LA MUSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

 

Luis Antonio Escobar

MUSICA VOCAL EN EL NEGRO

            En este sentido es muy importante hacer énfasis total en que el negro ama poderosamente la ex­presión vocal, es decir, que su más amado ins­trumento es la palabra cantada. Claro está, para él, no existen las mezclas de voces al estilo armónico según la armonía o contrapunto, pero ésto no quiere decir que ellos no busquen o alcancen el ideal de encontrar lo dramático vocal, lo expresivo vocal, el canto como el más poderoso medio expresivo del hombre. Sola­mente así principiaríamos a comprender la música vo­cal o cantada de los negros que entraron por Cartage­na y que se anidaron en el litoral del Pacífico para después entonar sus bellísimos Alabados. ¿Por qué ese sentido de música arrítmica de los Alabados, precisa­mente cantados por quienes adoran y se expresan por medio del ritmo? Pues porque el negro, a pesar de lo que se diga en contra, también tiene su propio con­cepto melódico que lo une a la voz y en especial a lo dramático que en sí tiene la palabra. Para el negro lo principal es el canto y todos usan ese instrumento, la voz. John Storm nos hace caer en la cuenta de que “... los instrumentos africanos más usados por mayor cantidad de gente en las más diversas sociedades son la voz humana y el batir las palmas. Los tambores son esenciales para la música de algunos grupos. Son im­portantes para muchos otros. Pero algunas tribus no usan nunca los tambores, y muchas los emplean sólo moderadamente”.

          Por otra parte, el sentido de sociedad, de con­glomerado, se siente con el canto al unísono que era también el que cantaban los primeros cristianos, o los religiosos griegos, egipcios o caldeos. Ese sentir al uní­sono es lo que ha acentuado la fe en determinada reli­gión o creencia, lo que unifica y alivia. Ese poder na­tural de la música es el que hay que ver todavía expre­sado en los cantos de los negros de la región del Pací­fico colombiano, el sentido de la reiteración por me­dio del solista —sacerdote en otros tiempos— y del pueblo, o feligreses, anteriormente. Mientras que no comprendamos ese relatar musical espontáneo, el “RECITATIVO” no podremos salir del asombro cuando los negros se reúnen para cantar los temas más “infantiles” o simples. El robo de una gallina y la acu­sación ante el público que cantando se escandaliza de ese hecho, no es más que el concepto, narración musi­cal. Desde luego, no todos sus cantos se referirán a te­mas simples, pero tampoco solamente a lo trascenden­tal. Es lo diario, lo que acontece, el vuelo del pájaro muchilero que “sube San Juan arriba”, o el tema de la muerte ante el deceso de algún ser querido. Todo se va a cantar como si entre los blancos se “chismocea­ra”, es decir, no se aguantaran las ganas de relatar e inventar, aumentar o disminuir los hechos que nos cir­cundan. Por consiguiente, en sus cantos tenemos que ver la espontaneidad, encontrar otro tipo de belleza, de expresión, de comunicación. No busquemos en esos cantos de los negros el sentido del aria de con­cierto o de ópera, la melodía para resaltar la persona­lidad.

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