LA MÚSICA EN CARTAGENA DE INDIAS

 

Luis Antonio Escobar

 

LAS DANZAS PRECOLOMBINAS

Pero así como debemos admirar las transformaciones de la danza en el siglo XX y vemos que, precisamente, tienen su base en la influencia de lo negro y lo primitivo, primitivo en el sentido de rescate del lenguaje o expresión natural que pudo conservar el negro, y así como advertimos que el negro es el ser predispuesto a las manifestaciones artísticas espontáneas, canto, danza, ritmos, gritos, instrumentos elementales, máscaras, etc, etc,..., no podemos dejar de aclarar y afirmar que la danza también fue uno de los más altos modos, delicados, expresivos y desarrollados, de los indios precolombinos. A tal desarrollo llegaron, que es preciso recalcar toda esa herencia porque se va a ligar con el negro y de esa unión va a brotar una nueva explosión de danzas, nuevos cantos, ritmos, sensaciones y modos de ser espiritual, todo lo cual constituye el verdadero folclor, caudal que no ha cesado, que sigue aún. Lo lamentable es que cuando estas dos grandes corrientes, la indígena y la negra se unen, es el momento en que están apabullados por religiones impuestas a la brava, cuando han sido desposeídos de sus auténticas costumbres, idiomas, dioses, ceremonias, danzas, cantos, instrumentos, es decir, todo lo que de hermoso, profundo y auténtico tenían cada una de estas razas. Aquí no entramos a juzgar o valorar, pues de lo que se trata es de contemplar lo que para cada raza valía en sí. Al perder ese valor, las dos razas se encontraron empobrecidas, esclavas y casi aniquiladas espiritualmente. Es el momento de caer en cuenta que para los conquistados, lo más importante no era ni el oro ni la pérdida de sus bienes materiales. Era el choque de las culturas el fenómeno más deprimente para ellos, fenómeno que sigue vigente después de varios siglos y de existir la libertad.

Es insospechable la grandeza de la herencia indígena que sigue conformando al colombiano. También en Cartagena, en la hondonada calurosa que refresca el mar, o en las montañas frías, aparece la noble mirada del indígena y sus descendientes. (Fotografía: Luis Antonio Escobar)

Para realzar lo indígena, nos bastará citar algunas de sus danzas, o recordar sus ceremonias, sus grandes templos que siguen en pie, demostrándonos estilos severos como los de Tikal, requiebros empedrados como los de Uxmal, instrumentos musicales tan adelantados para su tiempo como las flautas ceremoniales con varios sonidos simultáneos, lo que significa que se adelantaron a la cultura occidental en el uso de la armonía, su inmenso amor por la poesía y con ella por los colores, por la naturaleza, no tomada como la síntesis de una tarjeta postal, sino como algo acariciado y vivido; y sobre todo, la estatuaria, grande y pequeña, Olmeca, Totonaca, o Agustiniana, estatuaria que como en el caso de los griegos, los refleja más hondamente. Las culturas precolombinas aún no han muerto y yo adivino, casi veo, que de sus raíces brotará en América lo que vaya a servir de base firme para el futuro modo de ser espiritual de estos pueblos. El resto de influencias culturales permanecen endebles, cambiantes, inseguras. Firmemente creo que la estatuaria, la orfebrería, la escultura Olmeca y la arquitectura Maya, son los únicos signos grandiosos del hombre americano, y las fuerzas que crearon todo este río espiritual, siguen corriendo y viviendo subterráneamente y tendrán que surgir en una u otra forma, como parte de ese cosmos que crearon por siglos y que no pudo ser conquistado, pues toda sangre indígena lo lleva y lo esparce. Es el fenómeno de lo negro, que a pesar de toda esclavitud y marginamiento, ha terminado por imponer a los blancos muchas de sus características y maneras de vivir. Con igual o mayor fuerza, más honda y quieta, el indígena precolombino va imponiendo también su ritmo, el amor a la poesía, a la naturaleza. Pero volvamos a lo que pudo ser la danza. Samuel Martí en su precioso libro, "Canto, Danza, y Música Precortesianos" presenta muchísimos aspectos de la danza, que por otra parte, se sabe, fue como la consentida de las artes. Bastaría recordar que ellos tenían escuelas de danza para los militares y que todas sus ceremonias requerían la expresión del movimiento. La estatuaria también demuestra las más variadas y, a veces, conmovedoras expresiones, algunas de difícil interpretación puesto que en determinadas culturas, la contorsión, el expresionismo corporal y hasta "el feísmo" adquirían significados muy diferentes a los que nosotros les damos. De la "Relación de Mérida" extracto lo que sigue:

