LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
A propósito de la inquisición, Pedro Claver tenía una gran estimación por ésta; pertenecía a una raza y a un pueblo que había hecho de su fe la enseñanza de su historia pero al mismo tiempo sentía profunda compasión humana por tanto desgraciado como sufría en las trece cárceles de la ciudad". Así lo dice el tan citado Padre Angel Valtierra. Por otra parte, resulta interesante anotar el siguiente relato que hace Isaac F. Holton en su libro "La Nueva Granada: Veinte meses en los Andes" con bella traducción de Ángela de López y edición del Banco de la República, recomendable como literatura, fino humor y costumbrismo. Refiriéndose al Convento de Santo Domingo en Bogotá, que inmisericordemente derrumbaron manos bárbaras y mentes apretadas de este siglo, dice:
"La iglesia de Santo Domingo tiene fama de poseer muchísimos cuadros valiosos; lo que más me interesó fue la colección de pinturas, más pequeñas que las de San Francisco, (Convento e Iglesia) y que ilustran la vida de Santo Domingo. Las inscripciones de los cuadros están escritas con pésima ortografía, confundiendo todo el tiempo la b con la v. Una de ellas reza así: ‘Dios delibera si debe enviar la guerra, la plaga o el hambre como castigo a la maldad de los hombres, y Santo Domingo lo convence de mandar más bien la Inquisición".!!!
A estas alturas de la civilización, muchas anécdotas sobre la Inquisición producen risa, pero no así a los pobres negros de entonces, de incipientes culturas en las cuales la magia, la hechicería y brujería embobaban sus espíritus. Aquellas mentes débiles, se atenían a lo sobrenatural, bien fueran espíritus buenos o malignos. También la Inquisición había doblegado a los europeos, pues en el proceso de las brujas en Alemania, que finalmente se convertía en "deporte favorito y en donde murieron decenas de miles" se llegaba a todos los extremos. Hasta una parienta lejana de Ludwig van Beethoven tuvo que pagar con la hoguera sus atrevimientos, en la inquisición de algún lugar italiano. Pensemos cómo abundarían las más inverosímiles creencias de tantos negros, de tendencias y culturas tan diferentes, y especialmente, de aquellos que precisamente ya no podían creer en algo ejemplar o ennoblecido.
La Inquisición, afortunadamente, tuvo que ver muy poco con la música, a no ser por ciertas marchas en las que posiblemente tocaban instrumentos para solemnizar los anuncios de los actos de fe, que realmente constituían, fuera de lo macabro de la costumbre de juzgar como dioses terribles a los posibles herejes o loquitos de ese tiempo, verdaderas manifestaciones de poderío, dramatismo, colorido, en fin, algo tremendamente espectacular que el pueblo seguramente podía gozar sin asimilar como ligado a tan indignos fines. Aquellos fueron actos espectaculares. Imaginémonos desfilando por las calles de Cartagena, a todas las autoridades, civiles y eclesiásticas, estandartes y banderas, pendones y escudos, -recordemos que estamos en el momento en que se gozaba intensamente con los adornos-, monjes con cirios encendidos, monjas con rosarios en la mano, murmullos de oraciones y lamentaciones, militares empenachados, y al final.., el gran espectáculo de la quema de los sentenciados, en altares de llamas, que daban fin a la embriaguez maléfica de esos espíritus. Seguramente nadie se perdía tan espectacular y reprobable fiesta. El olor a carne humana también hacía historia en nuestra adolorida, noble, bella y sufrida Cartagena de Indias.
