

 

 

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta