LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
Debieron llegar también otros instrumentos a Cartagena, como los sacabuches —especie de trombones—, diferentes chirimías —antecesor del oboe—, flautas de ébano y de madera, y posteriormente, clarinetes y toda suerte de instrumentos de cobre, tan usados como fanfarrias en la remilgada época del Rococó. Influyeron poderosamente, no solo por su brillo, en las regiones contiguas a Cartagena, pues con lo que pudieran tocar y hacer sonar, pronto formaron las bandas de los pueblos, que han perdurado hasta ahora. A ese respecto no podemos olvidar las exultantes papayeras, y las bandas que todavía suenan con instrumentos del siglo pasado, y uno podría asegurar, con uniformes de aquella época, a juzgar por el destartale y color indefinible. No hay para qué hablar de la amalgama de los sonidos pues quedaríamos mal, exigiendo tanto como el cronista sueco. Lo importante es la alegría que consiguen los músicos de estas bandas, que reúnen toda suerte de instrumentos. Sería fascinante el estudio de las bandas de los pueblos de Colombia, que de todas maneras han construido a la alegría, no sólo en la Costa Atlántica y que ojalá perduren por los siglos de los siglos.
Me permito copiar varios párrafos de Alejo Carpentier, que escribió sobre el mismo tema, pero refiriéndose a la ciudad de La Habana.
"En los últimos años del siglo XVIII, los instrumentos de teclado, violines, flautas, arpas, guitarras, favorecidos por el salón, alimentan todo el comercio. El clave es visiblemente desplazado por el pianoforte vendiéndose a precio cada vez más bajo. Cayetano Paqueras, chantre de la catedral, ofrece música seria. Hay Tiranas, Boleros y Seguidillas para espíritus frívolos; sonatas, "conciertos" y arias, para los buenos aficionados. La música conquista posiciones en las clases privilegiadas. Pero este refinamiento se apareja con la riqueza, no exime esta sociedad, que llora con las desventuras de las heroínas clásicas, de una crueldad sancionada por la costumbre. Una negra es vendida en un lote de instrumentos y muebles. Un negrito de siete años, libre de viruelas, es mercancía que vale por dos potros de paso y cuatro espinetas de buen uso".
