LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

 

Luis Antonio Escobar

 

ESPECTÁCULOS

Para seguir haciendo parangón y notar cómo en muchas costumbres hubo similitud, pero en otras no, entre Cartagena y La Habana, y para aprovechar el estudio juicioso que hace Carpentier, incluyo esta cita:

"Acabado el oficio divino por la tarde, hubo una muy gallarda mascarada en que no quedó hombre de a caballo, ni mozos, ni estudiantes, ni muchachos de escuelas, que no sacaran cada uno su invención... Y después se ordenaron juegos de cañas y un carro triunfal de mucha música y personajes, y se corrieron 24 toros en dos días diferentes con nuevas luminarias y salvas".

Intriga este aspecto sobre Cartagena. Ya hemos referido aquello de las procesiones de la Inquisición y del recibimiento de los Inquisidores, pero el espíritu, desde luego, no sólo es diferente sino contrario. Se trataba de ceremonial condenatorio, triste y patético, aunque salieran a escena en las propias calles de Cartagena los religiosos con sus singulares vestimentas. Ahora, la inquietud es, si Cartagena tuvo sus Mascaradas, palabra más ligada a la tradición inglesa, o a sus espectáculos de teatro, y si a estos se ligaron los toros, y en qué condiciones participaron los negros. Considero que el aspecto del teatro sí tuvo lugar en Cartagena, pues el arraigo español por el espectáculo, especialmente en ese tiempo, era prácticamente una especie de fiebre. La Zarzuela y las grandes representaciones, inclusive los autos sacramentales, y las piezas teatrales a manera de autos, en las plazas y atrios, actos revestidos con el esplendor de la danza y la música, sí tenemos que suponer que llegaron a Cartagena. Y seguramente también participarían los negros, pero aislados bajo el peso de la esclavitud y nó con la participación directa, ya que allí se "escuchaban cantos, tamboriles y sonajas africanas". Pudieron ser los músicos de tales espectáculos o, al menos, participar. Hay una cita de Fernando Ortiz en su ensayo sobre la Clave Silofónica que dice en algunos apartes: "La Habana, capital marina de las Américas, y Sevilla, que lo fue de los pueblos de Iberia, cambiaron año tras año, por tres siglos, sus naves, sus gentes, sus riquezas, sus costumbres, y con ellas sus pícaros, sus picardías y todos los placeres de sus almas regocijadas, dadas al goce de vivir la belleza terrenal y humana que les cupo en suerte ... Pero otra raza vertió sus pasiones, goces y artes, del calor de las selvas ecuatoriales, en los hervideros de Sevilla y de La Habana. Para una y otra orilla blanca del Atlántico, sacaron de las entrañas del África, también durante centurias, caudalosos raudales de fuerza muscular y de impetuosidad espiritual, que fueron dando aquí y allá más aditamento a los ánimos y resquemor a las carnes. La Habana fue, como lo ha sido siempre todo puerto marítimo muy frecuentado, famoso por sus diversiones y libertinajes, a los que se daba en sus luengas estadas la gente marinera y advenediza de las flotas junto con los esclavos bullangueros y las mujeres del rumbo, en los bodegones de las Negras Mondongueras, en los garitos y tablajes puestos por generales y almirantes para la tahurería, y en los parajes, aún menos santos, que albergaban los bohíos y casas de embarrado, cabe las murallas y fuera de éstas, por el Manglar, los Titios y Carraguao.. Cantos, bailoteos y músicas fueron y vinieron de Andalucía, de América y de África, y La Habana fue centro en donde se fundían todas con mayor calor y más policromas irisaciones".

Muy a propósito he puesto la cita anterior, algo confusa, para resaltar el hecho de que Cartagena, aunque ha sido puerto principal, nunca parece haber llevado consigo el degradante signo de la relajación moral. Por el contrario, una de las bellas características del negro de Cartagena es el de su alegría sana, de su amor por la familia, aún si saliera de varios vientres, el amor también al trabajo y al quehacer, el sentido de ocupación de la mujer, la tradición de una pesca equilibrada, y en especial, la síntesis de una filosofía que podría resumirse en la búsqueda de la alegría sin ofender a nadie. Esa alegría se fundamenta precisamente en la continuación de sus propias tradiciones, en su autenticidad al bailar, al moverse, al gritar, al cantar. Este punto lo considero verdaderamente importante, pues existe una cultura negra cartagenera, una hermosísima manera de ser que siempre contrastará, por ejemplo, con la que se relataba sobre La Habana. Mientras que en otros lugares, la relajación moral se hacía común, en puertos o en tierra firme, y a varios niveles, hay que observar que en Cartagena, San Pedro Claver, desbarataba toda reunión que principiara a tener aire de degradación por medio del baile o el alcohol. Y ya sabemos que era "como si entrara un toro...". Esta valoración sobre los negros no es solamente para los de Cartagena, sino para todos los negros colombianos, cuya moral, modo de vivir y de alegrarse, contrasta con lo que se vive hoy cuando ocurren innumerables atropellos, de toda índole, asesinatos y peleas, de las cuales siempre han estado ausentes los negros, cuyas vidas transcurren en medio de la algarabía sana, de la alegría de sus danzas y músicas que también han llegado a toda Colombia.

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