LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
SAN PEDRO CLAVER Y SUS AMADOS NEGROS
Es imposible quitar la visión de San Pedro Claver cuando se juntan dos palabras, negros y Cartagena. Sobre el particular pueden agruparse las más estremecedoras citas.
"Tanta es la hediondez, apretura y miseria de aquel lugar. Y el refugio y consuelo que en él tienen es comer de 24 en 24 horas, no más que una mediana escudilla de harina, de maíz, o de mijo, o millo crudo, que es como arroz entre nosotros, y con él un pequeño jarro de agua y no otra cosa sino mucho palo, mucho azote y malas palabras".
"Con este regalo, pues, y este tratamiento llegan hechos unos esqueletos, sacándolos luego en tierra en carnes vivas, poniéndolos en un gran patio o corral, acuden luego a él innumerables gentes, unos llevados de su codicia, otros de curiosidad y otros de compasión y entre ellos los jesuitas listos a catequizar, doctrinar y bautizar a los que vienen actualmente muriendo. Y aunque van corriendo siempre hallan algunos muertos".
A estos guiñapos o restos de seres humanos, acudía el Padre Claver. Los defendía, ayudaba, apoyaba, socorría, alimentaba, y prácticamente adoraba. Hay que leer, aunque solamente sea unos párrafos, algo que produce estremecimiento y que nos muestra claramente hasta dónde llegó en sus excesos el Padre Claver. Me valgo, otra vez, del libro del Padre Angel Valtierra, página 73 del segundo tomo y copio textualmente:
"Lo refiere un testigo ocular, el médico Adán Lobo: ‘Era el año de 1645. Estaba de visita en la casa de don Francisco Manuel, en el barrio de Getsemaní. De pronto oyó en una pieza vecina un grito de mujer: ¡No!, ¡no mi padre, dejadme, no hagáis eso!. Un mal pensamiento atravesó su espíritu, era amigo de Pedro Claver, su admirador, pero tembló y se dio a una curiosidad malsana. Entró en la pieza rápidamente y algo como un rayo cayó sobre su alma: vio al Padre Claver lamiendo las heridas pútridas de una pobre esclava negra. Ella no había podido soportar tanta postración y ese fue su grito de angustia".
En las páginas 74 y 75 del mismo tomo y obra, aparece otra narración:
"Don Agustín de Ugarte Sarabia, Inquisidor de Cartagena y luego Obispo de Quito testifica que él mismo vio en su casa al Padre Claver aplicando su boca y lengua a las úlceras de un esclavo suyo" ... "Francisco Caballero, alcalde de Cartagena, que declaró aterrado: ‘Este acto de poner la boca y chupar y llevar la lengua por las llagas de los enfermos pobres se hizo en el bendito padre costumbre, no sólo en las enfermerías de los negros sino en los hospitales y más repetidamente en las leproserías".
Dejo a la consideración de los lectores la interpretación de estos actos que, desde luego, pueden calificarse de diferente manera. Pero así, queda aclarado parte del carácter de San Pedro Claver, que también, en lo que tocaba con la música, en varias ocasiones fue extremado, en una y otra dirección. Por ejemplo el padre Pedro Mercado, sacerdote de la ciudad, describe, que cuando se trataba de los entierros de los miserables negros, los hacía con toda pompa, recogiendo limosnas y movilizando a la ciudad. "Esos días el Padre Claver movía toda la música de la catedral y todos los instrumentos del colegio, pífanos, bajos, cornetas. Entre los intérpretes esclavos negros del santo, había buenas voces y artistas. Se dan nombre: Nicolás Criollo y Antonio Congo eran los tenores. Simón Biáfara, corneta, y Francisco Biáfara, bajo. En un tiempo fue cura de la catedral, Juan Bautista Fajardo que testifica esto mismo".