"... y que el mundo se avía de acabar por fuego, y en significación de esto hazían una cirimonia y pintaban un lagarto que significaba el Diluvio.., y la tierra e sobre este lagarto hazían un gran montón de leña y poníanle fuego, y después de hecho brazas allanábanlo y pasaba el principal sacerdote descalzo por encima de las brazas sin quemarse, y después ivan pasando todos los que querían entendiendo por esto que el fuego lo avía de acabar a todos..."

Molina Solís es citado por Martí en muchas narraciones sobre danzas, de las cuales tomo las siguientes relacionadas con la anterior. En esa forma nos damos cuenta de otros detalles y tratamos de comprenderla mejor.

"Más el gran suceso del día, la ceremonia preferida, era el Baile de las Candelas, que duraba casi todo el día, y se prolongaba hasta la prima noche. Para el efecto preparaban con anticipación, en el atrio del templo, un gran edificio de madera circular y abovedado. Lo henchían de leña seca cuidadosamente apilada de abajo a arriba por todos los lados, aunque dejando paso libre y franco en el centro, para que pudiese entrar y salir sin dificultades por las varias puertas del edificio, como en un jubileo. Sobre la cumbre de la gran pila de madera combustible, se arreglaba un espacio libre y cómodo donde se pudiera caber un hombre sentado o en pie.

En la mañana del año nuevo, después de los sahumerios y ofrendas del templo, se dirigía la concurrencia junto a la gran cúpula de madera, que convidaba a los devotos, con sus puertas de par en par, y sus muros engalanados. Cuando todo el pueblo hormigueaba en derredor, subíase un sacerdote al asiento preparado sobre el rimero de leña, y desde la altura, al compás del "tumkul", entonaba una canción quejumbrosa, cuyas estrofas, sin cesar repetidas en el mismo tono, resonaban melancólicamente bajo la bóveda. Al escucharse la voz clamorosa del cantor, el baile se organizaba, y los devotos, con manojos de varillas secas y sonoras en las manos, se colocaban en filas, y, con gesticulaciones, brincos y acompasados saltos, iban entrando y saliendo en interminable hilera por las puertas de la cúpula: hora por hora, las filas se iban prolongando, haciendo vueltas y tornos como una inmensa serpiente. A un cantor sucedía otro, y a los danzantes fatigados, otros que llegaban frescos, y así, hasta la tarde, el baile seguía sin interrupción, escuchándose en acorde concierto, los ecos de las cantigas y la resonancia del "tunkul", monótono y quejumbroso".

Veamos ahora algunos cantos-danzas de los mayas que menciona el Popol Vuh.

Camacu....

“Nosotros vamos a nuestra paloma”. Canción y danza de despedida tal vez similar al Kacarpari quechua. (Anotaciones de Martí)

Chitic....

Baile de los zancos.

Cux....

Danza de la comadreja.

Iboy....

Danza del armadillo.

Xtzul o Ixtzul....

Danza del cienpiés. Danza con máscaras pequeñas y colas de guacamayo.

Puhuy....

Baile de la lechuza

Quiche Vinac....

Baile que recordaba al legendario Príncipe Agorero que predijo la destrucción del poderío Maya-quiché.

Agreguemos otros bailes y danzas y de diferentes cronistas. Entresaco algunos:

Xibalba Okot....

Baile del demonio

Batel Okot. ....

Danzas que... “semejaban justas o torneos, o simulaban quimeras, combates o batallas; recordaban en las estrofas de los cantos, proezas de antiguos y renombrados capitanes”. Estas danzas tenían lugar, según Landa, durante las fiestas de Chacuuayayab, y según Molina Solís, en las que estaban dedicadas a Chacalbacab, deidad roja del oriente.

