LA MUSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

 

Luis Antonio Escobar

EL AFRICANISMO O NEOAFRICANISMO EN EL SIGLO XX

Después de tantos siglos de sufrimiento, ya llegado el momento cuando los negros podían expresarse libremente, surgieron antiguas remembranzas artísticas o musicales que principiaron a tener enorme importancia no solamente dentro del ambiente negro. Son ahora los blancos los que van a buscar en los ritmos y músicas negras algo para revitalizar la decadente música europea. Lo que quedaba después de las guerras en Europa, incluyendo la primera guerra mundial, no era otra cosa que una música expresionista, música enfermiza que a la fuerza la pusieron de moda en el mundo y en especial en Latinoamérica en donde no tenía que apegarse, pues nuestros pueblos estaban lejos de aquel expresionismo enfermizo, decadente, malsano, perturbante, que no rimaba con el espíritu del negro o del indio, incapaz de comprender aquellos sentimientos. Podría resultar otro expresionismo, cursi, como el de la telenovela rosa; expresionismo como extremismo de sentimientos pero, en ningún caso, extremismo de perversidades al estilo de los temas de los grandes dodecafonistas, especialmente de Alban Berg cuyas óperas muestran claramente el degeneramiento total, en Woozeck y en Lulú, y desde luego en la misma música que, aunque tratada sabiamente, solamente sirve para exagerar toda clase de sentimientos humanos e inhumanos. Es precisamente durante estas crisis de la música occidental, cuando afortunadamente se acude al “primitivismo” de la música indígena y especialmente negra, a los ritmos, a los tambores, a la percusión, y cuando se retoma el hilo perdido que había enredado Schoemberg y sus famosos discípulos vieneses. Al frente del nuevo grupo aparece Strawinsky quien, por primera vez, utiliza en la música occidental, la técnica para escribir la polirritmia al estilo de los negros y alcanza su mayor triunfo con una de las grandes obras que se hayan escrito en toda la historia de la música. La Consagración de la Primavera es un neoafricanismo y un neoindigenismo.

Este africanismo en la música culta, alcanza hechos insospechados, especialmente en lo que se refiere al ritmo, que finalmente en el siglo XX, comienza a dominarse como un elemento definitivo para la música, a examinarse, no como concepto de acentos en los compases, sino como movimiento libre que no puede volverse simetría, uso europeo después del Renacimiento o de las danzas del temprano Barroco. En cuanto al africanismo popular o de la música de baile, sobran comentarios. En todo el mundo se impusieron los ritmos y músicas de sabor negro, desde el jazz, hasta la rumba, la zamba, la cumbia, la salsa, el rock, etc... Nadie osará discutir este aspecto que revela claramente la influencia negra en la cultura actual.

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