LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
La espontaneidad del negro pronto hizo que adoptara nuevas creencias, ritos y adoraciones. Para el negro hay algo más importante, que es, la fascinación por el sentido de la belleza y así, adopta lo que sea, venga de donde viniere. "Claro está que no se renegaba, en el fondo, de los viejos dioses del Africa. Ogún, Changó, Eleguá, Obatalá, y tantos otros, seguían presente en sus corazones, tan presentes que aún conservan un crecido número de fieles en Cuba, en Haití, en el Brasil. Pero el africano transplantado al Nuevo Mundo, no estimaba que esto y aquello no pudiese convivir en buena armonía". Esto lo dice Carpentier y más adelante continúa: "Así fue como San Lázaro vino a hacerse uno con Babalú-ayé; La Virgen de Regla, con Yemanyá; Santa Bárbara, con Changó; Ochosí, con San Norberto; Eleguá, con el Anima Sola, etc.".
Si se quisiera ahondar en la búsqueda de estas mutaciones y transformaciones religiosas, sobrarían dioses y vírgenes o santas que se podrían adaptar fácilmente a todas las creencias, incluyendo, naturalmente, a la cristiana o católica que cuenta con un santoral innumerable; santos y vírgenes dedicados a los más variados oficios, desde conseguir el agua o el pan, apartar los rayos, encontrar lo perdido, lograr novio o novia, salvar o recuperar la vista, poner a andar al paralítico, etc., hasta obtener la gloria eterna, todo esto sin mucho esfuerzo del solicitante. Es, desde luego, la gama de ansiedades del hombre que se traducen, en todas las sectas y religiones, en creencias particulares, la mayoría de las veces fomentadas por los mismos sacerdotes. En este proceso de adaptaciones también entraron los indígenas. Dentro de ese gran caldero de creencias, que mezclaba todo con todo, se echaba a hervir el gran condimento de la brujería, la hechicería, con todo el sartal de maleficios, bebidas y extrañas comidas y pócimas ligadas al sexo y al amor. No faltaban las danzas de los "Piaches" o enfermeros médicos que "salvaban" al enfermo, que ahuyentaban los espíritus malignos. Carpentier relata dos casos que me parecen comunes, inclusive en este año de gracia de Dios:
"En 1539 hubo un alguacil negro en La Habana, que se distinguía por su ilustración. El negro Estevancio, llevado a la Florida por Pánfilo de Narváez, realizaba ‘curas milagrosas’ que no desdeñaban sus compañeros de andanzas".
También nos cuenta que: "Un auto de fe, celebrado en Cartagena de Indias, en 1628, nos revela la existencia de un Antón Caravalí, de La Habana, que recetaba yerbas de buen querer para que los ‘hombres quisieran y amaran deshonestamente a las mujeres’ "
Este buen Antón Carabalí tiene muy aventajados discípulos en nuestros días pues en las más serias revistas y periódicos aparecen anuncios de vitaminas yerbas y productos "milagrosos" para recuperar toda clase de actividades y ejercerlas con grandes resultados...
También Carpentier dice que en un viejo protocolo habanero del siglo XVI, se ve a un curandero comprometiéndose a sanar a un enfermo ante notario. Hoy aparecerían cientos de "seguros" curanderos con lo cual se establece que la fe sigue siendo la única esperanza que les queda a blancos y negros, a curanderos y creyentes...