Okotbil...

Baile sagrado de sacerdotes o Grandes Señores similar al Netecuitotilo azteca, que se celebraba durante la fiesta llamada Pocam, de la cual estaban excluidas las mujeres.

Chantunyab...

Baile de los curanderos y curanderas. Este baile se celebraba durante la fiesta dedicada a Ixchel, diosa de la medicina.

Cicijotal....

Canto de alegría y regocijo. Se hacía durante las ceremonias dedicadas a Kan-U-Uayeyab. Hombre Gigante Amarillo, quien tenía su trono en el sur.

Oxtun....

Baile del rito del Flechamiento. (Existen poemas hermosos para estas ceremonias que se asemejan a la “Consagración de la Primavera”.

Xaquilio....

Bailecito menudo de mujer.

Coco Kay Nicte...

“Cantar haciendo meneos deshonestos”.

Tzoot....

Danzas prohibidas.

Polomkay....

Danzas de Pregoneros.

 

Creo que con los anteriores títulos nos damos cuenta de la diversidad, inclusive, de lo complejo de sus danzas, que estaban vinculadas no solamente a lo religioso y militar, sino a toda suerte de deseos y expresiones, llegando, en algunos casos, a contemplarse la prohibición de determinadas danzas. La danza precolombina estaba en un grado de desarrollo que no somos capaces de imaginar. Nuestra sociedad vive de danzas estereotipadas y la gran mayoría, modas que han desaparecido. No hablemos del aniquilamiento casi total de la danza en Europa. Nos bastaría recordar el temprano barroco, con sus bellísimas y múltiples danzas populares, y aún de corte, y lo que ha quedado hoy en Europa central, que apenas son unos pocos ritmos ligados al valse. Los precolombinos, al igual que los griegos, tenían dioses amantes de la danza. Xochipilli era el Dios de la danza, de las flores, del amor, es decir, de todo lo que engendra alegría y satisfacción de vivir. Por consiguiente sus dioses y sus hombres danzaban para expresar todo lo que el hombre pueda sentir, sin el complejo del cuerpo deshonesto, sin la cabeza baja o el derrotismo que hace el cuerpo rígido. Por lo que se relata, los precolombinos tuvieron también danzas para el chiste, para lo sardónico, para los saltimbanquis, chocarreros, bufones y payasos. Tenían escuelas y bailaban en puntas, en ceremonias primitivas o elaboradas. En síntesis, tuvieron una cultura importantísima en la danza y con otros conceptos, que nada tienen que ver con los que ahora sustentan bailes, en donde lo que se busca es lo inmediato sexual, lo casual que esté de moda, sin que venga nada interior para expresar por medio del cuerpo, excepto cuando el negro impone otro sentido en la danza o el baile.

Después de tratar de hacer ver un panorama diferente en cuanto a conceptos sobre la danza, todos positivos, debemos recordar que para el europeo, y más precisamente, para los españoles conquistadores y religiosos, la danza era algo deshonesto, digno de castigarse como en efecto lo hicieron en la Inquisición; representaba el amor al cuerpo y su expresión, la libertad, y por consiguiente, debía castigarse. Recordemos que el cuerpo era considerado como enemigo del hombre. Había que amordazarlo, herirlo con silicios, latigarlo hasta sangrar, pues era el causante del pecado. Qué concepto tan diametralmente opuesto al de indígenas y negros, y qué batalla libraron y siguieron librando hasta nuestros días, pues al fin y al cabo eran las verdaderas luchas de conceptos, que no terminaron con la Independencia. Por esto mismo, cuando fueron prohibidos los bailes en Cartagena, según nos lo refiere el cartagenero Eduardo Lemaitre, los mismos españoles se dieron cuenta de una posible verdadera insurrección, y dieron contraorden desde España a fin de que quedaran en libertad... de bailar, siempre y cuando no fuera la víspera de un día religioso, pues se suponía que, en caso contrario, todos estarían dormidos y sin interés de asistir a la misa.

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