LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS
Luis Antonio Escobar
Conviene recordar que la poesía y la música son hermanas gemelas y que cada vez que el hombre reinicia su propia búsqueda aparecen más unidas, más dispuestas a ayudarle. Cuando Homero, los versos se escucharon con el Fórminx; el Laúd se recostó sobre el corazón de los troveros; las flautas mayas y las quenas mochicas o chimúes silbaron con el viento que respiraban sus poetas. El negro también ha vivido prendido de la poesía, pero en América, hay que recordar, apenas estaba “aprendiendo” los nuevos lenguajes; el inglés, francés, español, portugués y las variantes o mezclas. Y sin embargo, qué cuerpo adquiere su ternura, cómo son de reales sus expresiones y cómo de variadas. Naturalmente, a veces, es difícil comprender la poesía de los negros. Es poesía construida de palabras cargadas de emoción, pocas palabras, aquellas que debieron escuchar de niños, otras recordadas por el misterioso atavismo de tradiciones africanas, palabras como inventadas, nuevas, casi derivadas de la gran onomatopeya de las selvas y de los sufrimientos, o de la magia y brujería. En la mayoría de sus cantos no encontraremos la poesía total, la poesía elaborada sino aquella verdadera poesía, que más que de concordancias y acentos, vive de la misma fuerza que adquiere la propia palabra al ser cantada. Son enamorados de la reiteración pues quieren comunicar, insistir, asegurar. Por ésto sus estribillos o repeticiones de los mismos temas. Pero, además de ese maravilloso sentido de la poesía sin compromisos visuales, también, poco a poco, principiaron a surgir los poetas al estilo occidental, los poetas de las rimas, de los versos y de los sonetos, y como era de esperarse, poetas de fina sensibilidad y profundidad, poetas que ya no necesitaron el canto, que tuvieron que crear el otro sentido de la poesía de creación, poesía aislada, poesía resentida sin su hermana la música. Y lógicamente el poeta blanco se hermanó con el dolor de sus compañeros negros y también vinieron los poetas mestizos.
Dentro de los poetas colombianos con acento negro, quizá el más importante haya sido Candelario Obeso, nacido en Mompós, el 12 de enero de 1849. Una de sus más conocidas poesías es:
CANCION DER BOGA AUSENTE
Qué trijte que etá la noche;
la noche qué trijte etá:
No hay en er cielo una ejtrella...
Remá!... Remá!...
La negra re mi arma mía
mientra yo brego en la má,
bañaro en suró por ella,
¿qué hará? ¿qué hará?
Tar ve por su zambo amao
doriente suspirará;
o tar ve ni me recuerda...
¡ llorá! . . . ¡llorá! .
Qué ejcura que etá la noche;
la noche que ejcura etá;
asina é ej cura la ausencia
¡Boga!... ¡Bogá!...
El más famoso poeta es Nicolás Guillén, nacido en Cuba, 1902. Su obra posee esa fuerza que se convierte en noble orgullo de negros y de blancos, de cubanos y latinoamericanos. Es una voz diferente, compendio de tanto anhelo y sufrimiento, pero al mismo tiempo, de pleno orgullo que revela futuras conquistas y encuentros. Su poesía sufre como si fueran esculturas Olmecas, piedras enormes con peso espiritual, de labios grandes, de voces que retumban como sus tambores.
Canto negro
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie.
Mamatomba
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma,
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va.
Acuememe serambó,
aé
yambó,
ae.
Tamba, tamba, tamba, tamba,
tamba del negro que tumba;
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!

...La fotografía consiste en ahondar y retener ciertos misterios como éstos que circundan a Cartagena.
(Fotografía: Hernán Díaz.)
