Hasta el momento se ha tocado solamente el tema de la música en Cartagena, sin ninguna relación con el negro, o si acaso, en términos generales. Viene ahora ese apasionante tema de la música negra y la música indígena, pero antes, unas frases más para terminar esta primera parte.

 

Quisiera decir que muchas de las pruebas de una muy rica cultura musical, que existió en Cartagena, se las llevó el tiempo. Estoy seguro de que Cartagena de Indias no fue menos que las otras ciudades mimadas e importantes en la época de la colonia. Los españoles sabían dónde tenían que impartir la nueva cultura, defenderse y formar sus núcleos o fortines. Sus descendientes seguramente hicieron lo posible por mantener las pocas tradiciones musicales, que exigen, más que ningún otro arte, técnicas y conocimientos que implican mucho tiempo, paciencia y verdadero amor. De la Independencia para acá, se ha mantenido el fuego sagrado del amor a las artes y las letras, y Cartagena ha logrado demostrar en los varios campos del saber, que sí existía una cultura fuerte y segura. Prácticamente, no hay ciudad alguna en Colombia, que pueda ufanarse de contar con una cantidad de artistas, escritores y compositores como la ciudad de Cartagena.

En cada rama del saber, Cartagena puede sacar a relucir su hombre estrella, su buen representante: Acuarelista: Hernando Lemaitre, pintor: Enrique Grau, historiadores: Eduardo Lemaitre, Donaldo Bossa, Porras Tronconis, poeta: el llamado "Tuerto López", ensayista: Ramón de Zubiría, compositor: Adolfo Mejía, pianista: Elvia Mendoza, director de orquesta: Jaime León promotor cultural a escala internacional, Guillermo Espinosa, y sobran los arquitectos jóvenes, de excelente creación, profesionales médicos, todos egresados de su universidad. No se trata de hacer un estudio de sus grandes virtudes y de sus grandes hombres, pero sí de fijar una idea en el lector, que debe advertir, cómo Cartagena de Indias sigue siendo el gran centro cultural y no solamente el centro turístico internacional en donde se eligen reinas de belleza, todo lo cual también es importante y hasta necesario, pero no lo único de la ciudad, que sigue viviendo la historia, arrullada por el mar y cercada y defendida por la piedra firme de su cultura.

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